A guitarra limpia

 

Una ventura compartida

 

Por Joaquín Borges-Triana

 

"La convulsa vida que nos ha tocado en estos tiempos globales hace cada día más valioso todo esfuerzo que se alce ante lo efímero, lo que se traga el feroz mercado, lo que pretende condenar al olvido tanto rostro y gente genuinamente humano. Sí que es importante la memoria, no olvidar quiénes hemos sido, para saber quiénes somos. No basta con hacer memoria: hay que seguir construyéndonos las memorias. Para los que guitarra en ristre seguiremos empecinados en esos trotes y para los que están lanzándose al camino, ustedes han creado un espacio, les han dado casa y alimento espiritual a nuestras voces. Son ya parte de esa gran memoria. Gracias. Muchas.”

 

Las anteriores palabras son parte de un texto escrito por Noel Nicola en el año 2001 a propósito del tercer aniversario de “A guitarra limpia”, espacio que desde 1998 se lleva a cabo en el patio interior de una casona ubicada en Muralla 63 y que sirve por sede al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Aunque han transcurrido 24 meses de lo expresado por el trovador, su afirmación mantiene absoluta vigencia. Por estas semanas que corren, la institución dirigida por Víctor Casaus celebra los cinco años de dedicación a "la canción y la poesía, la solidaridad y el amor", según la definición que este poeta, narrador, ensayista y cineasta hace de la Nueva Trova. No creo que se exagere en lo más mínimo al afirmar que “A guitarra limpia” se ha convertido en el punto de encuentro de trovadores y trovadoras de todas las generaciones y tendencias, vinculados de una u otra manera a la estética de la nueva canción.

 

De sobra es sabido que la trova resulta un componente fundamental de la cultura cubana. Que una persona acompañada por su guitarra y una determinada poética le cante al amor, la patria y los problemas de la vida cotidiana del ciudadano de a pie, constituye una de las legítimas tradiciones en el devenir histórico de nuestra nación. Ello contrasta de forma significativa con los mecanismos de difusión y de promoción que en la actualidad imperan en nuestro contexto. El hecho de que hoy los sellos discográficos del país para su elemental subsistencia deban responder en buena medida a las leyes del mercado, en el que para nada el canto que haga pensar despierta interés, unido a que el público consumidor natural de este tipo de propuestas no tiene la capacidad económica para adquirir en moneda libremente convertible los fonogramas que se editan, incide de un modo fundamental en la situación creada. He ahí la razón primigenia de la contradicción entre la realidad de que la trova represente una de las raíces más importantes no sólo de nuestra música sino de toda la cultura cubana y que tal grado de preponderancia no se corresponda con el nivel de atención que la industria del ocio le concede.

 

Sencillamente son dos enfoques de la cultura que en la práctica se contraponen y que todavía no han logrado encontrar un equilibrio o modo de coexistencia entre ambas concepciones. Es por ello que una trovadora como Rita del Prado afirma:

 

“Para mí existen básicamente dos maneras de promover la cultura: una que es mucho más abarcadora pero que deja fuera determinadas sutilezas y eso es lo que pretende y hace el espacio A guitarra limpia. Por ejemplo, los medios como la televisión, como algunas instituciones, como las disqueras, quizás prefieran promover, digamos, a los artistas consagrados por los fenómenos explosivos, sin embargo, ese seguimiento a la obra de cada trovador de todos los días es lo que hace A guitarra limpia. Este espacio respeta la individualidad de cada cual, sin pautas de ninguna clase, y a la vez, coloca todas las condiciones y recursos que tiene para apoyarnos. Es muy importante también el vínculo de los trovadores con los artistas plásticos, con el trabajo de arte digital…, todo esto enriquece el espacio. Pienso que más que tener un lugar, un punto en La Habana donde se haga un concierto, existe como una suerte de hogar donde uno va, toca la puerta y tiene todo el apoyo del mundo aún cuando el concierto no sea en el propio Centro Pablo. Y eso es mucho más importante que tener el espacio, que además lo tenemos. Tener ese lugar donde uno sabe que se va a conmover y a convocar al público que nos busca. A guitarra limpia ha tenido toda la salud del mundo en estos cinco años y estoy segura que va a haber muchos más.”

 

Desde su fundación, el Centro Pablo ha tenido como premisa de su razón de ser el rescate de la memoria, algo que con tanta inquietante frecuencia se olvida. A tenor con semejante credo, “A guitarra limpia” constituye otra manera de dejar un testimonio del instante que nos ha tocado vivir, principio que es el que anima a los protagonistas de esta serie de conciertos y que desde su irrupción en la escena habanera ya suman algo más de cincuenta funciones. Por si tal loable labor fuese poco, hay que añadir que con las grabaciones de los recitales celebrados se producen casetes, los cuales son comercializados en pesos cubanos, con lo que los amantes del género pueden, si ése es su deseo, ir armando su propia fonoteca. Sara González, alguien que no requiere de presentaciones entre nosotros pues de sobra es conocida, puntualiza lo que en su opinión significa este espacio:

 

“A guitarra limpia es uno de los eventos que surge espontáneamente y que viene a salvar un espacio, una necesidad grande que había de lugares donde los trovadores cantaran sus canciones porque seguían, estaban, continuaban pero se perdían realmente. Llegó un momento, en los años 90, que sencillamente para encontrar a alguien con una guitarra trovando era bastante difícil. Era difícil, a no ser que fueras a casa de algún compositor o a casa de algunos amigos. Los trovadores tienen que tomar conciencia que A guitarra... es su espacio, su sitio, es el lugar que tienen para decir lo que sienten, para confrontar su trabajo con otros, con el de otros músicos; y ver reflejadas en ese trabajo distintas tendencias de la cultura, de las artes plásticas, del teatro, del cine, de la poesía y todo eso se funda a través de esa idea que es A guitarra limpia. Esa idea se mantiene por un grupo de trovadores, grupo que debe ir creciendo. Hace falta más gente… Otra cosa, mantener la calidad del espacio y exigir para que esa calidad no decaiga está en manos de nosotros. ¿Quién puede decir quién es bueno o es malo? Eso lo dice el mismo público, la misma gente que asiste a los conciertos. Mientras más difusión le demos a este espacio, estaremos haciendo un mejor trabajo. Creo que lo más importante es que continúe y que tenga más difusión, más trascendencia. Y está en manos de todos los que estamos participando, de una manera u otra en este espacio, que se logre. Ahora está en un buen momento y pueden lograrse muchas más cosas.”

 

En un coloquio a propósito de “A guitarra limpia”, que dio inicio al ciclo de actividades que con motivo del cumpleaños del espacio han de celebrarse hasta el mes de diciembre y en el que se hizo notar la no presencia de representantes de las distintas instituciones llamadas en el plano teórico a atender las inquietudes de los exponentes del canto juglaresco, en una muy emotiva intervención el trovador y promotor Samuel Águila enfatizaba en el hecho de que la manifiesta desatención que en el presente los sellos discográficos locales, los medios masivos de comunicación y las dependencias del Ministerio de Cultura le conceden a los creadores afiliados a este tipo de cancionística puede traer como consecuencia, si la situación no se resuelve a tiempo, que se repita con ellos la misma historia que en los noventa se dio con el grupo de cantautores conocidos en un primer momento por la peña de 13 y 8, hoy radicados en España. En tal sentido, el también trovador Ariel Díaz precisó que la posibilidad de contar con el Centro Pablo y el equipo de personas que allí labora, dirigidos por Víctor Casaus y con maría Santucho como coordinadora,  ha rebasado la más soñada de las realidades. Y con absoluta convicción añadió:

 

“Ha sido una pequeña empresa de ciencia  ficción que luego de lanzarnos en su escenario y a soportes de grabación de todo tipo lo ha hecho en la conquista de otros espacios, dentro y fuera del país, llegando incluso a emitir cartas de viaje para el extranjero y últimamente introduciéndonos en el universo virtual de las redes informáticas. Es un solo lugar asumiendo el rol de toda la ineficacia cotidiana. Entre otros sitios, yo he cantado en comunidades mayas, campamentos guerrilleros, club de punks en Alemania y por último en Suiza, lugares donde pese a la barrera que impone el idioma, el público aplaude, felicita y compra los discos que he llevado y que por supuesto son autoproducidos de forma independiente por mí. Aunque uno no lo quiera, se pone a pensar y a comparar lo que nos pasa en el extranjero (he salido fuera de Cuba en nueve ocasiones), donde nuestro trabajo funciona y es respetado, lo cual contrasta sobremanera con la apatía de las instituciones culturales cubanas, su escaso apoyo y desinterés por la canción trovadoresca.”

 

En una época en que no se priorizan los intercambios entre las disímiles manifestaciones culturales, que lo lleva a uno a evocar con añoranzas lo que en ese orden acontecía en el país durante el decenio de los ochenta, el Centro Pablo vuelve a erigirse como excepción en su contexto y hace que cada concierto se acompañe con obras de algún renombrado artista de la plástica cubana, ya sea escogido por los organizadores de la función o por el trovador protagonista de la misma, razón por la cual una pintora como Diana Balboa asegura:

 

“A guitarra limpia ha demostrado que pueden no ser idóneos los espacios, pero los que tienen que ser idóneos son los que crean y mantienen esos espacios. Tú puedes entrar a este patio y decir: qué calor, qué cerrado, esto no es lo mejor para el sonido; sin embargo he asistido a tantos conciertos de A guitarra limpia, y lo idóneo es lo que allí ocurre, esa compenetración entre la música, la literatura, la plástica… Es un fenómeno integral y hermoso y entonces se te olvida el calor y te entra el color... Subes a la galería de arte —un espacio tampoco idóneo— porque tienes que subir dos pisos de la Habana Vieja, puntal alto…, pero subes y cuando llegas y miras hay tanto amor que subes por amor y bajas con la desesperación de escuchar el concierto que suena abajo. Y todo eso es hermoso. A guitarra limpia ha salvado una situación de dicotomía que existía entre ciertas cosas y lo ha convertido en una sola cosa y eso es el arte; el arte con una función social también porque cuánto agradece el público que asiste a los conciertos, el barrio donde está enclavado el Centro Pablo, que son como palomas en un palomar y ese palomar extiende sus alas a toda la Habana Vieja, a toda la ciudad, a los trovadores, a nosotros, los artistas plásticos, que siempre esperamos con ilusión que Víctor y María nos pregunten: ¿quieres exponer otra vez, quieres estar de nuevo en el espacio? Y esa es la mayor ilusión y el mayor logro de A guitarra limpia.”

 

Las festividades por el quinto aniversario de este espacio, que ya puede ser considerado como uno de los de mayor importancia en el actual panorama cultural cubano, comprenden también varios conciertos, así como la presentación del nuevo sitio web A guitarra limpia, preparado por el Centro Pablo y el Portal Cubasí de ENET / ETECSA, y que en otro esfuerzo por preservar la memoria, incluye información, fotos, videos y sonido de todos los conciertos realizados desde sus comienzos en 1998. Sucede que a tono con los nuevos tiempos, se ha ido creando una especie de comunidad trovadoresca virtual porque el mundo digital es una realidad de nuestros días que no puede ser obviada. La utilización de la informática en pro de promocionar la trova ha sido uno de los objetivos del equipo encabezado por Víctor Casaus.

 

Un magnífico ejemplo de cómo saber dar una utilización apropiada al ciberespacio se encuentra en lo realizado por ese proyecto tan hermoso, unido por medio de internet, la hoy muy conocida trop@cósmica, que han pasado de ser seguidores de Silvio inicialmente, a hacer suyo después todo el universo  de la Nueva Trova y a interesarse por Cuba en una cada vez más amplia gama de asuntos. De ellos surge un colectivo de hermanos mexicanos, nucleados en trovacub.net, sin duda alguna el sitio de la red de redes que en el presente contiene mayor información acerca de este tipo de música y que por contrasentidos de la vida se lleva a cabo fuera de Cuba y pese a su tremenda importancia, hasta la fecha en que se redacta el presente texto no se han creado las condiciones para poder consultarlo a través de la intranet cubana. ¡Vaya paradoja! Estos amigos y amigas de México han realizado varias páginas web dedicadas a jóvenes cantautores de la Isla. Ahora, en otra muestra de colaboración y solidaridad, dicho grupo va a financiar la edición de dos CDs de los conciertos “A guitarra limpia”, para poder llevar algunos de estos recitales a dicho formato y no en casetes como se ha venido haciendo por razones económicas.

 

En fin, que “A guitarra limpia” ha devenido una ventura compartida por muchos trovadores y trovadictos. Quizás, uno de los mejores reconocimientos al quehacer llevado a cabo en dicho espacio se recoja en las siguientes palabras de Teresita Fernández, esa maestra de maestros y que con su canto ha contribuido a la educación de varias generaciones de cubanos. Con sus decires vaya también el aplauso y la admiración de quien escribe y de todos los que laboramos en El Caimán Barbudo a los hermanos y hermanas del Centro Pablo:

 

“Me siento muy bien cuando estoy cantando donde hay corazones, por eso canto para los niños, porque ellos no los han perdido todavía. En el Centro Pablo me sentí muy cómoda cuando hice mi concierto porque la gente fue muy amable, muy cariñosa conmigo desde Víctor —al que conozco desde los comienzos. Y pienso que el trovador, empezando por mi maestro y por las cosas que aprendí en mi casa, siempre ha sido como los antiguos juglares: pobre, nómada y libre.

 

Gracias a la Revolución hoy tenemos un sueldo, pero realmente el espíritu del trovador es el de los antiguos juglares, que dicen lo que sienten, porque si no explotan. Y se dice lo que se siente y se dice para la gente que escucha y eso es lo que es A guitarra limpia. Y yo me sentí muy orgullosa de que me hayan tenido en cuenta entre los jóvenes porque realmente estoy vieja por fuera, pero por dentro estoy muy joven, soy casi una niña. Me sentí muy bien en el concierto, inclusive, en el medio ambiente, entre las hojas de yagrumas, los niños, la gente de todas las edades.

 

No quiero que esto sea una crítica para otros modos de cantar, porque son otros modos, otros estilos... pero es todo eso del proyecto, del disco, y en eso he tenido mucha culpa, pues he sido un poco vaga y me he rezagado en ese aspecto, primero porque soy maestra, y al estilo de los maestros ambulantes... me gusta coger la guitarra y decir un montón de cosas que quizás en la escuela no hubiera tenido tiempo ni oportunidad de expresar, por eso me considero una maestra que canta, pero en A guitarra limpia, encontré un modo cómodo, un estilo muy mío, y un público atento, amoroso, receptivo, crítico. Estoy muy agradecida del amor y el calor que recibí y pienso que los jóvenes también se sienten bien allí. Y ese espacio va a seguir porque siempre habrá cosas que decir, cada vez hay más cosas que decir y me gusta mucho porque A guitarra… y los trovadores de ese espacio se empatan con los pájaros campanas de Centroamérica, con todos los que en el mundo entero no tienen un sueldo como nosotros y se suben en las guaguas a cantar cosas bellísimas que están en las plazas, como estaban los viejos trovadores.

 

Así que mi mayor respeto para los viejos trovadores y mi mayor amor para todos los que vayan surgiendo, que cada vez serán más… Gracias al Centro Pablo, gracias a Víctor, a Marihue, a María, a todos los que han tenido que ver con este espacio, y muy buena suerte. Ah, el espacio es pequeño, es muy hermoso, pero es pequeño porque cada vez vendrán más, no solamente los trovadores, sino otros espectáculos y hará falta ampliarlo. No es lo mismo Teresita Fernández cantando ‘El gatico Vinagrito’, que cantando una canción de amor, que cantando ‘El Ismaelillo’, de José Martí.”