LOS QUE SOÑAMOS POR LA OREJA

BOLETÍN DE MÚSICA CUBANA ALTERNATIVA

 

Edición no. 26, enero de 2007

 

La presente publicación electrónica se apoya en una antigua y aún vigente tradición periodística: el derecho de cita. Los que soñamos por la oreja apela a colaboraciones originales para este boletín y a todo material informativo encontrado en los medios de comunicación, a propósito de promover y analizar lo concerniente a la escena de la Música Cubana Alternativa. Los textos aquí incluidos expresan las opiniones de sus autores, de las cuales no somos responsables.

 

CONTENIDO

 

PRESENTACIÓN

¡Saque usted sus propias conclusiones!

Por Joaquín Borges-Triana

 

CONCIERTO CUBANO

Música de Cuba y del Mundo: Nadie se va del todo

Por Joaquín Borges-Triana

 

CONVERSANDO CON

Papito Serguera: “Los Beatles no estuvieron prohibidos en Cuba”

Por Ernesto Juan Castellanos

Julio Fowler: “Soy el mismo de siempre y a la vez distinto”

Por Fernando (Archi) Rodríguez

William Vivanco: la trova jamás morirá

Por Susadny González Rodríguez

Gira por toda Cuba de Maracas y su grupo Otra Visión

Por José Luis Estrada Betancourt

Odisea. Entre cielo, sueños y abismo

Por Jorge Luis Hoyos

 

DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Informaciones y comentarios acerca de…

Aniversarios musicales en el 2007, premio a Pablo Milanés, concierto de la familia López-Gavilán Junco, presentación de los hermanos Jorge Rivero Álvarez y Franco Rivero Bueno, confesiones de Abel Acosta, Taíma Orozco,, Gerardo Alfonso, Vionaika Martínez, María Elena Mendiola y Leonardo Acosta, nuevos discos de sello Colibrí, repercusiones de festival Longina, del concierto de Carlos Varela en el kart Marx y de la puesta de la Misa Cubana en Santiago, otro libro de Miriam Escudero sobre Esteban Salas, actuaciones del Cuarteto Alma en México, y mucho más.

 

EL OIDOR CRÍTICO

Longina, Festival Nacional de la Trova Joven

Por Bladimir Zamora Céspedes

Roberto Carcassés en Miami. Increíble: Exilio y criollos se juntan

Por Joe Noda

Una nueva entrega del maestro Walter Reiter

Por Leonardo Gell Fernández-Cueto

Concierto de Kelvis Ochoa. La Habana a todo color

Por Michel Hernández

 

DE PUÑO Y LETRA

Días corriendo

Pobre gente

Emigro

Bailando en la telaraña

Por Leonardo García

 

LA COMPACTOTECA

Reseña de los discos:

El gran tesoro de la música en Cuba (Varios intérpretes), Maketa de platino (Raúl Torres), Vania (Vania), Buscando mi lugar (Julio Fowler), La isla milagrosa (William Vivanco).

 

UNA IMAGEN POSIBLE

Una descarga por (y para) Leonardo Acosta

Por Michael H. Miranda

Marta Valdés: ¡Absoluta!

Por Raúl Fuillerat Alfonso

 

WHERE ARE YOU FROM ASERE?

In this issue

By Joaquín Borges-Triana

Havana Blues Jam 2006. Cuba holds its first blues festival

By Ernesto Juan Castellanos

Carlos Varela: The return of the woodcutter

By Michel Hernández

Longina ceduces

By José Luis Estrada Betancourt

Colibrí Record Label with 25 Discs for Cubadisco 2007

(Without author)

Ars Longa: A Completx Musical Architecture

(Without author)

Buscando mi lugar (Factoría Autor)

By George Beaumont

Ancient music within aged stones

By Gladys González, Malena Cordoví, Aydelin Vázquez and Yoel Lugones Vázquez

Wide open gate to guitar orchestras

By Pastor Batista Valdés

A Moisés who swings with music

(Without author)

Salsa star Delgado defects to the U.S.

By Agustin Gurza


 

PRESENTACIÓN

 

¡Saque usted sus propias conclusiones!

 

Con la velocidad de quienes andamos inmersos en montones de asuntos, rápido se nos ha ido el primer mes de este 2007. Para el mundillo intelectual cubano, los pasados días de enero han sido muy pero que muy cargaditos y la intensa actividad que ha generado el ciberespacio, con correos que van de aquí para allá y viceversa, ha dado lugar a lo que el humor popular –del que siempre hacemos gala por más fastidiados que estemos— ha bautizado como la “Revolución de los Emilios”.

 

Está claro para aquellos que han seguido la trayectoria de nuestro sencillo “bole” desde diciembre de 2004, que éste no es el sitio para involucrarse en polémicas y debates de ningún tipo. Empero, como que todo el mundo (o casi todo el mundo, que no es lo mismo pero es igual) con acceso a E-mail entre nuestros compatriotas artistas y escritores, dentro y fuera de Cuba, se han visto voluntaria o involuntariamente involucrados en el intercambio de criterios suscitado (de repente y aunque uno no lo haya pedido, un amigo nos manda un mensaje con el pronunciamiento de tal o más cual figura y nos recomienda que no dejemos de leerlo), uno se siente impulsado a decir algo, aunque resulte en extremo sencillo si se compara con la hondura conceptual registrada en algunos de los correos electrónicos producidos al calor de la también llamada "guerrita de los E-mails".

 

Así, lo primero que viene a la mente es un verso de Antonio Machado, asociado de inmediato a un fragmento de una canción de Carlos Varela. El poeta español alguna vez escribió algo que debería guiar cualquier diferendo de opiniones: Tu verdad, no; ¡la verdad!, y vamos juntos a buscarla. Del verso machadiano se desprende que la confrontación de ideas es el único sendero que nos conduce a encontrar un pedacito de verdad. Y en ese punto de la reflexión es donde aparece la evocación al tema “25 mil mentiras sobre la verdad”, de Carlos Varela, donde con total razón se expresa: La verdad de la verdad / es que nunca es una / ni la mía / ni la de él / ni la tuya.

 

De lo antes expuesto, como diría un comentarista en un muy popular programa dominical de la televisión cubana, “¡Saque usted sus propias conclusiones!”.

 

Joaquín Borges-Triana

 


 

CONCIERTO CUBANO

 

Músicos de Cuba y del mundo: Nadie se va del todo

 

Por Joaquín Borges-Triana

 

El tema del arte cubano llevado a cabo en el extranjero se viene considerando desde hace décadas, con atención particular al asunto de la producción literaria. En 1993, La Gaceta de Cuba inició un proyecto que, coordinado por Ambrosio Fornet, se conoció como los dossiers sobre la literatura de la diáspora. En un período de cinco años, la mencionada publicación nos entregó otros tantos dossiers dedicados a dar a conocer entre nosotros el quehacer de un grupo de autores cubanos, exponentes de distintos géneros, así como a divulgar parte de los argumentos que ellos aportan al debate en torno a sus vínculos con Cuba y su propia condición de exiliados o transterrados. [1]

 

Incluso, hace años que las editoriales del país han venido publicando la obra de escritores cubanos radicados en el extranjero y hasta se ha querido editar textos de figuras abiertamente declaradas en contra de la Revolución, como son los casos de Guillermo Cabrera Infante o Reinaldo Arenas, y si no se ha hecho, ha sido por la negativa de los propios autores o de sus albaceas literarios. Todo lo anterior contrasta con lo sucedido en la esfera de la música, que ha estado mucho más marcada por los embates políticos, tanto de uno como de otro lado, y que han llevado a que en Cuba esté prohibida una personalidad como la de Celia Cruz y que en Miami se impida la presentación de una artista como Rosita Fornés. Es probable que nunca se llegue a saber con certeza quién fue el que tiró la primera piedra, si los que afirmaron que el son se había ido de Cuba, o los que se negaron a admitir que quienes se marchaban del país continuaban siendo cubanos. Lo cierto es que ese alimentarse de negaciones recíprocas, al margen de las contradicciones políticas, le ha hecho mucho daño a nuestra cultura y en particular a la música, que por la condición de ser también una industria sufre presiones que no se dan en la literatura o las artes plásticas.

 

En semejante contexto, un fenómeno que por la repercusión y complejidad de sus distintas aristas ya va demandando de los investigadores un serio estudio es el de la diáspora desde inicios de los noventa de un muy nutrido grupo de músicos cubanos de las más diversas vertientes, investigación que de realizarse daría respuesta a una profunda necesidad tanto de información como de coherencia intelectual. Tales creadores se enfrentan al reto de hacer algo nuevo y no sólo recrear lo que una vez hicieron en Cuba. Un ensayista como Emilio Ichikawa (S.F.), prominente figura de la generación finisecular de nuestro país, en un texto suyo sobre el teatrista habanero Víctor Varela, admite que mantener, fuera del locus domiciliar, más allá del jardín fecundo, un nivel de inconformidad creativa que conduzca, una y otra vez, a la obra de arte, requiere una energía descomunal.

 

Me encuentro entre quienes consideran la fecha de 1991 como el momento que marca el éxodo que disipó la tensión entre el Estado y la intelligentsia contestataria de los años ochenta. [2] El hecho de que varios de los principales exponentes de la generación finisecular de creadores cubanos se hayan marchado del país y pasado a radicar en distintos puntos de la geografía internacional, tiene explicaciones no sólo de índole política e ideológica, sino también económica, artística y social. Ese es un fenómeno acerca del cual no se puede generalizar, absolutizar ni pensar que todos los que salieron de la isla lo hicieron por las mismas razones. En el aspecto político propiamente, fue el precio que algunos tuvieron que pagar, aun aquellos que nunca se caracterizaron por hablar en términos políticos ya que el asunto no les interesaba ni en su obra ni en su proyección social. Además, hay que tomar en cuenta lo relacionado con la contracción económica que impulsa a buscar alternativas para proseguir la creación personal y a veces, éstas aparecen en otros sitios allende los mares.

 

En la etapa en la cual un nutrido grupo de artistas provenientes de la generación de los ochenta van a residir en el extranjero, en varios casos es el período en que menos tocan en su obra aspectos que estén vinculados con la realidad política y social de Cuba. Aparecen los intereses o las tiranías del mercado y su poder tremendo, incalculable o ineludible a la hora de ordenar la producción artística, de inmediato los pone a crear en función del comercio. Había que vivir y así, abandonan los temas que vistos desde la perspectiva del lugar donde se establecen parecían localistas y ajenos a lo que (les) estaba sucediendo en dicho contexto. Rompen ahí con el discurso y las propuestas que habían hecho dentro de Cuba, lo cual demuestra que en todos ellos, esto no era un fenómeno orgánico a propósito de un proceso de concientización y en correspondencia con una voluntad coherente.

 

Ése es un hecho que ha de analizarse en su justa medida porque posee indiscutibles repercusiones. Dicha sangría para la cultura nacional registró un efecto de conmoción y ha incidido en distintas manifestaciones de nuestra música, como es el caso de la Canción Cubana Contemporánea, pues fue necesario restablecer los canales de promoción, las escalas de valores y hubo que dejar correr el tiempo para que otros artistas alcanzaran los niveles de reconocimiento que gozaban los que se fueron. La salida de un grupo de creadores, primero hacia México y después con otros rumbos, como España y Estados Unidos, ha de verse como un proceso natural en dicho momento y a tenor de las circunstancias que estaban pasando, la complejidad misma del fenómeno económico y social, los encontronazos que se habían dado en el plano político y artístico o sencillamente, el deseo también loable que tenían de buscar y experimentar con otros circuitos y zonas a los cuales llegar.

 

Es algo que también posee antecedentes en la historia de la música cubana y en general, en el devenir del arte en el país. Cabría recordar el traslado de numerosos músicos de nuestra tierra hacia México y Estados Unidos, durante los años cuarenta y cincuenta. Aunque con un enfoque un tanto desmedido e ideologizado, que –según mi apreciación— lo priva del equilibrio con el cual debe analizarse el asunto de la emigración de artistas y escritores entre nosotros, comenta Rolando Sánchez Mejías (2004: 4) a propósito del mapa imaginario de la literatura cubana en el suplemento Babelia del periódico español El País:

 

“No es lo mismo haberse marchado en la primera década que en la última. Hay quien maduró su estilo en el exilio, como Severo Sarduy y Reinaldo Arenas. Hay quien se fue con un estilo ya hecho y lo renovó, como Gastón Baquero. En Cuba el exilio ha sido sinónimo de renovación. Cuba hizo su literatura desde el exilio fundamentalmente: Martí, Heredia, Villaverde, Carpentier, (casi nunca vivió en Cuba), Piñera pasó 14 años en Argentina, Calver Casey y Novas Calvo no son cubanos en realidad.”

 

Una exégesis de lo acaecido en la cultura nacional durante las postrimerías del siglo XX y en especial entre la emergente generación de artistas e intelectuales de la isla tiene que tener en cuenta la incidencia en el país –para bien y/o para mal– de los procesos migratorios que se han producido en la etapa. Gracias a la dialéctica marxista con la que nos formaron en nuestra época de estudiantes, para gentes como yo es perfectamente comprensible la pertenencia a nuestra cultura en términos de entrada y salida y jamás se me ocurriría impugnar o excluir a nadie por el mero y simple hecho de pasar a vivir en otro lugar del mundo, ni pensar que por asumir semejante proceder, quienes lo hagan se transforman en extranjeros física o espiritualmente. Por ello, estudiar –en la medida de lo posible— la obra de los músicos cubanos transterrados, entretanto el Estado soluciona el problema de la debida promoción del quehacer de dichos creadores, es la forma que los cientistas sociales, y en particular los vinculados con el arte, poseen para aportar al conocimiento del desarrollo artístico cultural de la nación, hoy producido no sólo dentro de las fronteras locales de Cuba sino también allende los mares.

 

Hijos de la diáspora.-

 

La emigración, temporal o definitiva, como experiencia pedagógica, como aditamento instructivo, tiene un papel de mucha importancia en la producción sonora de un gran número de jóvenes jazzistas, rockeros, raperos, cantautores, ejecutantes de música clásica… que han pasado a radicarse a partir de la década anterior en diferentes sitios del mundo. La estancia en el extranjero y el contacto con mentalidades y culturas extrañas provocan en estos compositores e intérpretes un profundo sentimiento de nostalgia y de reafirmación de sus tradiciones autóctonas, que con posterioridad encuentran reflejo en su producción artística. He ahí la razón de por qué, por ejemplo, abundan canciones dedicadas a La Habana y se da una búsqueda en nuestras raíces por gente que antaño a su salida de Cuba sólo se proyectaba en expresiones del rock como el heavy metal o el grunge, y que ahora van a la fusión entre lo foráneo y lo puramente nacional.

 

La historia del arte cubano comprueba que la emigración hace que la mayoría de las personas se encierren en sus propias raíces. En muchos casos, la distancia idealiza a la Madre Patria. De ese idealismo nace la añoranza de los paisajes y de las gentes, de los cantos y de las danzas populares que componen el sustrato genuino de la cultura propia. Estos jóvenes músicos de nuestro país, en el presente afincados en sitios tan disímiles como España, México, Alemania, Estados Unidos, Italia, República Dominicana, Francia, Argentina, Finlandia, Japón, Suecia, Chile…, tomarán buena cuenta de los ritmos y de los giros melódicos de su amada tierra, transformándolos, adaptándolos e incluso, deconstruyéndolos hasta convertirlos en algo nuevo y distinto de lo precedente, tan brillante como sincero, y en cualquier caso, efectivo musicalmente.

 

Es por eso que en múltiples trabajos de representantes –residentes en el extranjero– de una manifestación como la Canción Cubana Contemporánea se percibe el intercambio entre elementos del discurso foráneo y otros procedentes de nuestra música tradicional, con frecuentes y muy atinadas incursiones por la guaracha, el bolero, el son, el feeling, el cha cha cha..., e influencias que van desde Matamoros a Juan Formell y Los Van Van, agrupación esta última que, a no dudar, ha legado la huella de mayor incidencia en la nueva sonoridad nacional emergente. Por tanto, si antes de marchar del país lo cubano como identidad se encontraba implícito en el lenguaje musical y se enfatizaban todas las influencias foráneas asimiladas, al estar fuera se incorporan nuevos paradigmas sonoros (world music, hip hop, house, techno) y en la mayoría de los casos, se acentúa lo cubano, lo cual hace que el discurso se criollice como rasgo distintivo y que, por otra parte, se favorezca la probabilidad de hallar un nicho específico en el mercado. En opinión de algunos investigadores del fenómeno, en lo anterior hay que buscar la explicación de la manifiesta predilección o el marcado interés por clasificar estilos interpretativos como Rockason, Son con Groove, Pop con Raíces, Soneo Urbano, etc.

 

Se puede concluir, entonces, que en la actualidad es imposible afirmar que lo que cierta zona de la crítica y de la promoción denomina Música Cubana Alternativa [3], se haga sólo dentro de los límites de nuestras fronteras geográficas. Muchas figuras claves para la historia de este movimiento han optado por radicarse en otros sitios del mundo. Tales creadores tienen una obra que por sus valores se inserta en lo más avanzado de nuestra producción cultural. Hoy, difundir la cultura cubana representa un concepto que significa muchas cosas y hay que partir del hecho de que es una sola, es decir, puede ser que se haga dentro del país o fuera del mismo. El lugar donde se radique es importante a los efectos del artista porque cuando éste está en su medio, en su tierra, tiene un vínculo más estrecho con su contexto natural que si se encuentra en un lugar de disímiles raíces al suyo. Martí, por ejemplo, fue un autor que vivió poco tiempo en Cuba y sin embargo, siempre estuvo muy ligado a nuestros problemas. La experiencia del Héroe de Dos Ríos o la del propio Heredia, otro grande de nuestras letras, demuestra que lo fundamental no es el escenario geográfico donde se mueva el creador sino la óptica con que aborde su nacionalidad.

 

La necesidad del estudio de lo llevado a cabo por los músicos cubanos que en el presente conforman parte de la diáspora [4] se puso de manifiesto con el hecho de que, en coincidencia con la conclusión del siglo XX, en materia de música –para muchos de manera sorprendente– en el segundo semestre del 2000 en lo concerniente a las propuestas sonoras facturadas por artistas cubanos, la mayor popularidad entre los ciudadanos de a pie en toda la isla la registró el grupo Orishas (residentes en Europa), con su disco A lo cubano (EMI Spain). [5] La repercusión de esta producción no sólo abarcó a los melómanos de dentro de nuestras fronteras sino resultó un fenómeno a escala internacional pues de dicho fonograma se vendieron 400 mil copias en 23 países. [6]

 

Asimismo, quien siga con atención el devenir de la música cubana en los últimos años, estará de acuerdo conmigo en que la invasión del pop es una realidad que se ha ido abriendo camino poquito a poco y que en ello, mucho a tenido que ver la huella, tanto en el público como entre los músicos de la isla, de los álbumes Mi poquita fe y Ni de aquí ni de allá, de David torrens, y de los discos acreditados a Amaury Gutiérrez, a saber: Amaury Gutiérrez, Piedras y flores y Se me pegó tu nombre, en ambos casos, un par de cantautores surgidos en lo que fuera la Nueva Trova y que pese a haber trabajado en nuestro país por años, la popularidad entre nosotros la han alcanzado a partir de afincarse en otras latitudes. [7] Lo mismo cabría expresarse de lo ocurrido con una figura como Pancho Céspedes (residente en México), todo un suceso en Cuba y en el mercado hispano de la canción al publicar su primer álbum; [8] o de Habana Abierta, la singular agrupación radicada en Madrid e integrada por amigos con similares experiencias, credos estéticos, influencias e intenciones artísticas, taller creativo que se ha destacado en la música popular cubana de los noventa hacia acá, en tanto su capacidad de hibridar lo nacional con adiciones y mezclas foráneas.

 

¿Pero cuál es la incidencia de estos músicos dentro del país? ¿En qué medida la diáspora les ha hecho perder o ganar mercado y público? Son preguntas que conllevan respuestas verdaderamente complejas y acerca de las cuales, no creo que todavía se pueda expresar una última palabra. Sí me gustaría reproducir aquí la opinión de alguien que vive en carne propia la condición de ser un músico emigrante, que ahora tiene que desarrollarse en una realidad distinta a aquella en la cual nació y se formó como artista. Éste es el criterio del cantautor Julio Fowler (2004):

 

“En Cuba la producción de discos no garantiza ventas; más bien representa posibilidades de acceso a espacios promocionales y performativos tanto dentro como fuera de la isla y un mejor acceso al público por lo que, se puede afirmar que, la diáspora no nos hace perder un mercado, en todo caso frustra la posibilidad de conquistar un interlocutor orgánico, una audiencia, un público con el que comunicarse y para el que habían sido concebidas y producidas las canciones; aunque el reciente éxito de Habana Abierta en la isla nos sitúa frente a una paradoja que nos hace cuestionar hasta qué punto con la diáspora se pierde aquel público y no todo lo contrario.”

 

Lo que sí resulta indiscutible es que la diáspora aleja a estos músicos de las condiciones en las que ellos surgieron como creadores y de las situaciones que modelaron vivencias y un discurso poético-musical común y diverso, y además los pone en contacto con circunstancias hasta entonces desconocidas para ellos. Así, tienen que someterse al imperio de las reglas de una sociedad regida por la ley de la oferta y la demanda, “para asimilar nuevas formas o modelos de encarar la cultura donde la mass media, el marketing, la moda… sopesan y definen la aparición de una nueva axiología de la obra”, como expresa Ernesto Fundora (2003) en la nota de presentación de Dale mambo, primer disco publicado por Julio Fowler. Porque lo cierto es que ya sea en México, España, Estados Unidos, Francia, Finlandia, Japón…, diríase que ningún músico de estos que hacen su carrera fuera de la isla, estará ajeno al mercado y a la variabilidad de sus dictados que, como bien se sabe, poco o nada tienen que ver con las pretensiones artísticas. Como admite el propio Fowler, algunos lo mirarán de reojo, unos le harán guiños, mientras que otros asumirán directamente su oscuro y extraño movimiento con miras a que la producción musical hecha por ellos, resulte rentable.

 

Las anteriores realidades obligan a roqueros, raperos, cantautores, jazzistas…, a diseñar nuevas estrategias en su proyección y por dicho camino, asimilan otras músicas y líricas, con miras a encontrar la fórmula que les permita establecer comunicación con un público, que en lo fundamental tiene vivencias diferentes a las suyas. Por el contrario de lo que opinan algunos estudiosos del conjunto de expresiones aupadas bajo el rótulo de Música Cubana Alternativa y que establecen diferencias entre los exponentes de la corriente que habitan dentro o fuera de Cuba, un análisis de las realidades a las que unos y otros tienen que enfrentarse en lo referido a las actuales tendencias en la comercialización de la música, lleva a determinar que desde contextos diferentes, en lo esencial se enfrentan a problemáticas comunes. Téngase en cuenta que la propuesta de ambos grupos difiere de lo esperado en buena parte del mercado internacional (en especial el europeo), donde mayoritariamente se posee como imagen de cubanía el sabor del son tradicional, la mulata, el tabaco, el ron, el panteón yorubá y demás estereotipos identitarios.

 

En una esfera como la de la Canción Cubana Contemporánea, Dennys Matos (2003/2004: 67-73) define una línea divisoria de carácter generacional entre los dos grupos que hoy accionan desde Cuba o el extranjero. Por su parte, Julio Fowler (2004: 255-263) considera que de existir una diferencia, la misma es esencialmente circunstancial, vivencial. En mi caso, me parece que tanto unos como otros han tenido que readecuar su discurso, a fin de tratar de lograr contratos discográficos y editoriales en un contexto bastante adverso para propuestas de corte propositivo y en una etapa en la que internacionalmente “lo cubano” en materia de música ha pasado por el filtro estereotipado de fonogramas como Mi tierra, de Gloria Estefan, y el Buenavista Social Club.

 

En un texto como éste, no se puede obviar el hecho de que las producciones discográficas de los creadores que a partir de los noventa se han integrado a la diáspora de la nación, con raras excepciones como la de David Torrens, no han circulado en la isla. A partir de algunas copias que han llegado a Cuba y merced los quemadores de discos es que se han reproducido las grabaciones entre los interesados. Por su parte, la radio apenas si ha difundido tales materiales, salvo en dos o tres programas. Así pues estamos ante una propuesta cuyo consumo, en lo fundamental, resulta minoritario. Es por ello que Humberto Manduley (S.F.: 23-24) escribe:

 

“¿Nos pone esto de nuevo ante el clásico dilema de que “nadie es profeta en su tierra”? ¿Qué sucede con esos creadores cuyos nexos con Cuba, por múltiples y no siempre políticas razones son eventuales?... Y es que en el mismo saco de Habana Abierta podríamos agregar nombres tan diversos como los de David Torrens, Orishas, Michel Peraza, Nilo Castillo, los ex-Superávit, Pedro Pablo Pedroso, Amaury Gutiérrez y muchos más; gente que labora en distintos estilos, del rap a la electroacústica, pero que al hacerlo en otras latitudes y no estar creados los mecanismos necesarios, provoca que sus trabajos se pierdan, tarden demasiado en llegarnos o no consigan trascender como su reconocida calidad lo amerita.”

 

Junto al grupo de los mencionados en la anterior cita, hay otros nombres que, afincados en diversos países, también conforman la nómina de artistas vinculados a la escena de la Música Cubana Alternativa. [9] Debe señalarse que salvo contadas excepciones, estos creadores no han alcanzado el gran éxito comercial, fenómeno que se hace extensivo a sus colegas de dentro del país. Incluso, algunas operaciones llevadas a cabo por una que otra transnacional de la industria discográfica para ubicar a compatriotas nuestros de esta escena (residentes fuera de Cuba) en el mercado internacional, no han producido los resultados económicos anhelados. Aunque en ello a veces ha incidido el ineficiente trabajo de tales compañías a la hora de promocionar un producto nuevo y desconocido, así como la indisciplina de algunos músicos (que no han crecido como individuos y asumen una actitud inmadura, reflejo del paternalismo al que la sociedad cubana ha malacostumbrado a sus hijos) a la hora de cumplir con las campañas promocionales diseñadas, para mí la causa fundamental de dicha situación está dada porque el público llamado a consumir propuestas de este corte es el nuestro, no sólo por la identificación con los ritmos musicales ejecutados por los intérpretes afiliados a la corriente, sino porque en el caso específico de las melodías con letras, en sus textos hay guiños y mensajes que únicamente podemos decodificar los cubanos.

 

La real comercialización de producciones como las hechas en los predios de la Canción Cubana Contemporánea, el rock, el pop, el hip hop…, sigue pendiente. Hoy, el melómano promedio en Cuba no puede comprar discos, al ser vendidos –por lo general– en moneda convertible. Dicho inconveniente empezará a solucionarse cuando pueda hablarse de la aparición de un verdadero mercado nacional para la cultura, con el suficiente grado de solidez como para que en él, productos como el disco, el libro, el cine o los procedentes de las artes plásticas, alcancen su realización económica con el dinero del destinatario natural para el cual están concebidos como creación artística. Para entonces, el nuestro será un mercado en extremo interesante para los exponentes de la Música Cubana Alternativa, atractivo por igual tanto para los artistas que vivan en el país como para los que moren en el extranjero. Mientras tanto, tampoco en materia de discos –y pese a determinadas peculiaridades que lo diferencian de otras manifestaciones del arte– ha de hablarse de un mercado nacional con todas las de la ley, sino de uno en el que los cubanos participamos en calidad de exportadores del producto fonográfico hacia el mercado internacional o el de fronteras, y no en términos de consumidores, pues intervenimos en la oferta y no en la demanda.

 

El Sonido de Miami.-

 

Asociado al fenómeno de la diáspora, un tema en torno al cual poco se ha hablado en el espacio académico o en los medios de comunicación de la isla y que, sin embargo, merece de por sí solo un estudio por las disímiles implicaciones que va registrando, es el de lo que se conoce como el Sonido de Miami [10] y que, curiosamente, pese a haber transitado por senderos diferentes a los recorridos por la Música Cubana Alternativa, tiene una resultante sonora que le aproxima a ésta en virtud de poseer un origen común y de apelar en ambos casos al procedimiento de la fusión entre toda clase de géneros y estilos, como expresión del pensamiento sociocultural de una época. Los antecedentes del Sonido de Miami se remontan a la década de los setenta. Por entonces, en la creación musical realizada por los cubanos radicados en La Florida, en opinión del ensayista y novelista Gustavo Pérez Firmat (2000: 120):

 

“El español era la lengua predominante, aunque el inglés empezaba a figurar con cierta regularidad. Igual se podía oír una canción sobre un hombre que visitaba a un santero para que le ayudara a encontrar su Rolex, que una versión en ritmo de guaguancó de "can't get enough of your love", de Barry White. Al principio tales hibridismos resultaban desconcertantes pero con el tiempo llegarían a ser un modo de vida.”

 

Entre las primeras agrupaciones que apuntan al cambio figuran bandas que se movían en lo que vendría a ser una suerte de escena underground cubana de Miami. Dos grupos son considerados por los estudiosos del tema como los pioneros de la movida, los Coke y los Antiques, que tocaban en fiestas privadas. Su repertorio se armaba a partir de interpretar versiones de piezas clásicas dentro del formato de una banda de rock de la época, algo que –por cierto– los asemejaba a lo que por esos años estaba ocurriendo dentro de Cuba. Los Coke y los Antiques también ejecutaban composiciones que clasificaban en los parámetros del rock latino, de autores como Carlos Santana. Es fácil imaginar que con frecuencia las enrevesadas letras se tergiversaran; quienes hemos vivido la etapa mimética de acercamiento al rock sabemos que tales confusiones en los textos de canciones de moda poco o nada importan a la fanaticada y que, por el contrario, añaden encanto y singularidad a la interpretación.

 

Importante en el decursar del Sonido de Miami es la irrupción en el mundo de la música de Willy Chirino, quien comienza a grabar en 1974. Casi a la par con él sale a la palestra pública Carlos Oliva. Dos años después, Hansel y Raúl editan su primer disco y asimismo, lo hace el grupo Miami Sound Machine, que en 1977 logran tener su éxito inicial con "Renacer". En 1979 aparece la banda Clouds (Nubes) con el título "¡Llegamos!" Todos ellos proponen un cambio musical. Estos grupos tuvieron que enfrentar el problema de la difusión. Si bien su música era popular en bodas, quinces y discotecas, casi no se transmitía por la radio. La Súper Q, una estación que durante mucho tiempo pudo escucharse en Cuba a través de la señal de FM, fue la primera emisora en promoverlos. Un listado de los principales exponentes del Sonido de Miami debería incluir a Willy Chirino, Clouds, el Conjunto Impacto, Hansel y Raúl, Carlos Oliva y Los Sobrinos del Juez (también conocidos por su nombre inglés, The Judge's Nephews), Gloria Estefan y The Miami Sound Machine, Alma, la Orquesta Inmensidad, Elio Rodríguez, Chiko and The Man, y Miguel, Oscar y La Fantasía. Casi todos se organizaron a fines de los setenta y algunos todavía siguen actuando y grabando.

 

Entre los artistas que han conseguido una mayor resonancia en este movimiento figuran Hansel Martínez y Raúl Alfonso, quienes comienzan su carrera musical en Nueva York como las voces líderes del conjunto Charanga 76 y cuyo primer éxito fue "Soy", original de Willy Chirino. Al ir a Miami pasan a llamarse Hansel y Raúl y La Charanga, y luego Hansel y Raúl. Entre 1976 y 1989 graban una docena de discos. Representan la variante tradicional del Sonido de Miami y de cierta forma siguen la línea trazada por el sonero Roberto Torres y Los Jóvenes del Hierro; su música está fuertemente enraizada en los viejos patrones cubanos y recuerda las orquestas de los cincuenta, como la Aragón y Fajardo y Sus Estrellas. En el plano letrístico, sus textos evocan los tópicos del folklore de la isla: tarrudos, mujeres fondilludas, niños ilegítimos, homosexuales, esnobs de la alta sociedad. Son artistas que se decantaron por continuar aferrados a la tradición, para de ese modo armar un discurso que, si bien responde a antiguos modelos de hacer y a los que se le podría imputar estar desfasados en el tiempo, cuando se lleva a cabo correctamente (como es en el caso que nos ocupa) continúa siendo válido. Según Pérez Firmat (2000: 126-127):

 

“Hansel y Raúl no siempre le rinden culto a la nostalgia. Aunque no se aparten demasiado de las fórmulas cubanas, sus letras más interesantes reflejan las nuevas circunstancias de la vida en Estados Unidos. Al abordar estos temas, Hansel y Raúl expresan los valores y las preocupaciones de ese segmento del exilio más reacio a la asimilación. Si bien tratan asuntos de actualidad como la lotería de Florida, los amores interculturales, el divorcio, las factorías, la liberación de la mujer, siempre lo hacen desde un punto de vista "ciento por ciento cubano”.”

 

Son canciones que demuestran que las viejas normas y expectativas han perdido vigencia. Así, los hombres no mantienen a sus familias; las mujeres engañan a sus esposos; los hijos mascullan un lenguaje ininteligible; por ejemplo, el tema "María Teresa y Danilo" (grabado en 1985), que incluso gozara de cierta popularidad dentro de Cuba sin que la mayoría de quienes bailaban al ritmo de la pieza supiera que se trataba de artistas nativos del país, resulta una burla de la alta sociedad norteamericana, inspirada en la serie televisiva Dallas.

 

Una propuesta mucho más diversa es la de Willy Chirino [11], quien llega a Estados Unidos siendo un adolescente. La primera banda en la que se involucra fue un grupo de rock nombrado Willy Chirino and the Windjammer, con el que actuaba en diferentes recintos de la ciudad de Miami. En lo fundamental, la música realizada por este artista tiene una promoción de alcance local y está muy ligada a las vivencias y actitudes de cierto sector de los cubanos exiliados. De ahí que su obra posea un marcado acento político en contra de la Revolución. Compositor y multiinstrumentista, en 1974 debuta en el mercado discográfico con el título One man alone (Un hombre solo), un fonograma en el que ejecuta todos los instrumentos. De entonces a acá ha publicado más de una docena de álbumes. Ha experimentado con diversos géneros y formatos orquestales. Cuando su música asume tendencias nostálgicas o reiterativas, lo que hace es trasladar, traducir. Como creador que va a la par del tiempo que en suerte le ha tocado vivir, no se evade de las influencias foráneas. Probablemente, una de sus composiciones de mayor repercusión, tanto por el número de versiones que de la misma se han hecho como por el grado de popularidad que llegó a registrar, sea "Soy", un tema que capta los sentimientos de la comunidad cubana de Miami en un momento de su historia. Otras piezas suyas que por su excelente factura me han llamado la atención son “Zarabanda”, “Artista famoso”, “Ya viene llegando” y “La jinetera”, cuyo video clip (hecho por Ernesto Fundora) fue censurado en Miami y generó una gran polémica de orden estético, pero también político, en cuanto a las posibilidades reales de libertad de expresión en aquella sociedad.

 

Carlos Oliva, fundador y figura principal de Los Sobrinos del Juez, define el Sonido de Miami como una “salsa suave" que mezcla "jazz, música cubana, caribeña y rock" [12]. Por su parte, en opinión de los investigadores Thomas D. Boswell y James R. Curtis (1983: 141), el Sonido de Miami “quizá se describe mejor como una forma suave de salsa, en el que los elementos comerciales del rock y el jazz son más acentuados que en la salsa nacida en Nueva York.” A los componentes apuntados en los dos criterios citados anteriormente, habría que añadir, además, la música brasileña, cuya huella se percibe en muchos de estos trabajos.

 

Si existe una creación que por excelencia sintetiza los procesos de hibridación, interculturalidad, desterritorialización de la cultura, intertextualidad... que han tenido lugar entre los músicos de origen cubano residentes en Estados Unidos es una composición de Willy Chirino, que a la perfección encarna la mezcla musical y cultural del Sonido de Miami. Trátase de "Un tipo típico", pieza principal del disco Acuarela del Caribe (1989). La canción dibuja un autorretrato de toda una generación. El protagonista se considera "matamórico" y "chapotínico", o sea, con afición por la música popular cubana, pero tiene además una "veta de rocanrolero" que lo hace seguidor de Jimi Hendrix, los Beach Boys y los Beatles. En dependencia de su estado de ánimo se inclina hacia el son o el rock, sin poder definirse por uno u otro:

 

“El son montuno o el rock-and-roll, / no sé cuál es mejor. / Tengo dividido mi corazón / entre Tito Puente y los Rolling Stones.”

 

En verdad, como afirma Pérez Firmat (2000: 139):

 

“A lo largo de "Un tipo típico", pedacitos de "El son de la loma", "Tres lindas cubanas" y otras canciones cubanas se entremezclan con clásicos del rock-and-roll como "Tutti Frutti" y "Sergeant Pepper's lonely hearts club band". La selección de fragmentos no es casual, ya que Chirino escoge canciones cubanas que articulan la identidad nacional, lo cual hace que la mezcla desconcierte aún más.”

 

No son pocas las personas que se han preguntado las razones de por qué el Sonido de Miami, representado por el quehacer de gentes como Willy Chirino [13] o el dúo conformado por Hansel y Raúl, no ha conseguido interesar de manera mayoritaria al público norteamericano, a los hispanos que viven en ese país ni a los consumidores de música latina en otras latitudes, pese a la calidad artística de la propuesta y al hecho cierto de haber contado para su comercialización local y mundial con el respaldo de grandes transnacionales de la industria discográfica como la Sony. Una posible respuesta a dicha interrogante la encontramos en el criterio expresado por Enrique Fernández (1992) en cuanto a que la versión del World Beat [14] de Miami permanece demasiado fiel a sus orígenes como para atraer a oyentes de las demás nacionalidades. Ello vendría a corroborar la idea de que el mercado natural para este tipo de música es (y pienso que seguirá siéndolo) el de dentro de la Isla, donde el melómano de a pie se identifica con semejante sonoridad, como lo prueba el grado de popularidad registrado por las canciones de Willy Chirino en Cuba, no obstante a que sus discos no se distribuyen en el país, no es difundido por la radio o la televisión ni se ha presentado aquí en conciertos en vivo. Porque si bien los medios de comunicación no promocionan el arte de los cubanos residentes en el exterior que condenan la Revolución, también es verdad que el Estado no molesta a nadie por escuchar a todo volumen en su casa lo que uno quiera e incluso, se da la paradoja de que en la ambientación sonora de centros y actividades estatales se pasa la música censurada. He ahí una muestra de cómo han funcionado entre nosotros las dinámicas culturales.

 

El único grupo que ha hecho el tan anhelado cross-over [15] es Miami Sound Machine [16], que ha mediado de los ochenta llegó a ser uno de los de mayor popularidad en Estados Unidos. Surgidos en un primer momento bajo el nombre de Miami Latin Boys, en 1975 pasan a llamarse Miami Sound Machine. Integrado por el entonces baterista Emilio Estefan y la que tiempo más tarde sería su esposa, la vocalista Gloria María Fajardo (quien tras el matrimonio con Emilio cambia su apellido por el de Estefan), entre otros, ellos comenzaron amenizando fiestas privadas en los setenta. Se inician cultivando ese sonido suave con tendencias al pop característico de una vertiente del Sonido de Miami. Los primeros éxitos de la agrupación, puestos en circulación por la compañía discográfica CBS, fueron baladas cuyo único elemento latino era el idioma. Sus influencias venían de grupos norteamericanos. Eran temas insulsos que abordaban los esquemas comerciales, simple pop en español.

 

Fue sólo después de 10 años de existencia que Miami Sound Machine asume una identidad latina para ganar el mercado norteamericano. De una banda de rock suave en español se transformó en un ensamble de salsa suave en inglés. Poco a poco empezó a realizar grandes giras y a contar con numerosos seguidores en Estados Unidos, Latinoamérica, Europa y Japón. Un instante decisivo para su carrera se produce en 1984, cuando la agrupación firma un contrato con el sello Epic Records para grabar un primer fonograma en inglés, el titulado Eyes of innocence. La pieza “Dr. Beat”, perteneciente a dicho álbum, alcanzó un rotundo triunfo en países como Gran Bretaña. Aunque parezca contradictorio, el proceso de hispanización de Gloria Estefan y Miami Sound Machine comienza con la mundialmente conocida "Conga" (1985), grabada en el disco Primitive love. A pesar de ser interpretado en inglés, es éste el tema que le saca al grupo el sonido más cubano que hasta la fecha habían proyectado, en buena medida gracias al aporte, como arreglista, de ese extraordinario músico que es el holguinero Juanito Márquez. [17]

 

En opinión de diferentes estudiosos del asunto, la música del cross-over debe guiar paso a paso a los neófitos en la adquisición del nuevo ritmo, como garantía del éxito.

 

“De ahí que la letra de "Conga" mezcle datos con explicaciones, supliendo las respuestas a las interrogantes planteadas por la música. Cuando Estefan explica, "It's the rhythm of the islands" ("Es el ritmo de las islas"), las palabras son el pasaporte de la música, su visado de tránsito. Cuando asegura a sus oyentes, "No se preocupen si no saben bailar", está contrarrestando el temor a lo nuevo (Pérez Firmat 2000: 145).”

 

Si se realiza un desmontaje de esta pieza, se llegará a la conclusión de que “Conga" asigna sitios diferentes a cada cultura: Cuba en la cintura y Norteamérica en la voz. Coincido con Pérez Firmat en que el resultado de dicha operación es que Estefan puede desplazarse de una a otra cultura sin complicaciones, ya sea bailando como una cubana o explicando los pasos con un inglés perfecto. La diferencia entre "Un tipo típico" y "Conga" radica en el tipo de oyente: dime para quién cantas y te diré quién eres. Chirino no explica sino retrata, mientras que Gloria sabe separar lo cubano de lo norteamericano. Pese a estar cantada en inglés, "Conga" entronca a la perfección con el desarrollo que en nuestro país ha experimentado en los pasados últimos dos decenios la actual música popular. Para no pocos analistas del devenir de la cultura
cubano-americana, el biculturalismo de dicha composición es demasiado complaciente. Los otros éxitos cross-over de Miami Sound Machine durante los años
ochenta, como "Rhythm is going to get you" (1987) y "Oye mi canto" (1989), siguen la pauta de “Conga”, manejando sin tensiones o complejos los estereotipos latinos, pero pienso que artísticamente son mucho menos interesantes que aquel éxito de 1985.

 

De mayor grado de atracción son algunos trabajos de Gloria Estefan en su condición de solista, como por ejemplo la única canción de tema cubano de Into the light (1991), "Mama you can't go", que –como diría Pérez Firmat– (2000: 146) “ya no es una celebración de heat-feet-sweet-beat” o el CD Destiny (1996), un disco en el que predomina la fusión de ritmos y melodías de disímiles procedencias, desde los conformantes del lenguaje de la música pop hasta cantos afrocubanos de origen yorubá. Sucede que, por haber llegado a EEUU a muy temprana edad y formarse como una ciudadana norteamericana, cuando Gloria Estefan canta en inglés, resulta mucho más orgánica y auténtica que en sus interpretaciones en español. Por eso, no se incluyen aquí producciones suyas como su muy afamado álbum Mi tierra, de 1993 (Premio Grammy en 1994), o Abriendo puertas, de 1995, y que al siguiente año fuese galardonado con la máxima distinción de la National Academy of Recording Arts and Sciences (NARAS) de los Estados Unidos, porque los mismos no encajan dentro de los parámetros de hibridación compartidos por el Sonido de Miami y la Música Cubana Alternativa, sino que se enmarcan en el fenómeno del revival de lo tradicional y en especial del sonido de las décadas cuarenta y cincuenta que, además de discos como los de la Estefan, también pusiera de moda en medio planeta al Buenavista Social Club y toda su saga.

 

En una cuerda distinta pero con algunos puntos en común con la tendencia del Sonido de Miami, encontramos a quienes se proyectan dentro de los parámetros del pop norteamericano, que es cultivado por gente perteneciente a una generación más joven y que tiene como antecedentes lo hecho por cantantes como Luisa María Güell, las (hermanas) Diego, Lissette Álvarez y María Conchita Alonso. Son los casos de figuras como Martika, Jon Secada (promocionado por la industria estadounidense del ocio como un prototipo del latin lover) y Carlos Ponce. Hay otros artistas
cubano-americanos que entran en las coordenadas de hibridación a las cuales me he referido, pero que no se incluyen en el sonido de Miami. Entre ellos, sobresale la pianista Jeannette Romeu (hija del multiinstrumentista Armandito Sequeira Romeu), y que se conoce entre los seguidores de música electrónica como “Galaxy Girl”. Con una formación tanto clásica como jazzística, ella apuesta por un sonido que define como “e-pop” y que ha defendido en importantes festivales del género como Ultra y Cyberfest. [18]

 

También habría que mencionar a la formidable cantante y actriz Lourdes Simón, a los cantautores Pedro Tamayo, Carlos “Machito” Prieto, Elsten “Fulano” Torres, Mari Lauret, cuyos temas han sido interpretados entre otros por el villaclareño Pancho Céspedes, y Marisela Verena (esta última, realizadora de excelentes composiciones en el terreno de la música para niños), a los salseros Yanco Gómez Medina y su hermana Vanessa Formell Medina, y a los raperos Mellow Man Ace, Cypress Hill, Cuban Link y Pitbull. Aunque sea de pasada, hay que hacer alusión a algo nuevo que está ocurriendo en Miami de un tiempo a acá: me refiero a lo que se conoce como Rockstalgia y que consiste en que antiguos integrantes de bandas de rock que funcionaron en Cuba hace dos o tres décadas, ahora se han vuelto a reunir para interpretar el repertorio que antaño ejecutaban, o sea, versiones de temas clásicos del género y que se intentan reproducir lo más fiel posible a la grabación original [19]. Igualmente en Miami, lugar que no ha sido nada pródigo para acunar ensambles cubanos de rock, han empezado a crearse grupos con músicos radicados allí en fecha reciente y que en la década pasada, y hasta su cercana salida del país, se mantuvieron activos en la escena cubana de rock. Son los casos de Frosty fog, Fuenral for a Clown, Locoyo, Guajiro y G2.

 

Está claro que aquí no se ha querido incluir en este breve recuento de lo que acontece en una determinada zona estética de carácter propositivo (o al menos, cercano a la misma), entre los músicos cubanos radicados en Miami, a nombres que si bien tienen como base de operación dicha ciudad floridiana dado que viven allí y llevan adelante proyectos que de uno u otro modo se apartan de los cánones de sobra conocidos y se vinculan con la escena de la Música Cubana Alternativa, el origen de sus propuestas se remonta a los tiempos en que vivían en Cuba y como artistas son un resultado de nuestro medio cultural. [20] Por idéntica razón, tampoco en estas páginas se ha hablado de un grupo de importantes figuras que, afincadas en diversos puntos de la geografía de los Estados Unidos, por las características de su quehacer encajan a la perfección dentro de los parámetros del movimiento de la llamada Música Cubana Alternativa. [21] A fin de cuentas, como dice el trovador Frank Delgado en su muy popular tema entre los trovadictos, titulado “La otra orilla”:

 

“Bailando con Celia Cruz / oyendo a Willy Chirino / venerando al mismo santo / y con el mismo padrino. / Allá por la Sawesera / calle 8, Hialeah, / anda la media familia / que vive allá, en la otra orilla.”

 

Ni de aquí ni de allá.-

 

Son muchos los asuntos que, en relación con el fenómeno de la diáspora entre nuestros músicos, podrían ser objeto de estudio para futuras investigaciones y a los cuales no me he referido en el presente texto. Por mencionar sólo un par de ejemplos, sería muy interesante analizar las peculiaridades que, ante el cambio de contexto, asume la obra de exponentes nuestros del rap y que en el presente residen en el extranjero, como son los casos de Orishas, SBS y los mucho menos conocidos dentro del país, Don Dinero y Nilo Castillo, a pesar de que ambos cuentan ya con álbumes publicados, a saber: ¡Qué bolá! (Cuba Connection Records) y Guajiro del asfalto (Chewaka / Virgin Records); o responder a la pregunta de si debe considerarse parte integrante del movimiento de hip hop nacional y por consiguiente de nuestra cultura, lo hecho en spanglish por gentes como Yerba Buena y Siete Rayo o en inglés por algunos artistas cubano-americanos como Mellow Man Ace, Cypress Hill, Cuban Link y Pitbull, quienes a partir de una orientación que encaja dentro de las coordenadas de hibridación hoy muy al uso entre nosotros, desarrollan trabajos musicales en los que lo cubano se fusiona con disímiles géneros.

 

Aunque sea de forma breve, quiero aludir a una de las temáticas que en los últimos tiempos se reitera en muchos de los discos grabados por artistas que integran la comunidad cubana en el exterior, problemática que también resulta muy trabajada por músicos residentes en la isla. En numerosas composiciones, desde el punto de vista lírico, los textos abordan la fragmentación que para nuestra sociedad supone la diáspora, con enfoques muy intensos y desgarradores. Ha de tenerse en cuenta que la inmigración es uno de los grandes problemas de la contemporaneidad y tal vez, ése sea el tópico más inquietante y recurrente para estos creadores y aunque visto de maneras disímiles, como afirma julio Fowler (2004), “para todos será una experiencia capital y en algunos casos traumática, ya que en su centro gravita y se cuestiona el problema de la identidad.”

 

Vale la pena acudir a una idea expresada en el trabajo titulado “Canción Cubana Contemporánea. La luz, bróder, la luz” y que fuera publicado en la revista Temas
(Borges-Triana
: 2004):

 

“Hay que tener en cuenta que en la década de los noventa se producen determinados éxodos masivos y con ello, emigran sectores que no habían sido los típicos del proceso diaspórico cubano. Como se comprenderá, el distanciamiento entre seres queridos trae consigo una crisis tanto para los que se van como para los que se quedan. Desde distintos ángulos, hay muchísimas referencias a ese tópico, como en la pieza “Ni de aquí ni de allá”, que da nombre a uno de los discos de David Torrens y que pone sobre el tapete el estado en que se sienten no pocos artistas nuestros que, por cuestiones laborales, económicas o de cualquier otra índole, viven en el extranjero:

Yo no soy de aquí y ya no soy de allá, no aprendo a vivir en el va y viene y va, yo no soy de aquí, ah, ah y ya no soy de allá, no aprendo a vivir en el va y viene y va. Me acostumbraste a comer de tu mano cual perro manso y feliz de su dueño, chancleteando el mundo soy menos humano, ya no encuentro amor tan sano y si hoy me lo dan ya ni lo comprendo. Yo no soy de aquí y ya no soy de allá, no aprendo a vivir en el va y viene y va, yo no soy de aquí, ah, ah, y ya no soy de allá, no aprendo a vivir en el va y viene y va. Voy sin raíz, que se aferre a un lugar, no tengo dueño y soy dueño de nadie, tampoco tengo un amor donde anclar, yo no tengo a quien pagar, yo soy capitán en mi barco errante. Y cuando llegue la cuenta con soledad la he pagado. No hay beneficio sin precio, ni porvenir sin pasado. Yo no soy de aquí y ya no soy de allá, no aprendo a vivir en el va y viene y va, yo no soy de aquí, ah, ah, y ya no soy de allá, no aprendo a vivir en el va y viene y va. Rondan recuerdos de amores puros que se quedaron allá donde la inocencia con fe y ausencias me hago el futuro y cada paso será eco en mi conciencia. Y cuando llegue la cuenta con soledad la he pagado, no hay beneficio sin precio ni porvenir sin pasado, yo no soy de aquí y ya no soy de allá, no aprendo a vivir en el va y viene y va, viene y va viene y va. Where are you from asere? viene y va, por eso sé que no soy ni de aquí ni de allá.”

 

En la citada composición de David Torrens se realiza un cuestionamiento de la idea tradicional y dominante de identidad, fundamentada en lo geográfico, lo patrio y lo nacional. Algo por el estilo pudiera asegurarse de “Pregunta primero”, canción de José Antonio Quesada escrita por él en Castelldefels, pequeña ciudad marina a unos treinta kilómetros de Barcelona y donde el autor de “Hoy mi Habana” vive en la actualidad:

 

“Dejaron sus vidas dejaron su ayer / con los pies cansados debieron correr / Rosa de los vientos sin mesa y mantel /
bajo otras lunas se les vio crecer. / Sobre la estatura de quién debió ver / que la vida es dura y linda a la vez / Por eso pregunta, pregunta otra vez, / anda, pregunta a tu abuelo de donde / se fue.

Coro: A remar, a remar, a remar, / todo el mundo a remar, a remar.”

 

En una misma línea de pensamiento, en una producción como el disco libro Art Bembé (Editorial Conspiradores), de Gema y Pavel, hecho a medio camino entre La Habana, New York y Madrid (ciudad ésta que en la práctica ha devenido centro emisor de mucha y buena música cubana de la más reciente), Pavel Urquiza –desde su condición como residente en la capital española converge en la reflexión sobre el asunto identitario y se pronuncia por la idea de que todos somos parte de una identidad común y global: la humana. Véase el siguiente fragmento de su tema “No te vayas”, rapeado por Telmary Díaz:

 

“Yo no creo que ninguna tierra sea tan pura ni tan santa / mira ese pelo, mira esos ojos, mira esos labios, mira esa piel / el pasaporte ya no tiene raza / amarillo, blanco, negro, rojo somos todos, todas las razas / la humanidad, esa es la única verdad / todo lo demás es vanidad, pura vanidad.”

 

Incluso, uno puede encontrar a músicos que hacen de la diáspora su arte poética. Ése es el caso de Adrián Morales, cantautor radicado en Barcelona. Su primer disco, Nómada (Ventilador Edicions), verdadera obra conceptual sobre el fenómeno de la emigración, es un álbum que aborda el asunto no sólo como un problema cubano sino de carácter universal. El mencionado CD viene a ser como un conjunto de fotografías del planeta con gente huyendo de todas partes. Muestra de ello es el tema “Ido”, en el que se defiende la tesis de que vivir fuera del país natal no significa la solución fácil de los problemas ni la satisfacción de los sueños personales y por ende, la inconformidad del hombre estallará en cualquier sitio de la Tierra:

 

“Tengo un hermano negro que huyó de Soweto / un latino en Miami ha soportado vivir / una geisha millonaria se suicida en Shangai / un niño me vende una piedra de Berlín / En La Habana la gente sigue tirándose al agua / Hay un barrio en Nueva York que lo controla / un samurai. Un indio no desea regresar a Atacama / lleva sus pulmones repletos de cuarzo Huyendo de todas partes vamos todos.”

 

Un malestar semejante se trasluce en Maketa de platino, producción discográfica de Raúl Torres, editada en 2006 y en la que este matancero (hoy residente en España) plasma sus inquietudes acerca de nuestra época y en particular, con respecto al fenómeno migratorio. En el álbum, el cantautor asume sin ambages su condición de emigrante, a partir de que es ésa su vivencia cotidiana como un extraño en una rica metrópoli. Así, el CD es portador de la pesadumbre y el drama social sufridos por el inmigrante, a través de una áspera crítica a la miseria humana. En este trabajo, como afirma Julio Fowler (2006), “asoma de forma rotunda y clara el rostro convulso de la inmigración; en algunas canciones de manera directa, explícita; en otras aparece evocada o como telón de fondo a alguna historia de amor o desamor.”

 

Otro disco que se instala en la perspectiva del hecho diaspórico es Buscando mi lugar, de Julio Fowler y salido al mercado en el 2006 a través de Factoría Autor. La canción “Pasándolo mal”, uno de los temas del fonograma, resulta destacable en dicho sentido, pues en el centro de su planteamiento se encuentra el drama de la inmigración y deja visible la fragilidad de las llamadas sociedades democráticas. A propósito de esa condición que él experimenta en carne propia, en una entrevista concedida a Dennys Matos (2006), Julio Fowler comenta:

 

“Somos esa tropa universal a los que se nos hace difícil o imposible, por una u otra causa, vivir en nuestros países de origen y también en los de acogida. Somos, como dice el pensador español Fernando Savater, los que "irrumpen desde el exterior en el círculo de identificación" de las sociedades opulentas, provocando la alarma política y social, engrosando así ese ejército de ciudadanos de segunda en busca de su lugar en el mundo.”

 

Una última cuestión. Aunque en comparación con etapas anteriores (todavía cercanas en el tiempo) hayamos avanzado un considerable trecho en cuanto a la aceptación oficial de que hoy la cultura cubana no sólo es la realizada dentro de nuestras fronteras geográficas y algunos artistas e intelectuales de la diáspora se presentan ante su público n