BOLETÍN DE MÚSICA CUBANA
ALTERNATIVA
Edición
no. 28, marzo de 2007
La presente publicación electrónica se apoya en
una antigua y aún vigente tradición periodística: el derecho de cita. Los que
soñamos por la oreja apela a colaboraciones originales para este boletín y a
todo material informativo encontrado en los medios de comunicación, a propósito
de promover y analizar lo concerniente a la escena de
Sin novedad en el frente
Por Joaquín Borges-Triana
Las grandes voces del son
Por
Tony Pinelli
Camerata Romeu: en la vanguardia
musical cubana
Por
Susadny González Rodríguez
David Blanco. En frecuencia con el
Despechao
Por
Raynor Rivera Licea
Boris Larramendi. «¿Nos vemos en
Miami?»
Por
Enrique del Risco
Santiago Feliú: Entre chats,
conversaciones “en vivo” y correo electrónico
Por
Diana Furlani
Silvio Rodríguez y la música
cubana: reflexiones del trovador
Por
M.Sc. Harold Santana Gaínza
Ulises
Aquino. La ópera en la calle
Por
Yuniet Escobar Ortega
Informaciones y comentarios acerca
de…
Presentación de tributo discográfico a Augusto Blanca,
del compendio Serenata Cubana, con
material de Ignacio Cervantes y del tríptico Obras para piano de Nicolás Ruiz Espadero, nuevos proyectos de Bis
Music, repercusiones de conciertos en el exterior de Silvio Rodríguez, Ludmila
Mercerón y Carlos Varela, Conferencia de Carlos Molina, emisión de los
festivales Alejandro García Caturla , Pepe Sánchez y Danzón Habana,
distinciones a Pablo Milanés y Omara Portuondo, aniversarios de Cuerda Viva y
Pro Arte Grateli, confesiones de Gonzalo Rubalcaba, Karel García, Frank
Delgado, Augusto Blanca, Pancho Amat, Yoan Zamora y AlexCuba, veladas de Manny
Pérez, master class de “El Negro” Hernández, Habana Abierta en Miami, y mucho
más.
Gonzalo Rubalcaba en Miami
Por
Eliseo Cardona
OSN y Yolanda Hernández. Arco iris
vocal y sinfónico
Por
Jorge Fiallo
Concierto barroco. ¿Qué más pedir?
Por
Joaquín Borges-Triana
Mirta Fernández, maestría y
sentimiento
Por
Daniel Fernánde
¿La inercia de los coloquios?
Por
Humberto Manduley López
Gonzalo
Rubalcaba. La búsqueda de un lugar en el mundo
Por
Marco Mayer
La belleza económica de Manuel
Varela
Por
Eliseo Cardona
Habana
llena de gente
Quisiera
Sábanas blancas
Espacio de mar
Por
Gerardo Alfonso
Reseña de los discos:
Tour years
of hard work (C-Men), Boomerang
(Habana Abierta), Hate, Revenge and
Suffering (Necrópolis), Uplifting
Spirit (Afromantra), Verde melón (Superávit).
Don’t
blame me, Doris de
Por
Alexis Castañeda Pérez de Alejo
José Aquiles. Amor por Santiago
Por
Joaquín Borges-Triana
Beatriz Márquez:
Por
Roberto Bello
Necesarias precisiones sobre la
historia musical de
Por
Luis César Núñez González
El último tumbao del Guayabero
Por Michael H. Miranda
In this
issue
By Joaquín Borges-Triana
Danzon
Habana Festival is back
Without author)
Dear
diary, indeed
By Sebastian Cook
Alex Garcia's Afromantra Uplifting Spirit
By Rudy Mangual
Descemer:
Siete Rayo
By Peter Watrous
Haydée
Milanés: Haydée
By Peter Watrous
Ruiz Espadero: Lost link of Cuban
piano
By
Pedro de
Francisco
Mela: Melao
By Peter Watrous
Interactivo:
Goza pepillo
By Peter Watrous
Disc of the late Ibrahím Ferrer in the spotlight in Spain
Without author)
Gonzalo Rubalcaba: Solo
By Peter Watrous
Opera of the Street: A Very Particular Company
By Yuniet Escobar Ortega
Singing in
By
María del Carmen Vasallo
El Guayabero died
Without author)
Polito Ibáñez Sings for the Youth
By Yelanys Hernández Fusté
No sé cómo hay
quienes por ahí piensan que esto de escribir es cosa de cocer y cantar, algo
que no requiere demasiado esfuerzo y que por tanto, resulta una de las mil y
una formas del ocio. Siempre habrá tontos que no calibren en su justa medida el
esfuerzo que demanda cualquier tipo de labor intelectual.
Y ustedes se estarán preguntando a qué viene todo esto. Pues bien, a la sencillez de que por más que he apretado y apretado mis neuronas, con miras a encontrar el tema para la presentación de esta nueva edición de nuestro “bole”, tengo que decirles que no se me ocurre nada. El mes pasado y gracias a un dislate mío, que nos ha deparado la buena suerte de contar ahora con Eliseo Cardona como colaborador de este mensuario, logré redactar una notica que, por suerte, gustó a más de uno, según me lo hicieron saber por uno que otro mensaje a través del ciberespacio. Pero hoy no encuentro un pretexto para algo así o tal vez, todo sea cuestión de que mis neuronas andan un poco perezozas y deseosas de tomarse unas bien merecidas vacaciones. Por ello y dado que el silencio también desempeña una importante función (no sólo en la música), los dejo hasta la próxima emisión del boletín. Aquí seguimos sin novedad en el frente.
Joaquín
Borges-Triana
Por
Tony Pinelli
I.-
El son es una
de las manifestaciones artístico-musicales más comunes en la vida cotidiana del
cubano, por tanto, es natural que muchas personas entonen un son aunque no lo
hagan con el dominio que las exigencias de este rico género musical, refleja
como ninguno de la nacionalidad cubana, exige.
Lo mismo pasa
con los cantantes profesionales que centran su repertorio en otros géneros, es
muy difícil encontrar a un cantante dentro de la música popular e incluso
lírica que no se haya acercado al son de alguna u otra forma e incluso con gran
éxito, como pueden ser los casos de Omara Portuondo o Pablo Milanés, conocedores
del estilo sonero aunque se hayan destacado más en el campo de la canción. Del
mismo modo, muchos de los grandes compositores y autores cubanos, han acometido
el son desde su punto de vista, logrando resultados más o menos cercanos a la
acentuación y el sabor característico de esta manera de hacer.
Lo cierto es
que el cantante de son, o sonero, como se le llama a los que alcanzan un
prestigio en esta disciplina artística, al igual que el género que interpreta,
viene siendo el producto, la resultante de un medioambiente, del entorno que
incluye la polirritmia diaria de la calle, el “toque de santo”, la rumba, la
sensualidad casi agresiva de las mujeres, la picardía propia de la síncopa y el
bajo anticipado, la violencia para sobrevivir en un medio adverso y de alguna
forma la pobreza o al menos la escasez de recursos que alimenta ese deseo de
llegar, de distinguirse, de ser alguien en uno de los pocos renglones donde el
talento y poder de comunicación es aún más importante que el dinero de una gran
inversión publicitaria, en el sentido de llegar a ser reconocido.
No se recuerda
un sonero de cuna rica, todo lo contrario, el sonero es aquel que canta por
vocación, que aprende a través de una escuela formidable para la gente del
pueblo que es la radio, que de alguna manera se va aprendiendo las canciones,
los giros melódicos, los sones clásicos, la manera de inspirar de tal o cual
cantante, la moda sonera en el vestir, las prendas y adornos que llegan a ser
atributos. En fin, el sonero es un personaje que sale del pueblo y se refleja
en ese mismo pueblo que lo hizo; si llega a trascender internacionalmente o no,
depende de otros mecanismos y factores.
No poseen una
escuela de canto, incluso, en varios pueden observarse defectos de impostación,
muchos nasalizan o cometen algún tipo de imperfección, pero todos sorprenden
por su musicalidad y sentido del ritmo. Por lo general los grandes soneros han
tenido un registro agudo, aunque hay casos en que no es así, pero un registro
agudo o amplio para ser más exactos, es una gran ayuda para el cantante, pues
cuando el son llega a la parte del montuno, que es cuando el sonero brilla en
la improvisación, se encierra en un ciclo armónico determinado, y esto hace que
la imaginación del sonero busque los recursos melódicos apoyados en ese –por lo
general- breve ciclo armónico y mientras más amplio registro tenga, mayor
posibilidad tiene de demostrar su imaginación melódica, musicalidad e ingenio
para las frases que improvisa.
La historia de
los soneros se remonta al siglo XIX, pero es a principios del siglo XX, cuando
el son llega a
El sonero es
una imagen, que quizás pueda sugerir cierto machismo, pero no es así, pues ya
desde las primeras agrupaciones, como el Sexteto Boloña, de Alfredo Bologna,
estuvo presente la mujer, que tuvo como cantante a Hortensia Valerón,
precursora de las grandes soneras de hoy en día como la incomparable Celia Cruz
y Caridad Hierrezuelo, entre tantas otras.
Con la
creación del sexteto Habanero, en 1920, se pone de moda este tipo de
agrupación, que hasta ese momento daba el sonido más completo para la
interpretación del son. El Habanero, que tuvo su génesis en el cuarteto
Oriental, tuvo como cantantes en sus inicios a Felipe Nery y Gerardo Martínez.
Ya el Sexteto
Boloña tenía un nombre, con su cantante José Vegas Chacón y surgieron otros
como el sexteto Sonora Matancera, que más tarde sería conjunto y una de las
agrupaciones que más tuvo que ver con la difusión internacional de la música
cubana. Sus cantantes fueron Rogelio Martínez, Carlos “Caíto” Díaz, aunque con
En esta época
salieron a la palestra muchos sextetos y otros tipos de agrupaciones, como el
sexteto Lira Matancera, Dulzura de Euterpe, Los Errantes, Estudiantina Oriental,
En 1925 ocurre
un suceso que marcó de forma indeleble el complejo del son y de la música
cubana en general: el debut del Trío Matamoros. Don Miguel Matamoros, junto a
Siro Rodríguez y Rafael Cueto logró, con lo que se llamó “la trova sonera” un
sonido y modo de hacer especial, que no sólo marcó un hito, sino que ha sido
una de las expresiones más influyentes de la música cubana en el ámbito universal,
desde el primer momento, como demuestran sus grabaciones realizadas en New York
en 1928, fecha temprana si se tiene en cuenta las comunicaciones y promociones
de la época.
Miguel, quien
logró conjuntar las influencias de la trova, la expresión lírico – popular por
excelencia, con la exuberancia rítmica del son, logró una línea de composición
e interpretación de gran éxito y de una asimilación sorprendente por parte del
público; las canciones que popularizaran los Matamoros con la voz de Miguel en
la melodía Y Siro haciendo una segunda voz de gran riqueza, forman parte de las
más famosas, de aquéllas que simbolizan una imagen de lo cubano en el mundo
entero.
En 1926 surge
el excelente sexteto Los Naranjos, de Cienfuegos que aún continúa vigente como
septeto, organizado por Gumersindo Soriano. Sextetos como El Botón de Oro,
Cuba, formado con integrantes del sexteto Lira de Redención, el Occidente de
María Teresa Vera la gran trovadora con Miguelito García como segunda voz; y
del cual formó parte Ignacio Piñeiro. El sexteto Gloria Matancera, Lira
Matancera, Septeto de Sones de Santa Clara, Jóvenes del Cayo, Sinsonte de oro,
Belén, Guarina, Botón de Rosa, Estudiantina Invasora de Santiago de Cuba y
muchos más, que posteriormente, - algunos de ellos- cuando la renovación orquestal
del son, conservarían sus nombres como conjuntos, llegando incluso hasta
nuestros días. Creadores como Faustino Oramas, conocido por “El Guayabero” con
sus sones picarescos y sus “tumbaos” treseros tan personales y difíciles, aún vigente
y activo a pesar de haber empezado su carrera por allá por 1926.
En 1927, surge
otra de las grandes entidades artísticas del son. El Sexteto Nacional con
Francisco González y Bienvenido León en la voz prima y segunda. Después
pasarían por el ilustre sexteto y al poco tiempo Septeto Nacional, hasta que
toma el nombre de Septeto Nacional Ignacio Piñeiro, cantantes como Abelardo
Barroso, José Jiménez, Alfredito Valdés, Marcelino Guerra “Rapindey”, autor de
mérito, quien formara un formidable dúo autoral con el también cantante Julio
Blanco Leonard, Bienvenido Granda, el gran Carlos Embale y otros. El Septeto
Nacional se mantiene y sus voces hoy son Eugenio “Raspa” Rodríguez, voz líder;
Orlando Aguiar, voz prima y maracas e Ignacio Aymé “Richard”, voz segunda y
guitarra.
En esta época
de oro de los sextetos surgieron grandes cantantes, como el mencionado
Alfredito Valdés, Pablo Quevedo, que fue todo un ídolo y murió lamentablemente joven,
a los 28 años y Antonio Machín, que debutó con su cuarteto por los años 30 y
llegó a ser una de las grandes voces cubanas en el reconocimiento internacional
a partir de su radicación en España. José “Cheo” Marquetti, Joseíto Núñez,
Vicentico Valdés, Panchito Riset, Fernando Collazo, Pacho Alonso, Fernando Álvarez,
Joseíto Fernández, Rolando Laserie, Dominica Verges, y otros cantantes que
podrían figurar posteriormente en el hall
de la fama cubano, empezaron sus carreras haciendo voces en orquestas,
conjuntos, sextetos, septetos, estudiantinas, cuartetos y otros formatos soneros.
En toda la
isla se desarrollaban formatos bailables como los Hnos. Palacio(1936) y Ases
del Ritmo (1938) en Pinar del Río; la decana de las orquestas femeninas Anacaona
(1932), aún vigente,
A principios
de la década del 40 surge Arsenio Rodríguez, que tras haber tocado en varias
agrupaciones forma su conjunto “Todos estrellas” con grandes músicos como el
trompeta Félix Chappottín y el pianista Luis “Lilí” Martínez Griñán y comienza
una etapa de renovación orquestal en el son que lo reforzó desde varios
ángulos, al punto, que muchos historiadores y estudiosos del son afirman que
existen dos etapas, antes y después de Arsenio. Aquí se dio a conocer el gran
Miguelito Cuní, que hacía la voz prima mientras Marcelino Guerra llevaba la
“segunda voz”; también tuvo cantantes como Pedro Luis Sarracent, René Álvarez y
otros.
Empieza a
cobrar fama el Conjunto Casino (1940), quien fuera una de las agrupaciones
favoritas del público, con Roberto Faz, el gran sonero blanco quien junto a las
voces de Agustín Ribot y Roberto Espí llegaron a ser de los más difundidos de
su época.
Benny Moré ya
había sido descubierto por Siro Rodríguez y presentado a Miguel Matamoros,
quien lo admitió como voz prima en el sexteto que formó para ir a probar suerte
en México en 1945; había comenzado la carrera de una de las leyendas de la
música cubana, que ya venía sabiendo del canto en las barras de los bares y el
andar con una guitarra al hombro, en lucha abierta en contra del hambre.
La radio de
provincias difundían a soneros como Pedrito Gómez, Caridad Hierrezuelo, y a
entidades como el Conjunto Folclórico Changüí de Guantánamo de Arturo “Chito”
Latamblet, y el Sucu suco de Mongo Rives de Isla de Pinos, que mantenían vivas
esas expresiones que han venido a formar parte de la rica y compleja familia
del son.
El negocio
fonográfico empezaba a echar raíces en Cuba, pues hasta ese momento la norma
era grabar para compañías extranjeras. La radio había conformado grandes
emisoras, con un financiamiento publicitario ávido de modalidades artísticas
que pudieran atraer a los consumidores y ya el público tenía medios para
reconocer a sus intérpretes preferidos; el son había desbordado el nivel de
barrio y lejos de ser algo indecente y prohibido, como se llegó a calificar por
las recalcitrantes autoridades en sus inicios, había sido reconocido en varios
sectores y clases sociales e incluso, había grupos soneros que amenizaban las
fiestas del palacio presidencial; el son ya era demanda diaria y fuente de
trabajo para los músicos de conservatorio y autodidactas. Ya el gran público sabía
de tal o cual cantante, programas como “
Las orquestas
llamadas charangas, cuyo repertorio fuerte estaba centrado en las modalidades
del complejo del danzón, incorporaban de forma natural sones que hicieron
populares en las voces de sus cantantes. El importantísimo Antonio Arcaño y sus
Maravillas, que basados en las virtudes del son desarrollaban su “nuevo ritmo”,
América, Aragón, Melodías del 40, Sensación, Fajardo y sus Estrellas y otras
popularizaron sones de su repertorio.
Cantantes como
el carismático y polifacético Miguelito Valdés, Tito Gómez, Orlando Guerra
“Cascarita”, Joseíto Núñez, el gran sonero Pío Leyva, Manuel Licea “Puntillita”,
ya se hacían conocer del público - independientemente que fueran soneros en el
más profundo concepto de la palabra, o simplemente cantaran en orquestas de son
- ya el pueblo contaba con una imagen notablemente fuerte de su forma, de su
propia concepción artística, con los cuales iba a bailar en los grandes
recintos bailables de la época, pero ya estos mismos cantantes entraban en el
sistema de estrellas, pasando a ser figuras míticas capaces de cautivar a
público de diversos estratos sociales. Las giras al exterior, los discos, los
más populares programas radiales albergaban a los grupos bailables donde
brillaban sus cantantes y uno de los inventos del siglo, la televisión, llega a
Cuba muy tempranamente para reforzar esta imagen.
Ya el sonero
no era propiedad de los entendidos o los bailadores asiduos de las sociedades y
clubes que cultivaron la música bailable e hicieron su coreografía, ya en las
fiestas de la alta sociedad las parejas de jovencitos que estaban al tanto del
último hit norteamericano, dejaban un espacio para el son, aunque lo bailaran
atravesadas para el ojo experto de los conocedores.
El son se iba
volviendo una verdadera industria, atrayendo la atención de empresarios en
vivo, disqueras e inversionistas.
II.-
Los años 50
entran con la fuerza del negocio del espectáculo en plena expansión y el gran
público tenía acceso a muchos más medios de promoción artística, Benny Moré ya
era una realidad y después de haber cantado en México con Pérez Prado y en Cuba
con Mariano Mercerón y Bebo Valdés, funda en 1953 su famosa “Banda Gigante”, dándole
un tremendo impulso al género en el gusto popular gracias a su carisma y
personalidad única.
Benny poseía
una formación muy humilde, pero muy sólida en cuanto a preparación musical. Era
intuitivo desde el punto de vista formal, pero su participación en los toques y
fiestas religiosas de origen bantú desde niño, contribuyó a desarrollar su
musicalidad extraordinaria. Otro de los aspectos que fue muy importante para que
Benny alcanzara la estatura de leyenda, fue su conocimiento de la décima
espinela, pues según cuenta Enrique Benítez, su amigo de toda la vida, hubo una
época en la cual quiso ser improvisador al estilo campesino, lo que le dio un
conocimiento sobre esta forma de poesía popular en Cuba, al punto que la
mayoría de sus canciones conocidas, están escritas en esta forma poética.
Lajas mi
rincón querido,
Tierra donde
yo nací;
Lajas, tengo
para ti,
Este mi cantar
sentido.
Siempre fuiste
distinguido,
Por tus cantos
tan sinceros,
Tus hijos son
caballeros
Y tus mujeres
altivas,
Por eso digo
¡qué viva,
Viva Lajas y
sus lajeros!
El
conocimiento de la décima y la cuarteta, formas estrechamente vinculadas al
folclor campesino cubano, constituyeron una ventaja para los cantantes de son o
soneros a la hora de improvisar y muchas de estas décimas, fueran improvisadas
o no, han quedado en sones antológicos, como la que Miguelito Cuní cantara en
“Yo como candela” de Félix Chappottín:
Yo canté en el
paraíso
y me hicieron
un altar,
que yo me
atrevo a cantar
al mismo Dios
si es preciso.
Hago décima,
improviso
al que es
necio y al que sabe
yo no creo en
lance grave,
yo me le
enfrento a cualquiera
y si se me
ponen fiera,
cierro y me
llevo la llave.
Por supuesto,
que los distintos sectores de público que llenaban los salones de baile,
compraban discos o sintonizaban la radio, no se guiaban por estas cualidades,
llamémoslas clásicas para definir a un buen sonero. Ya los 50 mostraban en todo
su esplendor a leyendas como el Benny, Miguelito Cuní el cantante estrella del
conjunto de Félix Chappottín, Roberto Faz, que ya había formado su propio
conjunto, Niño Rivera, el gran tresero con su “combán”, Pío Leyva, que
triunfaba cantando Cocaleca, El Mentiroso y otros números; Raúl Planas, que
recién llegado de su Camajuaní natal empezara a sentar reales, Cascarita, Puntillita;
Tito Gómez, que se mantenía vigente con la jazz band Riverside, Celia Cruz,
Caridad Hierrezuelo, Los Compadres, Abelardo Barroso, Rumbavana, creada en
1955, Rolo Martínez, que cosechaba éxitos junto a Tata Ramos en la orquesta de
Ernesto Duarte, “soneando” rancheras mexicanas como “Paloma sin nido” y “Échame
a mí la culpa”, los sones y posteriores experimentos rítmicos de Pacho Alonso,
la orquesta Revé, cuyos cantantes empezaban a difundir las canciones con la
influencia del changüí gracias al timbalero de “
Programas como
Fiesta en el Aire, en radio y Show del Mediodía en TV, entre otros,
contribuyeron a divulgar orquestas de todo el país y ayudaron a que estuvieran presentes
en la capital agrupaciones como esa institución musical de Santiago de Cuba
Chepín - Choven y Maravillas de Florida entre otras, y a pesar de la terrible
situación política que vivía Cuba, de las acciones clandestinas en las ciudades,
la guerra en las sierras de la entonces provincia de Oriente, y el macizo del
Escambray en el centro de la isla, la represión brutal y el descontento
general, el cubano seguía andando la vida del brazo de la música y continuaban
saliendo orquestas de todo tipo, con acentuación en las charangas, intérpretes
por excelencia de la moda del chachachá de Enrique Jorrín, como Ritmo Oriental,
que se crea en el año 58 y que fue una de las más conocidas, sobre todo en la
etapa de Crespo y Quiala, sus cantantes de más renombre.
Como preámbulo
de esa década de vital importancia para el mundo que fue la de los sesenta,
llega a Cuba la revolución, dando un vuelco tremendo a la vida en la isla. Con
esta vida nueva salieron varias orquestas, como el conjunto Estrellas de
Chocolate, que tenía como cantantes al “Chino” Lahera y a Arístides Valmaseda,
el conjunto Musicuba, la famosa charanga sonera que creó Alberto Cruz, conocido
como “Pancho El Bravo y sus Candelas del Tira Tira” y Estrellas Cubanas, un
desprendimiento de Fajardo y sus Estrellas, considerada como una de las mejores
charangas soneras de su época, con Sergio, Rudy y Luis Calzado como cantantes.
Se abría un
capítulo nuevo a la historia musical de Cuba, se creaban las escuelas de arte,
que tanto han contribuido al desarrollo musical de la isla, a pesar de sus
errores de concepto al rechazar la música popular en un principio. El fenómeno
del son se había extendido y tomado connotaciones propias al tropezar con
manifestaciones hermanas en todo el Caribe y bajo distintos nombres y
modalidades existían creadores como Catalino “Tite” Curet Alonso,
Abelardo
Barroso, que se mantenía vigente con la orquesta Sensación, Benny Moré, quien
muere tempranamente, Pacho Alonso y los Pachucos, la orquesta Aragón, con sus
cantantes, Pepe “El Chino” Olmos y Rafael Bacallao; Riverside, con Tito Gómez y
otras orquestas y grupos capitalizan el favor del público desde los medios de
difusión en
Con el
espíritu renovador del cambio social revolucionario en Cuba y uniéndose a la
pachanga, de Eduardo Davidson, comienza una etapa de surgimientos de ritmos,
como el mozambique, de Pello el Afrokán, el pa’cá de Juanito Márquez, el pilón,
simalé y upa upa, de Pacho Alonso y Enrique Bonne, que realmente fueron efímeros
y no aportaron grandes figuras del canto, aunque cantantes reconocidos por sus
interpretaciones en otros géneros, los cantaron.
En definitiva,
el son siguió su camino, los conjuntos, charangas y bandas y algunos de los
llamados “combos” continuaron su marcha; Ritmo Oriental caminaba hacia el
éxito, Rumbavana hallaba la combinación perfecta con Raúl Planas; Saratoga,
alternaba sus sones con los éxitos del bolerista Lino Borges. El pop hacía su
entrada con fuerza, era la época de los cuartetos vocales, del renacer del
filin, de los grandes shows de cabaret y algunos jovencitos no muy bien
mirados, como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés empezaban a entonar canciones
“raras” que después serían aceptadas por todos.
En 1967, entra
en
En 1968 se
experimentaron cambios económicos y políticos importantes en la vida del país
que influyeron en la vida artística. Se acabaron los contratos y el estado
empleó a todos los cantantes, músicos y artistas profesionales, creando una
escala de salarios según la calificación obtenida en la evaluación artística
profesional. Pasaron a un status profesional, con sueldo fijo, muchos músicos
que tenían el llamado “carnet”, es decir, el reconocimiento para trabajar
profesionalmente, aunque laboraran en otro oficio. Con esto, que fue un
esfuerzo por brindar estabilidad al sector, se hicieron más rígidas las plantillas
y se limitó la entrada al mismo. No obstante siguieron surgiendo grupos aunque
no de manera tan espontánea como hasta entonces.
El son no sólo
lo interpretaban formatos grandes, el dúo Los Compadres que se había fundado
por Francisco Repilado y Lorenzo Hierrezuelo y ahora, en esta etapa, integrado
por el propio Lorenzo y su hermano Reinaldo Hierrezuelo, “Rey Caney”, se hacía
conocer internacionalmente con éxito; muchos tríos en toda Cuba dejaban
escuchar sones y los órganos orientales, como Los Hnos. Ajo, Labrada y otros
eran comunes en los carnavales y fiestas masivas de
En 1969, Juan
Formell conforma su propia agrupación: Los Van Van, que continuando la línea de
trabajo que comenzara con Revé, estaba llamada a convertirse en la orquesta por
excelencia de la música bailable cubana con el andar del tiempo. Van Van, a
partir de entonces fue una influencia definitiva; cambió el concepto, incorporó
nuevos elementos tímbricos al son y creó el songo, una variante sonera aceptada
y disfrutada por todos.
Mientras, en
Estados Unidos, siguiendo la tradición que comenzara por los años 30 con Frank
Grillo con sus “Machito y sus Cuban Boys”, más la leyenda de Chano Pozo y Mario
Bauzá, una serie de cantantes y músicos emigrados de Cuba, junto a otros de
origen latino abrían en 1971 el camino a la resultante musical que con la
música cubana como base, junto a giros y modos de hacer de la plena, la bomba,
el merengue y otros ritmos “tropicales” iba a dominar el mercado, por sus
propios méritos y por la ausencia en el mismo de los músicos que se habían
quedado en Cuba junto a las nuevas generaciones de soneros de la isla: La
salsa.
Desde el
Cheetah, el Palladium y los discos de disqueras afines, Cheo Feliciano, Pete
“El Conde” Rodríguez, Ismael Miranda, Adalberto Santiago, Héctor Lavoe, Santitos
Colón, Bobby Cruz, junto a Celia Cruz, Justo Betancourt, Roberto Torres, Ismael
Quintana y otros dejaban patente el camino que seguirían y engrandecerían muchos
más. La labor discográfica de Jerry Masucci y Johnny Pacheco a través del sello
Fania iba a trazar un camino hacia el éxito de muchos cantantes y artistas, que
sin esta formidable iniciativa hubiera sido mucho más difícil de recorrer.
En esta época
comienza su carrera un panameño, hijo de la cubana Anolan Díaz, - que había
sido cantante de
Un talento
excepcional, Oscar de León alcanzaba los primeros planos del género con
Dimensión Latina, la excelente agrupación venezolana. Oscar, hombre de musicalidad
extraordinaria, sería otra figura definitivamente influyente en el género. No
es un hombre que se distinga por dominar la técnica más depurada a la hora de
improvisar, desde un punto de vista clásico, pero su imaginación y su facilidad
rítmico – musical, además de una gran extensión vocal, le permiten hacer todo
lo que se le ocurra en un escenario. Venezuela aportó al son nombres como
Canelita Medina, Enrique “Culebra” Iriarte, Vladimir Lozano, El Trabuco
Venezolano, Sonero Clásico del Caribe y otros.
Por otra
parte, el aporte de Puerto Rico con sus grandes leyendas, desde Ismael Rivera,
el famoso Maelo, a quien Benny llamara “Sonero Mayor”, Rafael Cortijo, El Gran
Combo, Andy Montañez, Roberto Roena, Cheo Feliciano, en fin toda la poderosa
batería puertorriqueña, desde su despegue hasta ahora mismo, engrandecen la
industria y han realizado un formidable aporte en orquestaciones y grandes
voces al concepto moderno de la música bailable con profundas raíces soneras.
En Cuba, por
el comienzo de los 70, se mantenían los grandes, Pacho Alonso, Aragón,
Chappottín, Pancho El Bravo, Rumbavana, Estrellas Cubanas,
Irakere,
poseedor de un sonido propio y deslumbrante calidad de instrumentistas es una
de las más importantes instituciones, de nuestra música popular. No poseyó un
cantante propiamente dicho, Oscar Valdés, percusionista de primera, entonó los
números de Irakere y gracias a su musicalidad cumplió muy bien su cometido,
popularizando muchos éxitos de este super grupo. Posteriormente Mayra Caridad
Valdés, José Miguel Meléndez y Carlos Manuel han actuado como cantantes con
Irakere y por supuesto que muchas de las grandes figuras de la canción han
trabajado con ellos, como el trovador Silvio Rodríguez que creó gran
expectación al unirse a esta agrupación para un magnífico trabajo conjunto.
Adalberto Álvarez
con Son 14 en 1978, abrió una muy importante etapa y Tiburón Morales se hizo
una figura altamente popular con A Bayamo en Coche y otros magníficos sones de
este excelente creador, que encontró la famosa plantilla en Santiago de Cuba y
allá formó su orquesta. Adalberto había trabajado diversos arreglos y composiciones
para grupos famosos, como Rumbavana, pero Joseíto González, el director de este
conjunto, a pesar de grandes esfuerzos no pudo conseguir que entrara en su
orquesta por aquel entonces.
Los años 70 –
a pesar de la creación de Van Van, Yaguarimú en Matanzas, Son 14, ya en los
finales de la década, los triunfos de Irakere y otros éxitos- no se
distinguieron por ser una etapa favorable para el son. Este se mantuvo y se
siguió incrementando, pero la moda musical se concentró en el desarrollo de la
canción, sobre todo a partir de la organización del movimiento de
III.-
Con Van Van y
Adalberto se abrió una etapa muy importante en la expresión sonera y éste
último reformó su orquesta para en 1984 salir a la palestra Con Adalberto
Álvarez y su Son, lo más sonero entre los salseros cubanos, hoy todo un clásico
del género, por donde han pasado cantantes como Félix Valoy, Valentín, Jorge
Luis Rojas, “Rojitas”, esa maravillosa voz que es Aramís Galindo y otros,
manteniéndose vigente hasta los actuales momentos donde la agrupación sigue
ocupando primeros lugares en su quehacer, como corresponde a un músico “fuera
de serie”, como Adalberto.
Revé, siempre
inquieto e incansable organizador entra en los 80 con su “charangón” a toda
capacidad con cantantes como Moisés “Yumurí” Valle, que después brilla con luz
propia, “Padrino”, “El Indio”, etc. En esta etapa
Por esta época,
Matanzas aporta al sonido sonero un Yaguarimú en pleno apogeo, Santiago de Cuba
a Karachi, la región villareña a Aliamén y el son se renueva y enriquece,
confronta con el sonido de la salsa y empieza a salir modestamente de la isla.
México, con salones de baile como el California Dancing Club, Tropicana, el
teatro Blanquita, Los Ángeles, Los Infiernos, Antillanos, Gran Salón y otros
comienzan a contratar de manera asidua a orquestas cubanas; los festivales de
Cali en Colombia demuestran ser un mercado acogedor para los nuestros, la añeja
Europa –este y oeste- se sorprende ante el concepto musical cubano,
Ya en los
finales de la década de los 80, están incorporados a las orquestas y
agrupaciones de primera línea, músicos que vienen con la excelente formación académica
de las escuelas de arte y un grupo de ellos, bajo la idea del flautista y
orquestador José Luis Cortés, “El Tosco”, como le llamaban cariñosamente sus
compañeros de estudios, se agrupan para grabar un disco que se llamó “Nueva
Generación” y que realmente dejaban patente un criterio musical, producto de
una educación, información y concepto diferente, sin perder la legitimidad de
una estética cubana. Este disco fue la génesis de la famosa NG
NG con Isaac
Delgado y Tony Calá como principales cantantes, rápidamente se colocó en la
preferencia del público, llegando a ser de las agrupaciones más importantes de
su época; con prácticamente una estrella en cada instrumento, NG
Pachito
Alonso, hijo del gran Pacho Alonso, también graduado de piano en las escuelas
de arte, sigue la carrera de su padre al heredar y renovar su orquesta y forma
Pachito y sus Kini Kini, que ha tenido como cantantes a las hermanas Nuviola,
José Luis Arango, Lele Jr. y hoy en día a sus hijos: Cristian y Rey, herederos
de la gran tradición musical de su familia.
Los 90, fueron
una década de consolidación de la música bailable; la flexibilidad en las
normas, contrataciones artísticas y formas de pago, más el desarrollo del
turismo, que alienta por excelencia las manifestaciones costumbristas en una
apertura del país, después del derrumbe del campo socialista, hacen que nuestra
música bailable ocupe el primer lugar en la oferta cultural hacia el visitante;
la creación del Palacio de
Ya la salsa ha
ganado un espacio y reconocimiento internacional, además de una imagen de marca
alrededor de la “música tropical” donde caben géneros y estilos diferentes,
como Juan Luis Guerra con sus bachatas, Marc Anthony,
La eficiente
labor de promoción hacia el exterior de empresas como ARTEX y EGREM,- que
crearon a partir de gestiones y seriedad en el trato con empresarios - un
rentable y asiduo circuito de giras europeo, más la apertura del campo de
negocios del fonograma a la iniciativa privada extranjera unido a una
polarización en la difusión de nuestra excelente música bailable, trajo una
etapa de prosperidad a lo que se le llamó timba cubana, volviendo a brillar las
orquestas y por supuesto, sus cantantes, los nuevos soneros, o como también son
llamados: timberos.
Claro que no
todo es timba, numerosos grupos de jóvenes han mantenido los formatos tradicionales,
como Sierra Maestra, con el inolvidable José Antonio “Maceíto” Rodríguez y Juan
de Marcos González, tresero y defensor de la música tradicional, creador del
proyecto “Buenavista Social Club”, “Afrocuban All Stars” y “A toda Cuba le
gusta”. Raison, de Efraín Ríos con su hermano el compositor Luis Emilio como
cantante principal, Chicuelo Son, o los Jóvenes Clásicos del Son, magnífico
septeto, que unidos a los longevos Septeto Habanero, Los Naranjos y el Nacional
de Ignacio Piñeiro junto a muchos más mantienen vivo ese sonido inconfundible
del septeto y el conjunto.
Al igual que
en los 70, cuando la moda impulsó a muchos cantantes hacia los grupos de la
nueva trova, ahora vuelven a surgir solistas y grupos atraídos por la difusión
y el éxito de este son moderno. Issac Delgado con su orquesta triunfa
internacionalmente, Lucrecia Pérez, quien sale de Anacaona para hacer una
brillante carrera de solista que hoy continúa desde España, Son de Oro de
Matanzas, la magnífica agrupación “Manolito Simonet y su Trabuco” que llegó con
su formato y repertorio de gran personalidad, desde Florida para hacerse
internacional,
Otro aspecto a
destacar, es el notable crecimiento de la presencia femenina en el son, además
de la prestigiosa orquesta Anacaona, agrupaciones como Son Damas, Las Canela,
Caribe Girls y otras mixtas, como Karovan y Azúcar, forman parte del entorno
musical, demostrando que hoy en día las agrupaciones femeninas y más aún, la
presencia de la mujer no es puramente ornamental, sino en base a estudios y
excelencia musical.
Los 90
consolidan a artistas y agrupaciones que vienen recorriendo un camino y el
formidable estímulo de un segmento de público turístico de mayores
posibilidades económicas para remunerar el trabajo artístico, - a pesar de la
difícil situación económica debido al bloqueo de Estados Unidos hacia Cuba- que
hacen florecer a las orquestas y grupos bailables.
Cantantes y
agrupaciones nuevas aparecen y se vuelven favoritas del público.
Víctor Torres,
inquieto director del Instituto Cubano de Radio y TV creó el programa “Mi salsa
entre músicos”, que le dio un formidable impulso al género bailable y fue un
excelente vehículo difusor de este tipo de música. Además, creó el concurso
anual “Buscando al sonero”, que ha contribuido a que se destaquen muchos
solistas jóvenes que han nutrido las grandes orquestas posteriormente;
Arragoitía, Joel Barz, Fernando, “Kalunga” y otros que se dieron a conocer desde
ese concurso son hoy soneros reconocidos.
Orquestas como
Bamboleo con Haila Mompié, - que posteriormente forma parte de Azúcar Negra y
ahora es una de nuestras más renombradas solistas – la exitosa Vania Borges y
ahora con la deslumbrante Tania; Juan Kemel Barrera con
Uno de los
fenómenos más espectaculares de la ola de salseros – soneros de los 90 lo
constituye Manuel González Hernández, “Manolín, El Médico de
Ya cercano el
año 2000, ocurrió un fenómeno muy interesante en el ámbito internacional,
basado en un realce a las manifestaciones “retro”, que también se reflejó en el
complejo del son. El triunfo de Francisco Repilado, “Compay Segundo”, ha puesto
de moda a músicos y cantantes de tercera edad, como Pío Leyva, Raúl Planas,
Manuel Licea “Puntillita”, Estanislao “Laíto” Sureda, Rolo Martínez,; Los
Soneros de Camacho,
Disqueras
nacionales e internacionales invirtieron en este sonido y discos como Cubanismo, Buena Vista Social Club, A
toda Cuba le gusta, Introducing
Rubén González, Cuba Forever, Las más Famosas de Cuba, Yo como candela y tantos otros de
distintas disqueras, rindieron culto y homenaje a esta música imperecedera.
Este fenómeno
de la música retro no fue contradictorio con la vanguardia musical bailable
cubana y verlo de manera diferente constituiría un error. No hay que olvidar,
que a partir del conflicto entre Estados Unidos y Cuba, los músicos que se quedaron
y surgieron posteriormente en la isla, se vieron excluidos no sólo del mercado
estadounidense, sino de todo el mercado de influencia de aquel país, y la
imagen de la música cubana que se ha difundido desde entonces, fue la de los
años 50, hasta que surge la salsa. El mercado y/o el público se vio privado del
desarrollo y la evolución sonora de la vanguardia musical bailable cubana, por
lo que no resultaba descabellado para las casas disqueras el aprovechar esta
moda retro y buscar el mercado precisamente volviendo al punto de ruptura, para
ir evolucionando después.
No quiere
decir esto que el sonido retro fuera una estrategia de conjunto, sino que vino
bien por varias razones, entre ellas, para enriquecer la memoria musical del
país y actualizar bellos aportes de creadores importantes en la historia de
Cuba y del complejo sonero internacional, por tanto, a pesar que hay personas
que aún discuten sobre el tema, creo que hay que darle la bienvenida definitiva
para la historia, pues espacio de sobra hay para que los distintos segmentos de
mercado acojan una amplia gama de formas, estilos y timbres diferentes.
Aún cuando es
verdad que la película de Win Wenders da una imagen dramática y parcializada de
una Habana deteriorada y triste, sin evidenciar la resistencia por una parte y
los progresos de esa misma Habana o pueblo habanero por la otra, el equipo
realizador del proyecto sacó hacia delante a algunos de nuestros talentos
legítimos y nuestra música tradicional, por tanto no le pidamos a ese equipo
que haga lo que tenemos que hacer nosotros, es decir, nuestra responsabilidad de
campañas profesionales e inteligentes para promover el talento cubano actual
por todo el mundo, con la comprensión y la inversión que eso conlleva.
Los soneros
continúan su camino, ya la improvisación no se rige por las formas poéticas de
antaño, aunque hay soneros como Cándido Fabré que con un conocimiento de la
cuarteta y la décima, improvisa en rima consonante; ya la improvisación es más
libre, a veces con rimas asonantes y a veces sin rimar, pero la evolución no ha
hecho perder el encanto ni el alarde de musicalidad que tanto disfrute provoca
en el público.
Hay soneros
como Mayito Rivera que sin poseer un registro deslumbrante, sorprende por su
bien timbrada voz y su ingenio musical apoyado por una formidable formación
técnica, a la hora de improvisar. Otros deslumbran con su calidad vocal y su
extensión. El popularísimo Paulito FG, junto a Gardi, Arnaldo Rodríguez y su
Talismán, que realizan una muy interesante fusión en el ámbito bailable, son
poseedores de un encanto especial y todos – en definitiva- son excelentes cantantes.
Agrupaciones
como Pupy y los que Son Son, Pedrito Calvo, la renovada Van Van, la
popularísima Charanga Habanera, que entra a escena con una expresión artística cargada
de influencias cosmopolitas, Orlando “Maraca” Valle, que muestra la suma de
buenas influencias en un son profusamente cargado de elementos jazzísticos, influencia
de Irakere y Nueva Visión; el dinámico Arnaldo y su Talismán, Tumbao Habana, El
Clan, Fiebre Latina y otras orquestas que cada día ganan más adeptos, se unen a
la leyenda y aunque el sonero actual, o el que ha ocupado ese plano, tiene
otras exigencias, debido a esa referida imagen de fusión que incluye aspectos
cosmopolitas y cierta imagen con elementos del pop y la llamada “canción
ligera”, no hay que dolerse ni preocuparse, pues el son cubano – desde el
rellollo hasta la variante de la timba- viene siendo como una fiesta nacional,
y si le damos la vida que merece; si apoyamos la presencia de nuestras grandes
bandas en los lugares correctos, tanto para el pueblo, que se merece el
disfrute, como visión de nuestra cultura musical al exterior, en lugares
frecuentados por los turistas ávidos de interés musical, - y esto no sólo es
válido para el son, sino para nuestra música en general – tendremos garantizada
nuestra historia y nuestra presencia.
El mercado
cubano es pequeño y agredido, pero como referencia, nadie olvide que es enorme,
por su prestigio, lo que provoca que siempre haya muchos ojos sobre nosotros.
En el año
* Nota del
Editor: En este nombre hay un pequeño error. El autor a quien en realidad se
refiere es a Nicolás Sirgado, bajista y guitarrista que fundase y aún dirige el
grupo Conexión Salsera. David Sirgado, hermano de Nicolás, fue un trovador,
lamentablemente desaparecido en un accidente automovilístico ocurrido en Polonia
durante la primera mitad de los 90.
Tomado de Cubarte (portal electrónico),
www.cubarte.cult.cu
Por Susadny González Rodríguez
Con una extensa ovación, centenares de santaclareños
agradecieron la exquisita ejecución hecha por la primera Orquesta de Cámara
femenina de Cuba —única de su tipo en el país—, dirigida por Zenaida Castro
Romeu, descendiente de músicos ilustres, quien creó esta agrupación en 1993.
Virtuosismo y pasión se fundieron en cada pieza para
ofrecer una deslumbrante disertación de cubanía, con las interpretaciones de Final
obligado, del cienfueguero Carlos Fariñas, o Camerata en Guaguancó, de Guido
López Gavilán, entre otras piezas del repertorio latinoamericano y de otras
latitudes.
El clima agradable de la noche creció ante la calidez
y cortesía de una mujer que —la observé, apasionada y enérgica dirigiendo a sus
pupilas— jamás hubiese imaginado tan amable y accesible. Así es que, durante
una hora y media, tuve el honor de llevar la batuta y orquestar un diálogo a
dos voces.
«Estoy halagada con el resultado de este concierto. Al
parecer las estrellas se han alineado para permitirnos este recorrido por
diferentes ciudades del país».
—¿Qué se siente al pertenecer a una familia de músicos
emblemáticos?
—Un compromiso. Mi abuelo fue un maravilloso director
de danza, uno de mis tíos fue un pionero del jazz y el otro un niño prodigio en
el piano, con apenas 11 años. Mi madre, una excelente concertista, pedagoga, a
ella le exigía que me diera clases de piano. Desde niña me atrajo la música,
además siempre estuve rodeada de quienes la hacían.
«Me gradué a los 15 años de profesora de teoría,
solfeo y armonía en el Conservatorio Internacional. En el ISA terminé los estudios
superiores de dirección coral y de orquesta y recibí clases de Gonzalo Romeu,
la húngara Agnes Kralovsky y los alemanes Olaf Koch y Gert Frishmuth».
—El Coro Cohesión, que creó en 1982, dejó su impronta
en el movimiento coral cubano...
—Ese fue mi primer hijo artístico. Era un coro de
cámara de 12 personas, que yo dirigía sin pararme al frente. Fue algo novedoso,
con él se introdujo en Cuba el movimiento escénico, la expresión corporal, la
música instrumental en las voces. Estuvimos trabajando cinco años. Nos
convertimos en motivo de inspiración para muchos artistas. Constituyó un
proyecto renovador y esa renovación la he llevado a mi orquesta.
—Su estilo de dirección se considera singular y
depurado. ¿A qué lo atribuye?
—Comencé en esta especialidad por idea de Frank
Fernández, quien en un festival de coros en Santiago me lo propuso. Al regreso
cambié el piano por la dirección de orquesta. Lo que he logrado se lo debo a la
solidez de la base técnica que aprendí con la profesora húngara, y a los años
de experiencia con la agrupación.
—¿Qué valores se propuso promover al crear
—
—¿Se enorgullece de haberlo conseguido?
—Sí. Cuando viajamos al exterior encontramos muchas
personas escépticas. Luego algunas llegan llorando y se disculpan. Mi
aspiración es que cierren los ojos y escuchen la fuerza de la música sin pensar
en el género de quienes la ejecutan. Creo que he sido capaz de transmitir toda
la tradición cultural que heredé.
—¿La garantía de su éxito con