LOS QUE SOÑAMOS POR LA OREJA

BOLETÍN DE MÚSICA CUBANA ALTERNATIVA

 

Edición no. 28, marzo de 2007

 

La presente publicación electrónica se apoya en una antigua y aún vigente tradición periodística: el derecho de cita. Los que soñamos por la oreja apela a colaboraciones originales para este boletín y a todo material informativo encontrado en los medios de comunicación, a propósito de promover y analizar lo concerniente a la escena de la Música Cubana Alternativa. Los textos aquí incluidos expresan las opiniones de sus autores, de las cuales no somos responsables.

 

CONTENIDO

 

PRESENTACIÓN

Sin novedad en el frente

Por Joaquín Borges-Triana

 

CONCIERTO CUBANO

Las grandes voces del son

Por Tony Pinelli

 

CONVERSANDO CON

Camerata Romeu: en la vanguardia musical cubana

Por Susadny González Rodríguez

David Blanco. En frecuencia con el Despechao

Por Raynor Rivera Licea

Boris Larramendi. «¿Nos vemos en Miami?»

Por Enrique del Risco

Santiago Feliú: Entre chats, conversaciones “en vivo” y correo electrónico

Por Diana Furlani

Silvio Rodríguez y la música cubana: reflexiones del trovador

Por M.Sc. Harold Santana Gaínza

Ulises Aquino. La ópera en la calle

Por Yuniet Escobar Ortega

 

DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Informaciones y comentarios acerca de…

Presentación de tributo discográfico a Augusto Blanca, del compendio Serenata Cubana, con material de Ignacio Cervantes y del tríptico Obras para piano de Nicolás Ruiz Espadero, nuevos proyectos de Bis Music, repercusiones de conciertos en el exterior de Silvio Rodríguez, Ludmila Mercerón y Carlos Varela, Conferencia de Carlos Molina, emisión de los festivales Alejandro García Caturla , Pepe Sánchez y Danzón Habana, distinciones a Pablo Milanés y Omara Portuondo, aniversarios de Cuerda Viva y Pro Arte Grateli, confesiones de Gonzalo Rubalcaba, Karel García, Frank Delgado, Augusto Blanca, Pancho Amat, Yoan Zamora y AlexCuba, veladas de Manny Pérez, master class de “El Negro” Hernández, Habana Abierta en Miami, y mucho más.

 

EL OIDOR CRÍTICO

Gonzalo Rubalcaba en Miami

Por Eliseo Cardona

OSN y Yolanda Hernández. Arco iris vocal y sinfónico

Por Jorge Fiallo

Concierto barroco. ¿Qué más pedir?

Por Joaquín Borges-Triana

Mirta Fernández, maestría y sentimiento

Por Daniel Fernánde

¿La inercia de los coloquios?

Por Humberto Manduley López

Gonzalo Rubalcaba. La búsqueda de un lugar en el mundo

Por Marco Mayer

La belleza económica de Manuel Varela

Por Eliseo Cardona

 

DE PUÑO Y LETRA

Habana llena de gente

Quisiera

Sábanas blancas

Espacio de mar

Por Gerardo Alfonso

LA COMPACTOTECA

Reseña de los discos:

Tour years of hard work (C-Men), Boomerang (Habana Abierta), Hate, Revenge and Suffering (Necrópolis), Uplifting Spirit (Afromantra), Verde melón (Superávit).

 

UNA IMAGEN POSIBLE

Don’t blame me, Doris de la Torre

Por Alexis Castañeda Pérez de Alejo

José Aquiles. Amor por Santiago

Por Joaquín Borges-Triana

Beatriz Márquez: La Musicalísima

Por Roberto Bello

Necesarias precisiones sobre la historia musical de La Habana

Por Luis César Núñez González

El último tumbao del Guayabero

Por Michael H. Miranda

 

WHERE ARE YOU FROM ASERE?

In this issue

By Joaquín Borges-Triana

Danzon Habana Festival is back

Without author)

Dear diary, indeed

By Sebastian Cook

Alex Garcia's Afromantra Uplifting Spirit

By Rudy Mangual

Descemer: Siete Rayo

By Peter Watrous

Haydée Milanés: Haydée

By Peter Watrous

Ruiz Espadero: Lost link of Cuban piano

By Pedro de la Hoz

Francisco Mela: Melao

By Peter Watrous

Interactivo: Goza pepillo

By Peter Watrous

Disc of the late Ibrahím Ferrer in the spotlight in Spain

Without author)

Gonzalo Rubalcaba: Solo

By Peter Watrous

Opera of the Street: A Very Particular Company

By Yuniet Escobar Ortega

Singing in Havana

By María del Carmen Vasallo

El Guayabero died

Without author)

Polito Ibáñez Sings for the Youth

By Yelanys Hernández Fusté

 

 


 

PRESENTACIÓN

 

 

Sin novedad en el frente

 

No sé cómo hay quienes por ahí piensan que esto de escribir es cosa de cocer y cantar, algo que no requiere demasiado esfuerzo y que por tanto, resulta una de las mil y una formas del ocio. Siempre habrá tontos que no calibren en su justa medida el esfuerzo que demanda cualquier tipo de labor intelectual.

 

Y ustedes se estarán preguntando a qué viene todo esto. Pues bien, a la sencillez de que por más que he apretado y apretado mis neuronas, con miras a encontrar el tema para la presentación de esta nueva edición de nuestro “bole”, tengo que decirles que no se me ocurre nada. El mes pasado y gracias a un dislate mío, que nos ha deparado la buena suerte de contar ahora con Eliseo Cardona como colaborador de este mensuario, logré redactar una notica que, por suerte, gustó a más de uno, según me lo hicieron saber por uno que otro mensaje a través del ciberespacio. Pero hoy no encuentro un pretexto para algo así o tal vez, todo sea cuestión de que mis neuronas andan un poco perezozas y deseosas de tomarse unas bien merecidas vacaciones. Por ello y dado que el silencio también desempeña una importante función (no sólo en la música), los dejo hasta la próxima emisión del boletín. Aquí seguimos sin novedad en el frente.

 

Joaquín Borges-Triana

 

 

 


 

CONCIERTO CUBANO

 

 

 

Las grandes voces del Son

 

Por Tony Pinelli

 

I.-

 

El son es una de las manifestaciones artístico-musicales más comunes en la vida cotidiana del cubano, por tanto, es natural que muchas personas entonen un son aunque no lo hagan con el dominio que las exigencias de este rico género musical, refleja como ninguno de la nacionalidad cubana, exige.

 

Lo mismo pasa con los cantantes profesionales que centran su repertorio en otros géneros, es muy difícil encontrar a un cantante dentro de la música popular e incluso lírica que no se haya acercado al son de alguna u otra forma e incluso con gran éxito, como pueden ser los casos de Omara Portuondo o Pablo Milanés, conocedores del estilo sonero aunque se hayan destacado más en el campo de la canción. Del mismo modo, muchos de los grandes compositores y autores cubanos, han acometido el son desde su punto de vista, logrando resultados más o menos cercanos a la acentuación y el sabor característico de esta manera de hacer.

 

Lo cierto es que el cantante de son, o sonero, como se le llama a los que alcanzan un prestigio en esta disciplina artística, al igual que el género que interpreta, viene siendo el producto, la resultante de un medioambiente, del entorno que incluye la polirritmia diaria de la calle, el “toque de santo”, la rumba, la sensualidad casi agresiva de las mujeres, la picardía propia de la síncopa y el bajo anticipado, la violencia para sobrevivir en un medio adverso y de alguna forma la pobreza o al menos la escasez de recursos que alimenta ese deseo de llegar, de distinguirse, de ser alguien en uno de los pocos renglones donde el talento y poder de comunicación es aún más importante que el dinero de una gran inversión publicitaria, en el sentido de llegar a ser reconocido.

 

No se recuerda un sonero de cuna rica, todo lo contrario, el sonero es aquel que canta por vocación, que aprende a través de una escuela formidable para la gente del pueblo que es la radio, que de alguna manera se va aprendiendo las canciones, los giros melódicos, los sones clásicos, la manera de inspirar de tal o cual cantante, la moda sonera en el vestir, las prendas y adornos que llegan a ser atributos. En fin, el sonero es un personaje que sale del pueblo y se refleja en ese mismo pueblo que lo hizo; si llega a trascender internacionalmente o no, depende de otros mecanismos y factores.

 

No poseen una escuela de canto, incluso, en varios pueden observarse defectos de impostación, muchos nasalizan o cometen algún tipo de imperfección, pero todos sorprenden por su musicalidad y sentido del ritmo. Por lo general los grandes soneros han tenido un registro agudo, aunque hay casos en que no es así, pero un registro agudo o amplio para ser más exactos, es una gran ayuda para el cantante, pues cuando el son llega a la parte del montuno, que es cuando el sonero brilla en la improvisación, se encierra en un ciclo armónico determinado, y esto hace que la imaginación del sonero busque los recursos melódicos apoyados en ese –por lo general- breve ciclo armónico y mientras más amplio registro tenga, mayor posibilidad tiene de demostrar su imaginación melódica, musicalidad e ingenio para las frases que improvisa.

 

La historia de los soneros se remonta al siglo XIX, pero es a principios del siglo XX, cuando el son llega a La Habana y se acaba de desarrollar, debido al acceso a medios de prensa, la presencia organizada en emisoras de radio que vendría después y que los medios necesarios para el negocio del espectáculo, se hallaban en la capital. Se habla de cantantes de las llamadas “agrupaciones de son”, que existieron en varios barrios de La Habana, pero realmente a partir de los años veinte, con la aparición del famoso “Sexteto Habanero”, que ya definió un punto de partida para la evolución definitiva, se empieza a tener acceso a la difusión, los bailes y otros tipos de actividades, que permitieron al público identificar las versiones de ésta o aquélla agrupación y las voces de sus cantantes, génesis de lo que sería años más tarde uno de los grandes atractivos del son: sus cantantes, los soneros.

 

El sonero es una imagen, que quizás pueda sugerir cierto machismo, pero no es así, pues ya desde las primeras agrupaciones, como el Sexteto Boloña, de Alfredo Bologna, estuvo presente la mujer, que tuvo como cantante a Hortensia Valerón, precursora de las grandes soneras de hoy en día como la incomparable Celia Cruz y Caridad Hierrezuelo, entre tantas otras.

 

Con la creación del sexteto Habanero, en 1920, se pone de moda este tipo de agrupación, que hasta ese momento daba el sonido más completo para la interpretación del son. El Habanero, que tuvo su génesis en el cuarteto Oriental, tuvo como cantantes en sus inicios a Felipe Nery y Gerardo Martínez.

 

Ya el Sexteto Boloña tenía un nombre, con su cantante José Vegas Chacón y surgieron otros como el sexteto Sonora Matancera, que más tarde sería conjunto y una de las agrupaciones que más tuvo que ver con la difusión internacional de la música cubana. Sus cantantes fueron Rogelio Martínez, Carlos “Caíto” Díaz, aunque con la Sonora cantaron nombres ilustres como Celia Cruz, Bienvenido Granda, Celio González, Estanislao “Laíto” Sureda, Raúl Planas, Wuelfo Gutiérrez, Roberto Torres, Justo Betancourt, Yayo “el Indio” y otros.

 

En esta época salieron a la palestra muchos sextetos y otros tipos de agrupaciones, como el sexteto Lira Matancera, Dulzura de Euterpe, Los Errantes, Estudiantina Oriental, La Viajera, Sexteto Oriente, Gloria Cubana, Jabón La Llave y hasta Gerardo Machado, en Sancti Spíritus, evidentemente en honor al dictador de los años 20 que Rubén Martínez Villena rebautizara como “el asno con garras”. Pero no todas las agrupaciones eran sextetos, también se crearon orquestas, que si bien no tenían ese sonido tan especial del sexteto y el septeto, hicieron son incluso internacionalmente como las de Don Aspiazu, Los Hermanos Avilés, de Holguín, creada desde 1882 y vigente aún en la tradición de orquestas cubanas, Embajadores del Ritmo, en Las Tunas y Raimundo Pía, donde cantaba el famoso creador de la Guantanamera, Joseíto Fernández, que enriquecieron la década del 20.

 

En 1925 ocurre un suceso que marcó de forma indeleble el complejo del son y de la música cubana en general: el debut del Trío Matamoros. Don Miguel Matamoros, junto a Siro Rodríguez y Rafael Cueto logró, con lo que se llamó “la trova sonera” un sonido y modo de hacer especial, que no sólo marcó un hito, sino que ha sido una de las expresiones más influyentes de la música cubana en el ámbito universal, desde el primer momento, como demuestran sus grabaciones realizadas en New York en 1928, fecha temprana si se tiene en cuenta las comunicaciones y promociones de la época.

 

Miguel, quien logró conjuntar las influencias de la trova, la expresión lírico – popular por excelencia, con la exuberancia rítmica del son, logró una línea de composición e interpretación de gran éxito y de una asimilación sorprendente por parte del público; las canciones que popularizaran los Matamoros con la voz de Miguel en la melodía Y Siro haciendo una segunda voz de gran riqueza, forman parte de las más famosas, de aquéllas que simbolizan una imagen de lo cubano en el mundo entero.

 

En 1926 surge el excelente sexteto Los Naranjos, de Cienfuegos que aún continúa vigente como septeto, organizado por Gumersindo Soriano. Sextetos como El Botón de Oro, Cuba, formado con integrantes del sexteto Lira de Redención, el Occidente de María Teresa Vera la gran trovadora con Miguelito García como segunda voz; y del cual formó parte Ignacio Piñeiro. El sexteto Gloria Matancera, Lira Matancera, Septeto de Sones de Santa Clara, Jóvenes del Cayo, Sinsonte de oro, Belén, Guarina, Botón de Rosa, Estudiantina Invasora de Santiago de Cuba y muchos más, que posteriormente, - algunos de ellos- cuando la renovación orquestal del son, conservarían sus nombres como conjuntos, llegando incluso hasta nuestros días. Creadores como Faustino Oramas, conocido por “El Guayabero” con sus sones picarescos y sus “tumbaos” treseros tan personales y difíciles, aún vigente y activo a pesar de haber empezado su carrera por allá por 1926.

 

En 1927, surge otra de las grandes entidades artísticas del son. El Sexteto Nacional con Francisco González y Bienvenido León en la voz prima y segunda. Después pasarían por el ilustre sexteto y al poco tiempo Septeto Nacional, hasta que toma el nombre de Septeto Nacional Ignacio Piñeiro, cantantes como Abelardo Barroso, José Jiménez, Alfredito Valdés, Marcelino Guerra “Rapindey”, autor de mérito, quien formara un formidable dúo autoral con el también cantante Julio Blanco Leonard, Bienvenido Granda, el gran Carlos Embale y otros. El Septeto Nacional se mantiene y sus voces hoy son Eugenio “Raspa” Rodríguez, voz líder; Orlando Aguiar, voz prima y maracas e Ignacio Aymé “Richard”, voz segunda y guitarra.

 

En esta época de oro de los sextetos surgieron grandes cantantes, como el mencionado Alfredito Valdés, Pablo Quevedo, que fue todo un ídolo y murió lamentablemente joven, a los 28 años y Antonio Machín, que debutó con su cuarteto por los años 30 y llegó a ser una de las grandes voces cubanas en el reconocimiento internacional a partir de su radicación en España. José “Cheo” Marquetti, Joseíto Núñez, Vicentico Valdés, Panchito Riset, Fernando Collazo, Pacho Alonso, Fernando Álvarez, Joseíto Fernández, Rolando Laserie, Dominica Verges, y otros cantantes que podrían figurar posteriormente en el hall de la fama cubano, empezaron sus carreras haciendo voces en orquestas, conjuntos, sextetos, septetos, estudiantinas, cuartetos y otros formatos soneros.

 

En toda la isla se desarrollaban formatos bailables como los Hnos. Palacio(1936) y Ases del Ritmo (1938) en Pinar del Río; la decana de las orquestas femeninas Anacaona (1932), aún vigente, la Siglo XX (1938), Riverside (1938)entre otras en La Habana, La Aragón de Cienfuegos (1939), Los Soneros de Camacho de Camagüey (1936), Chepín Choven (1932), Cuarteto Patria (1940) hoy con Elíades Ochoa, en Santiago de Cuba y otros.

 

A principios de la década del 40 surge Arsenio Rodríguez, que tras haber tocado en varias agrupaciones forma su conjunto “Todos estrellas” con grandes músicos como el trompeta Félix Chappottín y el pianista Luis “Lilí” Martínez Griñán y comienza una etapa de renovación orquestal en el son que lo reforzó desde varios ángulos, al punto, que muchos historiadores y estudiosos del son afirman que existen dos etapas, antes y después de Arsenio. Aquí se dio a conocer el gran Miguelito Cuní, que hacía la voz prima mientras Marcelino Guerra llevaba la “segunda voz”; también tuvo cantantes como Pedro Luis Sarracent, René Álvarez y otros.

 

Empieza a cobrar fama el Conjunto Casino (1940), quien fuera una de las agrupaciones favoritas del público, con Roberto Faz, el gran sonero blanco quien junto a las voces de Agustín Ribot y Roberto Espí llegaron a ser de los más difundidos de su época.

 

Benny Moré ya había sido descubierto por Siro Rodríguez y presentado a Miguel Matamoros, quien lo admitió como voz prima en el sexteto que formó para ir a probar suerte en México en 1945; había comenzado la carrera de una de las leyendas de la música cubana, que ya venía sabiendo del canto en las barras de los bares y el andar con una guitarra al hombro, en lucha abierta en contra del hambre.

 

La radio de provincias difundían a soneros como Pedrito Gómez, Caridad Hierrezuelo, y a entidades como el Conjunto Folclórico Changüí de Guantánamo de Arturo “Chito” Latamblet, y el Sucu suco de Mongo Rives de Isla de Pinos, que mantenían vivas esas expresiones que han venido a formar parte de la rica y compleja familia del son.

 

El negocio fonográfico empezaba a echar raíces en Cuba, pues hasta ese momento la norma era grabar para compañías extranjeras. La radio había conformado grandes emisoras, con un financiamiento publicitario ávido de modalidades artísticas que pudieran atraer a los consumidores y ya el público tenía medios para reconocer a sus intérpretes preferidos; el son había desbordado el nivel de barrio y lejos de ser algo indecente y prohibido, como se llegó a calificar por las recalcitrantes autoridades en sus inicios, había sido reconocido en varios sectores y clases sociales e incluso, había grupos soneros que amenizaban las fiestas del palacio presidencial; el son ya era demanda diaria y fuente de trabajo para los músicos de conservatorio y autodidactas. Ya el gran público sabía de tal o cual cantante, programas como “La Corte Suprema del Arte” habían descubierto a figuras importantes, como Benny Moré, Celia Cruz y Carlos Embale, entre muchos otros.

 

Las orquestas llamadas charangas, cuyo repertorio fuerte estaba centrado en las modalidades del complejo del danzón, incorporaban de forma natural sones que hicieron populares en las voces de sus cantantes. El importantísimo Antonio Arcaño y sus Maravillas, que basados en las virtudes del son desarrollaban su “nuevo ritmo”, América, Aragón, Melodías del 40, Sensación, Fajardo y sus Estrellas y otras popularizaron sones de su repertorio.

 

Cantantes como el carismático y polifacético Miguelito Valdés, Tito Gómez, Orlando Guerra “Cascarita”, Joseíto Núñez, el gran sonero Pío Leyva, Manuel Licea “Puntillita”, ya se hacían conocer del público - independientemente que fueran soneros en el más profundo concepto de la palabra, o simplemente cantaran en orquestas de son - ya el pueblo contaba con una imagen notablemente fuerte de su forma, de su propia concepción artística, con los cuales iba a bailar en los grandes recintos bailables de la época, pero ya estos mismos cantantes entraban en el sistema de estrellas, pasando a ser figuras míticas capaces de cautivar a público de diversos estratos sociales. Las giras al exterior, los discos, los más populares programas radiales albergaban a los grupos bailables donde brillaban sus cantantes y uno de los inventos del siglo, la televisión, llega a Cuba muy tempranamente para reforzar esta imagen.

 

Ya el sonero no era propiedad de los entendidos o los bailadores asiduos de las sociedades y clubes que cultivaron la música bailable e hicieron su coreografía, ya en las fiestas de la alta sociedad las parejas de jovencitos que estaban al tanto del último hit norteamericano, dejaban un espacio para el son, aunque lo bailaran atravesadas para el ojo experto de los conocedores.

 

El son se iba volviendo una verdadera industria, atrayendo la atención de empresarios en vivo, disqueras e inversionistas.

 

II.-

 

Los años 50 entran con la fuerza del negocio del espectáculo en plena expansión y el gran público tenía acceso a muchos más medios de promoción artística, Benny Moré ya era una realidad y después de haber cantado en México con Pérez Prado y en Cuba con Mariano Mercerón y Bebo Valdés, funda en 1953 su famosa “Banda Gigante”, dándole un tremendo impulso al género en el gusto popular gracias a su carisma y personalidad única.

 

Benny poseía una formación muy humilde, pero muy sólida en cuanto a preparación musical. Era intuitivo desde el punto de vista formal, pero su participación en los toques y fiestas religiosas de origen bantú desde niño, contribuyó a desarrollar su musicalidad extraordinaria. Otro de los aspectos que fue muy importante para que Benny alcanzara la estatura de leyenda, fue su conocimiento de la décima espinela, pues según cuenta Enrique Benítez, su amigo de toda la vida, hubo una época en la cual quiso ser improvisador al estilo campesino, lo que le dio un conocimiento sobre esta forma de poesía popular en Cuba, al punto que la mayoría de sus canciones conocidas, están escritas en esta forma poética.

 

Lajas mi rincón querido,

Tierra donde yo nací;

Lajas, tengo para ti,

Este mi cantar sentido.

Siempre fuiste distinguido,

Por tus cantos tan sinceros,

Tus hijos son caballeros

Y tus mujeres altivas,

Por eso digo ¡qué viva,

Viva Lajas y sus lajeros!

 

El conocimiento de la décima y la cuarteta, formas estrechamente vinculadas al folclor campesino cubano, constituyeron una ventaja para los cantantes de son o soneros a la hora de improvisar y muchas de estas décimas, fueran improvisadas o no, han quedado en sones antológicos, como la que Miguelito Cuní cantara en “Yo como candela” de Félix Chappottín:

 

Yo canté en el paraíso

y me hicieron un altar,

que yo me atrevo a cantar

al mismo Dios si es preciso.

Hago décima, improviso

al que es necio y al que sabe

yo no creo en lance grave,

yo me le enfrento a cualquiera

y si se me ponen fiera,

cierro y me llevo la llave.

 

Por supuesto, que los distintos sectores de público que llenaban los salones de baile, compraban discos o sintonizaban la radio, no se guiaban por estas cualidades, llamémoslas clásicas para definir a un buen sonero. Ya los 50 mostraban en todo su esplendor a leyendas como el Benny, Miguelito Cuní el cantante estrella del conjunto de Félix Chappottín, Roberto Faz, que ya había formado su propio conjunto, Niño Rivera, el gran tresero con su “combán”, Pío Leyva, que triunfaba cantando Cocaleca, El Mentiroso y otros números; Raúl Planas, que recién llegado de su Camajuaní natal empezara a sentar reales, Cascarita, Puntillita; Tito Gómez, que se mantenía vigente con la jazz band Riverside, Celia Cruz, Caridad Hierrezuelo, Los Compadres, Abelardo Barroso, Rumbavana, creada en 1955, Rolo Martínez, que cosechaba éxitos junto a Tata Ramos en la orquesta de Ernesto Duarte, “soneando” rancheras mexicanas como “Paloma sin nido” y “Échame a mí la culpa”, los sones y posteriores experimentos rítmicos de Pacho Alonso, la orquesta Revé, cuyos cantantes empezaban a difundir las canciones con la influencia del changüí gracias al timbalero de “La Loma del Chivo”; Rolando Laserie, Fernando Álvarez, que tras una escuela sonera ya despuntaba como el gran bolerista que llegó a ser, en fin, había un mercado del son, una difusión y plazas de trabajo, sobre todo en los salones y clubs de baile, que a pesar de una activa labor de penetración de los productores foráneos para promover su música, garantizaban la continuidad y renovación de los soneros, a pesar de que subsistían opiniones negativas en sectores netamente burgueses de nuestra sociedad acerca del son y su imagen.

 

Programas como Fiesta en el Aire, en radio y Show del Mediodía en TV, entre otros, contribuyeron a divulgar orquestas de todo el país y ayudaron a que estuvieran presentes en la capital agrupaciones como esa institución musical de Santiago de Cuba Chepín - Choven y Maravillas de Florida entre otras, y a pesar de la terrible situación política que vivía Cuba, de las acciones clandestinas en las ciudades, la guerra en las sierras de la entonces provincia de Oriente, y el macizo del Escambray en el centro de la isla, la represión brutal y el descontento general, el cubano seguía andando la vida del brazo de la música y continuaban saliendo orquestas de todo tipo, con acentuación en las charangas, intérpretes por excelencia de la moda del chachachá de Enrique Jorrín, como Ritmo Oriental, que se crea en el año 58 y que fue una de las más conocidas, sobre todo en la etapa de Crespo y Quiala, sus cantantes de más renombre.

 

Como preámbulo de esa década de vital importancia para el mundo que fue la de los sesenta, llega a Cuba la revolución, dando un vuelco tremendo a la vida en la isla. Con esta vida nueva salieron varias orquestas, como el conjunto Estrellas de Chocolate, que tenía como cantantes al “Chino” Lahera y a Arístides Valmaseda, el conjunto Musicuba, la famosa charanga sonera que creó Alberto Cruz, conocido como “Pancho El Bravo y sus Candelas del Tira Tira” y Estrellas Cubanas, un desprendimiento de Fajardo y sus Estrellas, considerada como una de las mejores charangas soneras de su época, con Sergio, Rudy y Luis Calzado como cantantes.

 

Se abría un capítulo nuevo a la historia musical de Cuba, se creaban las escuelas de arte, que tanto han contribuido al desarrollo musical de la isla, a pesar de sus errores de concepto al rechazar la música popular en un principio. El fenómeno del son se había extendido y tomado connotaciones propias al tropezar con manifestaciones hermanas en todo el Caribe y bajo distintos nombres y modalidades existían creadores como Catalino “Tite” Curet Alonso, La Sonora Ponceña, de Kike Lucca, Cortijo y su Combo y cantantes como el gran Ismael Rivera, “Maelo”, Andy Montañez y muchos más del hermano Puerto Rico, que junto a otros músicos caribeños enaltecerían internacionalmente este modo de hacer de la región años más tarde.

 

Abelardo Barroso, que se mantenía vigente con la orquesta Sensación, Benny Moré, quien muere tempranamente, Pacho Alonso y los Pachucos, la orquesta Aragón, con sus cantantes, Pepe “El Chino” Olmos y Rafael Bacallao; Riverside, con Tito Gómez y otras orquestas y grupos capitalizan el favor del público desde los medios de difusión en La Habana.

 

Con el espíritu renovador del cambio social revolucionario en Cuba y uniéndose a la pachanga, de Eduardo Davidson, comienza una etapa de surgimientos de ritmos, como el mozambique, de Pello el Afrokán, el pa’cá de Juanito Márquez, el pilón, simalé y upa upa, de Pacho Alonso y Enrique Bonne, que realmente fueron efímeros y no aportaron grandes figuras del canto, aunque cantantes reconocidos por sus interpretaciones en otros géneros, los cantaron.

 

En definitiva, el son siguió su camino, los conjuntos, charangas y bandas y algunos de los llamados “combos” continuaron su marcha; Ritmo Oriental caminaba hacia el éxito, Rumbavana hallaba la combinación perfecta con Raúl Planas; Saratoga, alternaba sus sones con los éxitos del bolerista Lino Borges. El pop hacía su entrada con fuerza, era la época de los cuartetos vocales, del renacer del filin, de los grandes shows de cabaret y algunos jovencitos no muy bien mirados, como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés empezaban a entonar canciones “raras” que después serían aceptadas por todos.

 

En 1967, entra en la Orquesta Revé un bajista que venía ya tocando en diferentes orquestas, sobre todo la acompañante del cabaret “Caribe” del Habana Libre, antiguo Havana Hilton. Juan Formell comenzó a arreglar y componer de tal forma que fue inevitable que llamara poderosamente la atención. Formell, al igual que Arsenio Rodríguez en su momento, comenzó a introducir cambios tímbricos, a agregar instrumentos eléctricos y Elio Revé, excelente organizador y hombre de olfato para el éxito, le dejó hacer, con lo que la Orquesta Revé se colocó en los primeros planos de la popularidad rápidamente y sus cantantes comenzaron a interpretar según los giros melódicos y el timbre que iba adquiriendo la orquesta.

 

En 1968 se experimentaron cambios económicos y políticos importantes en la vida del país que influyeron en la vida artística. Se acabaron los contratos y el estado empleó a todos los cantantes, músicos y artistas profesionales, creando una escala de salarios según la calificación obtenida en la evaluación artística profesional. Pasaron a un status profesional, con sueldo fijo, muchos músicos que tenían el llamado “carnet”, es decir, el reconocimiento para trabajar profesionalmente, aunque laboraran en otro oficio. Con esto, que fue un esfuerzo por brindar estabilidad al sector, se hicieron más rígidas las plantillas y se limitó la entrada al mismo. No obstante siguieron surgiendo grupos aunque no de manera tan espontánea como hasta entonces.

 

El son no sólo lo interpretaban formatos grandes, el dúo Los Compadres que se había fundado por Francisco Repilado y Lorenzo Hierrezuelo y ahora, en esta etapa, integrado por el propio Lorenzo y su hermano Reinaldo Hierrezuelo, “Rey Caney”, se hacía conocer internacionalmente con éxito; muchos tríos en toda Cuba dejaban escuchar sones y los órganos orientales, como Los Hnos. Ajo, Labrada y otros eran comunes en los carnavales y fiestas masivas de La Habana y otras ciudades con su sonido característico y versiones instrumentales de sones conocidos.

 

En 1969, Juan Formell conforma su propia agrupación: Los Van Van, que continuando la línea de trabajo que comenzara con Revé, estaba llamada a convertirse en la orquesta por excelencia de la música bailable cubana con el andar del tiempo. Van Van, a partir de entonces fue una influencia definitiva; cambió el concepto, incorporó nuevos elementos tímbricos al son y creó el songo, una variante sonera aceptada y disfrutada por todos.

 

Mientras, en Estados Unidos, siguiendo la tradición que comenzara por los años 30 con Frank Grillo con sus “Machito y sus Cuban Boys”, más la leyenda de Chano Pozo y Mario Bauzá, una serie de cantantes y músicos emigrados de Cuba, junto a otros de origen latino abrían en 1971 el camino a la resultante musical que con la música cubana como base, junto a giros y modos de hacer de la plena, la bomba, el merengue y otros ritmos “tropicales” iba a dominar el mercado, por sus propios méritos y por la ausencia en el mismo de los músicos que se habían quedado en Cuba junto a las nuevas generaciones de soneros de la isla: La salsa.

 

Desde el Cheetah, el Palladium y los discos de disqueras afines, Cheo Feliciano, Pete “El Conde” Rodríguez, Ismael Miranda, Adalberto Santiago, Héctor Lavoe, Santitos Colón, Bobby Cruz, junto a Celia Cruz, Justo Betancourt, Roberto Torres, Ismael Quintana y otros dejaban patente el camino que seguirían y engrandecerían muchos más. La labor discográfica de Jerry Masucci y Johnny Pacheco a través del sello Fania iba a trazar un camino hacia el éxito de muchos cantantes y artistas, que sin esta formidable iniciativa hubiera sido mucho más difícil de recorrer.

 

En esta época comienza su carrera un panameño, hijo de la cubana Anolan Díaz, - que había sido cantante de la Corte Suprema del Arte en sus buenos tiempos - que revolucionaría el concepto de la música bailable con gran acierto: Rubén Blades, que integró el ritmo de la salsa, bailable por excelencia, a textos para escuchar y que reflejaban un medio ambiente social, es decir, una especie de nueva canción salsera, logrando obtener una resultante de calidad y consumo conjugados que le abrió las puertas del éxito. Su binomio con el trombonista Willie Colón otro excelente músico y arreglista, fue memorable y posteriormente con Seis del Solar, siguió grabando excelentes discos que hoy son prácticamente clásicos.

 

Un talento excepcional, Oscar de León alcanzaba los primeros planos del género con Dimensión Latina, la excelente agrupación venezolana. Oscar, hombre de musicalidad extraordinaria, sería otra figura definitivamente influyente en el género. No es un hombre que se distinga por dominar la técnica más depurada a la hora de improvisar, desde un punto de vista clásico, pero su imaginación y su facilidad rítmico – musical, además de una gran extensión vocal, le permiten hacer todo lo que se le ocurra en un escenario. Venezuela aportó al son nombres como Canelita Medina, Enrique “Culebra” Iriarte, Vladimir Lozano, El Trabuco Venezolano, Sonero Clásico del Caribe y otros.

 

Por otra parte, el aporte de Puerto Rico con sus grandes leyendas, desde Ismael Rivera, el famoso Maelo, a quien Benny llamara “Sonero Mayor”, Rafael Cortijo, El Gran Combo, Andy Montañez, Roberto Roena, Cheo Feliciano, en fin toda la poderosa batería puertorriqueña, desde su despegue hasta ahora mismo, engrandecen la industria y han realizado un formidable aporte en orquestaciones y grandes voces al concepto moderno de la música bailable con profundas raíces soneras.

 

En Cuba, por el comienzo de los 70, se mantenían los grandes, Pacho Alonso, Aragón, Chappottín, Pancho El Bravo, Rumbavana, Estrellas Cubanas, La Revé, la pujante Van Van, Ritmo Oriental y surgen otras agrupaciones como Los Latinos, con Ricardito, de José Reyes, Los Chuquis, La Monumental con Arturito Clenton; Laíto cantaba con Senén Suárez, la Original de Manzanillo se presentaba con su acentuación única y surgía Irakere, del maestro Chucho Valdés, fundado en 1973, que conjugó el son con el jazz latino e impuso una sonoridad decisiva para el ulterior desarrollo de la música popular cubana, al tiempo que ha sido una formidable escuela de músicos.

 

Irakere, poseedor de un sonido propio y deslumbrante calidad de instrumentistas es una de las más importantes instituciones, de nuestra música popular. No poseyó un cantante propiamente dicho, Oscar Valdés, percusionista de primera, entonó los números de Irakere y gracias a su musicalidad cumplió muy bien su cometido, popularizando muchos éxitos de este super grupo. Posteriormente Mayra Caridad Valdés, José Miguel Meléndez y Carlos Manuel han actuado como cantantes con Irakere y por supuesto que muchas de las grandes figuras de la canción han trabajado con ellos, como el trovador Silvio Rodríguez que creó gran expectación al unirse a esta agrupación para un magnífico trabajo conjunto.

 

Adalberto Álvarez con Son 14 en 1978, abrió una muy importante etapa y Tiburón Morales se hizo una figura altamente popular con A Bayamo en Coche y otros magníficos sones de este excelente creador, que encontró la famosa plantilla en Santiago de Cuba y allá formó su orquesta. Adalberto había trabajado diversos arreglos y composiciones para grupos famosos, como Rumbavana, pero Joseíto González, el director de este conjunto, a pesar de grandes esfuerzos no pudo conseguir que entrara en su orquesta por aquel entonces.

 

Los años 70 – a pesar de la creación de Van Van, Yaguarimú en Matanzas, Son 14, ya en los finales de la década, los triunfos de Irakere y otros éxitos- no se distinguieron por ser una etapa favorable para el son. Este se mantuvo y se siguió incrementando, pero la moda musical se concentró en el desarrollo de la canción, sobre todo a partir de la organización del movimiento de la Nueva Trova en 1972, que trajo consigo el reconocimiento de los medios oficiales, lo que significó una mayor difusión e hizo que la mayoría de los jóvenes se orientaran hacia esos derroteros.

 

III.-

 

Con Van Van y Adalberto se abrió una etapa muy importante en la expresión sonera y éste último reformó su orquesta para en 1984 salir a la palestra Con Adalberto Álvarez y su Son, lo más sonero entre los salseros cubanos, hoy todo un clásico del género, por donde han pasado cantantes como Félix Valoy, Valentín, Jorge Luis Rojas, “Rojitas”, esa maravillosa voz que es Aramís Galindo y otros, manteniéndose vigente hasta los actuales momentos donde la agrupación sigue ocupando primeros lugares en su quehacer, como corresponde a un músico “fuera de serie”, como Adalberto.

 

Revé, siempre inquieto e incansable organizador entra en los 80 con su “charangón” a toda capacidad con cantantes como Moisés “Yumurí” Valle, que después brilla con luz propia, “Padrino”, “El Indio”, etc. En esta etapa la Revé vuelve a colocarse en los primeros planos de popularidad con ese espíritu organizador incansable y hoy en día se mantiene bajo la dirección de su hijo Elito, después del absurdo accidente que nos privó de su presencia.

 

Por esta época, Matanzas aporta al sonido sonero un Yaguarimú en pleno apogeo, Santiago de Cuba a Karachi, la región villareña a Aliamén y el son se renueva y enriquece, confronta con el sonido de la salsa y empieza a salir modestamente de la isla. México, con salones de baile como el California Dancing Club, Tropicana, el teatro Blanquita, Los Ángeles, Los Infiernos, Antillanos, Gran Salón y otros comienzan a contratar de manera asidua a orquestas cubanas; los festivales de Cali en Colombia demuestran ser un mercado acogedor para los nuestros, la añeja Europa –este y oeste- se sorprende ante el concepto musical cubano, la EGREM empieza a licenciar sus matrices con casas disqueras internacionales y nombres de autores, cantantes y orquestas empiezan a rodar por el mundo.

 

Ya en los finales de la década de los 80, están incorporados a las orquestas y agrupaciones de primera línea, músicos que vienen con la excelente formación académica de las escuelas de arte y un grupo de ellos, bajo la idea del flautista y orquestador José Luis Cortés, “El Tosco”, como le llamaban cariñosamente sus compañeros de estudios, se agrupan para grabar un disco que se llamó “Nueva Generación” y que realmente dejaban patente un criterio musical, producto de una educación, información y concepto diferente, sin perder la legitimidad de una estética cubana. Este disco fue la génesis de la famosa NG La Banda, que revolucionó el concepto del son y asentó las bases propuestas por Van Van e Irakere, para lo que hoy día se denomina como “timba”.

 

NG con Isaac Delgado y Tony Calá como principales cantantes, rápidamente se colocó en la preferencia del público, llegando a ser de las agrupaciones más importantes de su época; con prácticamente una estrella en cada instrumento, NG La Banda ha sido una de las agrupaciones más influyentes en cuanto a formato, timbre y fraseo de todo lo que posteriormente vino a la luz en el mundo musical bailable.

 

Pachito Alonso, hijo del gran Pacho Alonso, también graduado de piano en las escuelas de arte, sigue la carrera de su padre al heredar y renovar su orquesta y forma Pachito y sus Kini Kini, que ha tenido como cantantes a las hermanas Nuviola, José Luis Arango, Lele Jr. y hoy en día a sus hijos: Cristian y Rey, herederos de la gran tradición musical de su familia.

 

Los 90, fueron una década de consolidación de la música bailable; la flexibilidad en las normas, contrataciones artísticas y formas de pago, más el desarrollo del turismo, que alienta por excelencia las manifestaciones costumbristas en una apertura del país, después del derrumbe del campo socialista, hacen que nuestra música bailable ocupe el primer lugar en la oferta cultural hacia el visitante; la creación del Palacio de la Salsa, La Cecilia, los bailables en la piscina del hotel Neptuno, La discoteca “Aché” del Meliá Cohiba, El Café Cantante del Teatro Nacional de Cuba, la Casa de la Música de EGREM, vienen a ser los lugares donde la creación musical bailable se concentra y define como expresión comercial, mientras el Salón Rosado de la Tropical, la catedral del baile en Cuba, la llamada “Plaza Roja de la Víbora” y otras plazas, siguen siendo la expresión sociocultural, el patio de recreación proletaria donde idioma y moneda no difieren.

 

Ya la salsa ha ganado un espacio y reconocimiento internacional, además de una imagen de marca alrededor de la “música tropical” donde caben géneros y estilos diferentes, como Juan Luis Guerra con sus bachatas, Marc Anthony, La India, Luis Enrique, Gilbertito Santa Rosa, Víctor Manuel que ya son figuras reconocidas y unen sus nombres a los de las leyendas como Oscar de León, Andy Montañez, Cheo Feliciano y otros tantos que se mantienen activos.

 

La eficiente labor de promoción hacia el exterior de empresas como ARTEX y EGREM,- que crearon a partir de gestiones y seriedad en el trato con empresarios - un rentable y asiduo circuito de giras europeo, más la apertura del campo de negocios del fonograma a la iniciativa privada extranjera unido a una polarización en la difusión de nuestra excelente música bailable, trajo una etapa de prosperidad a lo que se le llamó timba cubana, volviendo a brillar las orquestas y por supuesto, sus cantantes, los nuevos soneros, o como también son llamados: timberos.

 

Claro que no todo es timba, numerosos grupos de jóvenes han mantenido los formatos tradicionales, como Sierra Maestra, con el inolvidable José Antonio “Maceíto” Rodríguez y Juan de Marcos González, tresero y defensor de la música tradicional, creador del proyecto “Buenavista Social Club”, “Afrocuban All Stars” y “A toda Cuba le gusta”. Raison, de Efraín Ríos con su hermano el compositor Luis Emilio como cantante principal, Chicuelo Son, o los Jóvenes Clásicos del Son, magnífico septeto, que unidos a los longevos Septeto Habanero, Los Naranjos y el Nacional de Ignacio Piñeiro junto a muchos más mantienen vivo ese sonido inconfundible del septeto y el conjunto.

 

Al igual que en los 70, cuando la moda impulsó a muchos cantantes hacia los grupos de la nueva trova, ahora vuelven a surgir solistas y grupos atraídos por la difusión y el éxito de este son moderno. Issac Delgado con su orquesta triunfa internacionalmente, Lucrecia Pérez, quien sale de Anacaona para hacer una brillante carrera de solista que hoy continúa desde España, Son de Oro de Matanzas, la magnífica agrupación “Manolito Simonet y su Trabuco” que llegó con su formato y repertorio de gran personalidad, desde Florida para hacerse internacional, la Banda Meteoro, Chispa y sus Cómplices, la formidable Sur Caribe de Ricardo Leiva, emblema de Santiago de Cuba y muchas más son ejemplos.

 

Otro aspecto a destacar, es el notable crecimiento de la presencia femenina en el son, además de la prestigiosa orquesta Anacaona, agrupaciones como Son Damas, Las Canela, Caribe Girls y otras mixtas, como Karovan y Azúcar, forman parte del entorno musical, demostrando que hoy en día las agrupaciones femeninas y más aún, la presencia de la mujer no es puramente ornamental, sino en base a estudios y excelencia musical.

 

Los 90 consolidan a artistas y agrupaciones que vienen recorriendo un camino y el formidable estímulo de un segmento de público turístico de mayores posibilidades económicas para remunerar el trabajo artístico, - a pesar de la difícil situación económica debido al bloqueo de Estados Unidos hacia Cuba- que hacen florecer a las orquestas y grupos bailables.

 

Cantantes y agrupaciones nuevas aparecen y se vuelven favoritas del público. La Charanga Habanera, de David Calzado, irrumpe con un estilo diferente, creando una expresión muy personal de “orquesta show”, con coreografías agresivas y novedosas para este tipo de agrupación en su inicio y está consolidada hoy día como una de nuestras agrupaciones con más poder de convocatoria en todo el país. Cantantes como Leo Vera, Mayito Rivera, Coco Freeman, Gardi y Michel Maza son evidencias del cambio de los tiempos y la excelente preparación musical de nuestros músicos y artistas actuales, poseedores de técnica y formación de altos quilates.

 

Víctor Torres, inquieto director del Instituto Cubano de Radio y TV creó el programa “Mi salsa entre músicos”, que le dio un formidable impulso al género bailable y fue un excelente vehículo difusor de este tipo de música. Además, creó el concurso anual “Buscando al sonero”, que ha contribuido a que se destaquen muchos solistas jóvenes que han nutrido las grandes orquestas posteriormente; Arragoitía, Joel Barz, Fernando, “Kalunga” y otros que se dieron a conocer desde ese concurso son hoy soneros reconocidos.

 

Orquestas como Bamboleo con Haila Mompié, - que posteriormente forma parte de Azúcar Negra y ahora es una de nuestras más renombradas solistas – la exitosa Vania Borges y ahora con la deslumbrante Tania; Juan Kemel Barrera con La Barriada, Conexión Salsera de David* Sirgado, Colé Colé, y muchas agrupaciones surgen, nutridas de músicos egresados de las escuelas de arte.

 

Uno de los fenómenos más espectaculares de la ola de salseros – soneros de los 90 lo constituye Manuel González Hernández, “Manolín, El Médico de la Salsa”. Sin poseer una voz espectacular, más bien todo lo contrario, Manolín ha demostrado la importancia de ser un buen comunicador en el negocio de la música y el espectáculo de los 90. Con canciones que contienen en el estribillo alguna frase picaresca, que refleja de algún modo el medioambiente social, logró un éxito impresionante, siendo el artista más vendedor de nuestro aún incipiente mercado del disco en su momento y demostrando, que el negocio del espectáculo se basa, primordialmente, en la comunicación entre artista y público, aún por encima de la calidad, algo que se hace necesario comprender por nuestras instituciones que tienen que ver con la música y su difusión. Pero no para cruzarse de brazos, sino para explotar inteligentemente esos conceptos en pro de la cultura.

 

Ya cercano el año 2000, ocurrió un fenómeno muy interesante en el ámbito internacional, basado en un realce a las manifestaciones “retro”, que también se reflejó en el complejo del son. El triunfo de Francisco Repilado, “Compay Segundo”, ha puesto de moda a músicos y cantantes de tercera edad, como Pío Leyva, Raúl Planas, Manuel Licea “Puntillita”, Estanislao “Laíto” Sureda, Rolo Martínez,; Los Soneros de Camacho, La Vieja Trova Santiaguera, Eliades Ochoa, el más joven de los “veteranos”, El Cuarteto Patria, Muso y su Sonora y otros.

 

Disqueras nacionales e internacionales invirtieron en este sonido y discos como Cubanismo, Buena Vista Social Club, A toda Cuba le gusta, Introducing Rubén González, Cuba Forever, Las más Famosas de Cuba, Yo como candela y tantos otros de distintas disqueras, rindieron culto y homenaje a esta música imperecedera.

 

Este fenómeno de la música retro no fue contradictorio con la vanguardia musical bailable cubana y verlo de manera diferente constituiría un error. No hay que olvidar, que a partir del conflicto entre Estados Unidos y Cuba, los músicos que se quedaron y surgieron posteriormente en la isla, se vieron excluidos no sólo del mercado estadounidense, sino de todo el mercado de influencia de aquel país, y la imagen de la música cubana que se ha difundido desde entonces, fue la de los años 50, hasta que surge la salsa. El mercado y/o el público se vio privado del desarrollo y la evolución sonora de la vanguardia musical bailable cubana, por lo que no resultaba descabellado para las casas disqueras el aprovechar esta moda retro y buscar el mercado precisamente volviendo al punto de ruptura, para ir evolucionando después.

 

No quiere decir esto que el sonido retro fuera una estrategia de conjunto, sino que vino bien por varias razones, entre ellas, para enriquecer la memoria musical del país y actualizar bellos aportes de creadores importantes en la historia de Cuba y del complejo sonero internacional, por tanto, a pesar que hay personas que aún discuten sobre el tema, creo que hay que darle la bienvenida definitiva para la historia, pues espacio de sobra hay para que los distintos segmentos de mercado acojan una amplia gama de formas, estilos y timbres diferentes.

 

Aún cuando es verdad que la película de Win Wenders da una imagen dramática y parcializada de una Habana deteriorada y triste, sin evidenciar la resistencia por una parte y los progresos de esa misma Habana o pueblo habanero por la otra, el equipo realizador del proyecto sacó hacia delante a algunos de nuestros talentos legítimos y nuestra música tradicional, por tanto no le pidamos a ese equipo que haga lo que tenemos que hacer nosotros, es decir, nuestra responsabilidad de campañas profesionales e inteligentes para promover el talento cubano actual por todo el mundo, con la comprensión y la inversión que eso conlleva.

 

Los soneros continúan su camino, ya la improvisación no se rige por las formas poéticas de antaño, aunque hay soneros como Cándido Fabré que con un conocimiento de la cuarteta y la décima, improvisa en rima consonante; ya la improvisación es más libre, a veces con rimas asonantes y a veces sin rimar, pero la evolución no ha hecho perder el encanto ni el alarde de musicalidad que tanto disfrute provoca en el público.

 

Hay soneros como Mayito Rivera que sin poseer un registro deslumbrante, sorprende por su bien timbrada voz y su ingenio musical apoyado por una formidable formación técnica, a la hora de improvisar. Otros deslumbran con su calidad vocal y su extensión. El popularísimo Paulito FG, junto a Gardi, Arnaldo Rodríguez y su Talismán, que realizan una muy interesante fusión en el ámbito bailable, son poseedores de un encanto especial y todos – en definitiva- son excelentes cantantes.

 

Agrupaciones como Pupy y los que Son Son, Pedrito Calvo, la renovada Van Van, la popularísima Charanga Habanera, que entra a escena con una expresión artística cargada de influencias cosmopolitas, Orlando “Maraca” Valle, que muestra la suma de buenas influencias en un son profusamente cargado de elementos jazzísticos, influencia de Irakere y Nueva Visión; el dinámico Arnaldo y su Talismán, Tumbao Habana, El Clan, Fiebre Latina y otras orquestas que cada día ganan más adeptos, se unen a la leyenda y aunque el sonero actual, o el que ha ocupado ese plano, tiene otras exigencias, debido a esa referida imagen de fusión que incluye aspectos cosmopolitas y cierta imagen con elementos del pop y la llamada “canción ligera”, no hay que dolerse ni preocuparse, pues el son cubano – desde el rellollo hasta la variante de la timba- viene siendo como una fiesta nacional, y si le damos la vida que merece; si apoyamos la presencia de nuestras grandes bandas en los lugares correctos, tanto para el pueblo, que se merece el disfrute, como visión de nuestra cultura musical al exterior, en lugares frecuentados por los turistas ávidos de interés musical, - y esto no sólo es válido para el son, sino para nuestra música en general – tendremos garantizada nuestra historia y nuestra presencia.

 

El mercado cubano es pequeño y agredido, pero como referencia, nadie olvide que es enorme, por su prestigio, lo que provoca que siempre haya muchos ojos sobre nosotros. En el año 2005, a iniciativa de la empresa Bucanero S.A. se celebró un concurso de orquestas bailables donde compitieron – presentadas por sus respectivos Centros Provinciales de Música – 40 agrupaciones de todo el país, destacándose de forma especial, el excelente Septeto Nuevo Tumbao, de Manzanillo; Son del Sur, de Cienfuegos, Alejandro y sus Onix, de Villa Clara y Denis y su Swing de Ciudad de la Habana, que fue en definitiva la agrupación ganadora del concurso. Larga vida pues, al son y sus voces, conocidas o no, porque cuando cantan con sentimiento, talento y entrega, realizan el milagro de convertirse en un amanecer para el alma de todo aquel que ame la música.

 

* Nota del Editor: En este nombre hay un pequeño error. El autor a quien en realidad se refiere es a Nicolás Sirgado, bajista y guitarrista que fundase y aún dirige el grupo Conexión Salsera. David Sirgado, hermano de Nicolás, fue un trovador, lamentablemente desaparecido en un accidente automovilístico ocurrido en Polonia durante la primera mitad de los 90.

 

 

Tomado de Cubarte (portal electrónico),

www.cubarte.cult.cu

 


 

CONVERSANDO CON

 

 

 

 

Camerata Romeu: en la vanguardia musical cubana

 

Por Susadny González Rodríguez

 

Con una extensa ovación, centenares de santaclareños agradecieron la exquisita ejecución hecha por la primera Orquesta de Cámara femenina de Cuba —única de su tipo en el país—, dirigida por Zenaida Castro Romeu, descendiente de músicos ilustres, quien creó esta agrupación en 1993.

 

Virtuosismo y pasión se fundieron en cada pieza para ofrecer una deslumbrante disertación de cubanía, con las interpretaciones de Final obligado, del cienfueguero Carlos Fariñas, o Camerata en Guaguancó, de Guido López Gavilán, entre otras piezas del repertorio latinoamericano y de otras latitudes.

 

El clima agradable de la noche creció ante la calidez y cortesía de una mujer que —la observé, apasionada y enérgica dirigiendo a sus pupilas— jamás hubiese imaginado tan amable y accesible. Así es que, durante una hora y media, tuve el honor de llevar la batuta y orquestar un diálogo a dos voces.

 

«Estoy halagada con el resultado de este concierto. Al parecer las estrellas se han alineado para permitirnos este recorrido por diferentes ciudades del país».

 

—¿Qué se siente al pertenecer a una familia de músicos emblemáticos?

 

—Un compromiso. Mi abuelo fue un maravilloso director de danza, uno de mis tíos fue un pionero del jazz y el otro un niño prodigio en el piano, con apenas 11 años. Mi madre, una excelente concertista, pedagoga, a ella le exigía que me diera clases de piano. Desde niña me atrajo la música, además siempre estuve rodeada de quienes la hacían.

 

«Me gradué a los 15 años de profesora de teoría, solfeo y armonía en el Conservatorio Internacional. En el ISA terminé los estudios superiores de dirección coral y de orquesta y recibí clases de Gonzalo Romeu, la húngara Agnes Kralovsky y los alemanes Olaf Koch y Gert Frishmuth».

 

—El Coro Cohesión, que creó en 1982, dejó su impronta en el movimiento coral cubano...

 

—Ese fue mi primer hijo artístico. Era un coro de cámara de 12 personas, que yo dirigía sin pararme al frente. Fue algo novedoso, con él se introdujo en Cuba el movimiento escénico, la expresión corporal, la música instrumental en las voces. Estuvimos trabajando cinco años. Nos convertimos en motivo de inspiración para muchos artistas. Constituyó un proyecto renovador y esa renovación la he llevado a mi orquesta.

 

—Su estilo de dirección se considera singular y depurado. ¿A qué lo atribuye?

 

—Comencé en esta especialidad por idea de Frank Fernández, quien en un festival de coros en Santiago me lo propuso. Al regreso cambié el piano por la dirección de orquesta. Lo que he logrado se lo debo a la solidez de la base técnica que aprendí con la profesora húngara, y a los años de experiencia con la agrupación.

 

—¿Qué valores se propuso promover al crear la Camerata Romeu?

 

La Camerata surgió en pleno período especial. En ese entonces este tipo de música estaba devastado. Fuimos una luz que llegó cuando muchas cosas se estaban derrumbando. Con ella quise crear un espacio que no existía para la mujer profesional dentro de la música de cámara y construirle una imagen superior. También defender los valores de la cultura cubana y latinoamericana.

 

—¿Se enorgullece de haberlo conseguido?

 

—Sí. Cuando viajamos al exterior encontramos muchas personas escépticas. Luego algunas llegan llorando y se disculpan. Mi aspiración es que cierren los ojos y escuchen la fuerza de la música sin pensar en el género de quienes la ejecutan. Creo que he sido capaz de transmitir toda la tradición cultural que heredé. La Camerata es un taller, donde a veces tengo que hablar de literatura, ballet, teatro, de la vida, para lograr lo que ellas necesitan transmitir».

 

—¿La garantía de su éxito con la Camerata...?

 <