LOS QUE SOÑAMOS POR LA OREJA

BOLETÍN DE MÚSICA CUBANA ALTERNATIVA

 

Edición no. 29, abril de 2007

 

La presente publicación electrónica se apoya en una antigua y aún vigente tradición periodística: el derecho de cita. Los que soñamos por la oreja apela a colaboraciones originales para este boletín y a todo material informativo encontrado en los medios de comunicación, a propósito de promover y analizar lo concerniente a la escena de la Música Cubana Alternativa. Los textos aquí incluidos expresan las opiniones de sus autores, de las cuales no somos responsables.

 

CONTENIDO

 

PRESENTACIÓN

Una fiesta caribeña

Por Joaquín Borges-Triana

 

CONCIERTO CUBANO

Leonardo Acosta: Quijote de la música afrolatina

Por Rafael Bassi Labarrera

Habana Abierta: El reencuentro en el documental cubano

Por Laura Redruello

 

CONVERSANDO CON

Javier Zalba. La mayor parte de mi vida la dedico a estudiar

Por Oni Acosta Llerena

Yotuel: "Aún queda Orishas para muchos años

Por José A. Neketan

Roberto Fonseca: «Mi política es la música»

Por Pedro Calvo

NG La Banda, una orquesta cubana en pleno auge

Por Rafael Lam

 

DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Informaciones y comentarios acerca de…

Lanzamiento de libros de Olavo Alén y Jesús Gómez Cairo, reconocimiento a Omara Portuondo en Ciego de Ávila, celebración de América Cantat y del festival de fusión “Piña Colada”, II Congreso Música e Identidad en el Caribe, actuales planes de Mara y Orlando, Premios Cuerda Viva y Adolfo Guzmán, próximos conciertos de Luisa María Güell, Meme Solís y Vanessa Formell, nuevos CDs de Orquesta América, Lázaro García, Harold Gramatges, Roberto Fonseca y Mario Darias, y mucho más.

 

EL OIDOR CRÍTICO

 La siempre virtuosa Camerata Romeo

Por Leonardo Gell Fernández-Cueto

La Casa del Habano: Echando Humo

Por Humberto Manduley López

Rutas de una jornada

Por Michael H. Miranda

Leonardo García canta a su público

Por Joaquín Borges-Triana

¿ Música de Concierto en los previos de Holguín

Por Leonardo Gell Fernández-Cueto

Pablo Milanés. Los desafíos de un trovador

Por Cristian Vitale

 

DE PUÑO Y LETRA

Del otro lado del sol

Generación X

Ahorcados de créditos

Bolero

Por Samuell Águila

 

LA COMPACTOTECA

Reseña de los discos:

Habana Blues (Habana Blues), Akapelleando (Sampling), Flauta virtuosa (Niurka González).

 

UNA IMAGEN POSIBLE

Leonardo García. Concierto De paso por el Sol

Por Yamil Díaz Gómez

José Raúl García. Entre el cantar juglaresco y Compay Gallo

Por Joaquín Borges-Triana

Hortensia Upmann: Una de las grandes pedagogas del piano cubano

Por Leonardo Gell Fernández-Cueto

Los Meme: ¿nostalgia o trascendencia?

Por Raúl Fuillerat Alfonso

EDELMIRA EN EL RECUERDO

Por Zenovio Hernández Pavón

 

WHERE ARE YOU FROM ASERE?

In this issue

By Joaquín Borges-Triana

Robin Moore. Music and Revolution: Cultural Change in Socialist Cuba.

By José A. Gómez-Davidson

Chucho Valdés And The Birth Of Irakere

By Chris May

 

 


 

PRESENTACIÓN

 

Una fiesta caribeña

 

Por segunda ocasión, quien esto redacta ha tenido la posibilidad de visitar República Dominicana. Como que “los que soñamos por la oreja” somos una familia, uno no puede andarse por las ramas y hay que decir las cosas tal y cual son. Por eso, no queda otro remedio que expresar que, después de esta segunda experiencia, corroboro la idea que tuve en el 2002, cuando pisé por primera vez el suelo dominicano: aquel país es lo mismo que Santiago de Cuba y Guantánamo, con la diferencia de que allí uno se puede tomar toda la coca cola del mundo (por supuesto que nunca se acaba) y por cualquiera de las calles de ciudades como Santo Domingo y Santiago de los Caballeros circulan muchos pero muchos más carros que en su conjunto por nuestras dos provincias del oriente cubano. Por lo demás, la amabilidad y gentileza de aquel hermano pueblo es sencillamente proverbial y para quienes vamos de aquí en visita a dicho país, las atenciones y los gestos solidarios son a toda hora.

 

En la presente edición de nuestro “bole” se recogen varias informaciones a propósito del II Congreso Música e Identidad en el Caribe, que sesionara en Santiago de los Caballeros entre el 13 y el 15 de abril, dedicado al tema del son y la salsa. Empero, una de las cosas más hermosas de este evento y que lamentablemente no aparece en ninguno de los tantísimos servicios informativos generados a propósito del encuentro, fue que allí pudimos compartir en plena armonía y total respeto, cubanos representantes de los moradores tanto del sur como del norte del malecón, en expresión de esa Cuba transnacional, plural, políglota y transterritorial que en materia de música y de cultura en general se ha ido conformando, como el jardín de los senderos que se bifurcan al que se refiriese Jorge Luis Borges.

 

Así, como conferencistas o ponentes en el Centro León de Santiago de los Caballeros estuvimos “cubaniches” llegados de Cuba, México, Puerto Rico o incluso, compatriotas residentes en la propia República Dominicana. Dada la buena onda que todos compartimos, no me privo de mencionar los nombres de quienes comprobamos una vez más que es mayor el número de cosas que nos unen que el de las que nos separan: María Teresa Linares, Danilo Orozco, Cristóbal Díaz Ayala, Olavo Alén, Mireya Martí, Mivian Ruiz, Mercedes Cruz Jorge, Grizel Hernández, Liliana Casanella, Rolando Pérez, José Cuenca y un servidor. Esto sin olvidar que allí también estaban con los antes mencionados, otros nacidos en esta tierra, como Marisa, la esposa de Cristóbal, Cuca, la compañera de Johnny Pacheco, músicos como Chucho Valdés, Pancho Amat y Eduardo González, o periodistas como Alfonso Quiñones. En fin, para cuantos asistimos al II Congreso Música e Identidad en el Caribe, el mismo resultó una fiesta de esas que no se olvidan.

 

Joaquín Borges-Triana

 

 

 

 


 

CONCIERTO CUBANO

 

Leonardo Acosta: Quijote de la música afrolatina

 

Por Rafael Bassi Labarrera

 

Encontrar un texto de Leonardo Acosta me sigue produciendo una gran emoción. Igual me sucedió cuando me inicie en estos ajetreos de indagar sobre la música popular. Sus esclarecedores escritos van mucho más allá de la reseña histórica y nos incorporan en una “descarga conflictiva” con puntos de vistas audaces que nos alientan a meditar y a reflexionar en torno a la problemática de los géneros musicales del Caribe.

 

 Recuerdo que cuando los organizadores de Barranquijazz anunciaron que para la tercera versión del festival internacional de jazz de Barranquilla en septiembre de 1999 vendría una numerosa delegación cubana que contaría con la presencia de algunas de las legendarias estrellas participantes en el famoso proyecto Buena Vista Social Club, ganadores del premio Grammy 1998; como a todos los amantes de la música cubana me embargó el júbilo, pero la alegría fue mucho mayor cuando supe que haciendo parte de esa comitiva musical vendría don Leonardo Acosta. Inmediatamente me di a la tarea de establecer contacto con él; y en una comprobación de la máxima trotskista del desarrollo desigual y combinado le envié vía Internet un extenso cuestionario.

 

 Al saludarlo al momento de su llegada al aeropuerto Ernesto Cortissoz y luego de las correspondientes presentaciones, me hizo entrega de sus respuestas escritas en su vieja y querida máquina portátil que años después tendría oportunidad de conocer en su apartamento del habanero barrio del Vedado y con el fino humor que lo caracteriza me dijo: “Aquí te entrego el examen”.

 

 Desde ese día hemos mantenido una fraternal relación.

 

 Debo confesar que sentí una extrema felicidad cuando recibí la noticia por correo electrónico que el Ministerio de Cultura de Cuba había otorgado a Leonardo Acosta el Premio Nacional de Literatura de 2006. Me conmovió muchísimo su discurso de aceptación, donde haciendo gala de su humildad Leonardo Acosta dijo: “A mis años un premio de esta envergadura se reciba mas bien con parsimonia, con la discreción que exige la humildad, sin alardes triunfalistas ni celebraciones a bombo y platillo”.

 

 En sus Palabras de Elogio al Premio Nacional de Literatura 2006 decía el escritor cubano Reynaldo González que Leonardo Acosta “Cuando escribe, musicaliza. Sus páginas nos traen una partitura de sorpresas y transiciones. Parecería que las palabras se le llenan de acordes para hallarle sentido al sinsentido, penetrar en la historia desde la idiosincrasia. La suya es una escritura aleatoria, inconforme con los caminos trillados y las fijaciones que más que enriquecer, constriñen”. Destacaba igualmente el poeta González la rica diversidad en la obra ensayista de Leonardo Acosta y su espíritu renovador: “En su mesa de trabajo los asuntos que lo inquietan hallan un tratamiento profundo y documentado, sin que le falte la sal de la polémica, sin acceder a caprichos o modas. Su interés denominador es un conocimiento ambicioso de los historiado y lo inmediato, lo popular y lo culto aunados en un cuerpo único y múltiple, el de la cultura cubana”.

 

 Ahora tenemos el privilegio de observar en una publicación de la editorial La Iguana Ciega la forma en que Leonardo Acosta nos presenta sus Visiones de la Música Cubana. Aquí encontrará el lector “otra” forma de mirar nuestra música popular que seguramente lo llevará a confrontar algunas de sus “verdades”.

 

Armado con su incisiva pluma, Leonardo Acosta cual caballero andante, derrumba en la primera parte de este libro titulada Visiones y Mitos, unas cuantas leyendas y fábulas del mundo de la farándula que oscurecen la historia de la música popular del Caribe, iluminando el camino y ofreciéndonos nuevas visiones. Afirma Acosta que “Existe una necesidad real de liberarnos de innumerables mitos y dogmas que con el tiempo han ido saturando y desvirtuando toda nuestra musicografía”. Precisamente un dogma muy extendido es el relacionado con agrupar en complejos a los ritmos populares, discusión que aborda en la parte denominada De los complejos genéricos. Luego en Música y Cultura Popular Cubana nos muestra algunas pistas para seguir en la exploración de la cultura caribeña. Como diría un aficionado a la tauromaquia, en los ensayos Los Inventores de Nuevos Ritmos y Realidad sobre Cachao y el Mambo, corta rabos y orejas, usando como premisa fundamental que “Esta comprobado que casi nada surge de una sola fuente ni nadie crea nada por si solo”.

 

 Encontramos en la segunda parte titulada Visiones y Confluencias, interesantísimas miradas sobre el intercambio musical cubano con el mundo en los capítulos La Diáspora Musical Cubana y El Impacto de 1898 en la música del Caribe, continuando con la combinación de la música afrocubana con las músicas populares de otros países en Jazz Afrocubano y Afrolatino y La Fusión en la Música Popular cubana; para rematar con una profunda reflexión sobre los sonidos contemporáneos en Música Techno, ruido y medio ambiente.

 

 En la parte tercera titulada Visiones sobre la música tradicional, Acosta nos expone importantes enfoques sobre la vigencia de la denominada música comercial en los capítulos: Buena Vista Social Club y las trampas de la nostalgia de la popularidad y Sabor a Bolero: algunos interrogantes acerca del bolero. Cierra el libro la parte cuarta titulada Visiones sobre Salsa y Timba mostrando dos ensayos relacionados con el movimiento de la salsa, su curiosa incidencia en Cuba y las nuevas tendencias bailables de la música cubana.

 

 Seguramente algunas de las opiniones expresadas por el Maestro Leonardo Acosta en este libro van a provocar cierto escozor y hasta rechazo por parte de los espíritus tradicionalistas y conservadores. Pero los investigadores y lectores avezados van a encontrar en su interior una cantera de información útil y certera como solo podría formularla uno de los grandes musicólogos cubanos de todos los tiempos.

 

 

Curramba, Marzo 2007

 

OTRA VISIÓN DE LA MÚSICA POPULAR CUBANA

 

PRIMERA PARTE-

 

 1. TODO EMPEZÓ ANTES

 

2. DE LOS COMPLEJOS GENÉRICOS

 

3. MÚSICA Y CULTURA POPULAR CUBANA

 

4. LOS INVENTORES DE NUEVOS RITMOS

 

5. LA REALIDAD SOBRE LA DESCARGA, EL MAMBO Y CACHAO 

 

 SEGUNDA PARTE- VISIONES Y CONFLUENCIAS

 

 1. LA DIÁSPORA MUSICAL CUBANA

 

2. INTERINFLUENCIAS Y CONFLUENCIAS ENTRE LAS MÚSICAS DE CUBA Y LOS ESTADOS UNIDOS

 

3. EL IMPACTO DE 1898 EN LA MÚSICA DEL CARIBE

 

4. JAZZ AFROCUBANO Y AFROLATINO

 

5. LA FUSIÓN EN LA MÚSICA POPULAR CUBANA

 

6. TECNO, SONIDO Y RUIDO: DE VARESE A LA CHAMPETA Y EL REGUETÓN

 

 TERCERA PARTE- VISIONES SOBRE LA MÚSICA TRADICIONAL

 

 1. POPULARIDAD, UTOPÍA Y REALIDAD DEL BUENAVISTA SOCIAL CLUB

 

2. SABOR A BOLERO: ALGUNOS INTERROGANTES ACERCA DEL BOLERO LATINOAMERICANO

 

 CUARTA PARTE- VISIONES SOBRE SALSA Y TIMBA

 

 1. UNA PELEA CUBANA CONTRA LA SALSA

 

2. LA TIMBA Y SUS ANTECEDENTES EN LA MÚSICA BAILABLE CUBANA

 

Habana Abierta: El reencuentro en el documental cubano

 

Por Laura Redruello*

 

Hablar de emigración y de exilio implica hablar de tensiones morales, dramas de conciencia, partidas, reencuentros o frustraciones. Aunque todos ellos parecen tópicos ideales para la proliferación de muchas obras artísticas, lo cierto es que durante muchos años la emigración y la condición de emigrado supusieron para la cultura cubana la entrada a una zona marginal innombrable sin cabida dentro de la Revolución. Exceptuando las Memorias del subdesarrollo (1968) de Tomás Gutiérrez Alea y algunas obras de Jesús Díaz, como 55 hermanos (1977) o Lejanía (1985), el cine cubano convivió durante años en silencio con las personas que se marcharon y con el deseo, la necesidad y la dificultad de reanudar relaciones normales con ellas.

 

Habrá que esperar hasta bien entrados los años 90 para que una buena parte de la producción artística comience a afrontar el tópico de la emigración desde sus más diferentes facetas y con la profundidad que merece. Los nuevos acontecimientos sociales, económicos y políticos que marcan el Período Especial y la nueva línea de diálogo con el exilio retomada en esos años por el gobierno, desembocan en una incipiente apertura discursiva que convierte el tema de la partida en uno de los más habituales de la gran pantalla de cine del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).

 

Sin embargo, afirma Désirée Díaz que aunque los 90 abren el cine a nuevos conceptos que logran romper con las miradas negativas que habían prevalecido hasta el momento en el tratamiento del exilio, proponiendo un enfoque más humanista, la gran mayoría de las películas continúan marcadas por dos sentimientos claros: el de la nostalgia y melancolía del emigrado, que marcan tanto su salida como su regreso, y el de la pérdida que conlleva la partida. Afirma la crítica que en el cine cubano, incluso en los 90, al que vuelve a la Isla se le sigue representando como aquel “que intentando recuperar un espacio, no logra más que la constatación de su perdida paulatina y casi definitiva” Lo cierto es que si echamos un vistazo a los personajes que regresan nos encontraremos con seres que enfrentan su vuelta dominados por el dolor, atormentados y traumatizados como consecuencia de la lejanía y el exilio. El retorno a la Isla se presenta más bien como un “des-encuentro”, haciendo de la distancia una barrera que termina imposibilitando la consumación plena del regreso:

 

“La vuelta a Cuba finalmente, siempre queda como un simulacro de recuperación, una representación donde la apropiación de espacios, de ámbitos, modos, permanece siempre en el terreno de los simbólico, sin poder sobreponerse a la imagen mítica de la Isla que el emigrado ha perpetuado en sus años de ausencia y a la sensación de sentirse extraño en su propia tierra. Y esta teatralizacion de la visita se exaspera precisamente por su carácter de “visita” porque se llega sólo para volver a partir en un tiempo limitado que no permite nunca un verdadero reacomodo a las nuevas circunstancias. El cubano de afuera que retorna a Cuba no deja de ser un turista más, un turista en su propio país […] La imposibilidad de un regreso absoluto y de la recuperación de lo perdido no va a sino fortificar la instauración de la melancolía.”

 

Díaz apoya este argumento con un detallado análisis de obras como Laura, cortometraje de Ana Rodríguez incluido en Mujer transparente (1990), o Reina y Rey (1994) de García Espinosa. Si la autora hubiera escrito el artículo algunos años después, sin lugar a dudas hubiera incluido nuevas películas, como Miel para Oshún (2003), el primer trabajo en formato digital de Humberto Solás, donde el protagonista, Roberto, casi un turista más en la Isla, se presenta como un ser desconyuntado y roto, al que la separación con la “madre-tierra” lo reduce a la “nada”:

 

“¿Qué es lo que creen ustedes que ha sido mi vida? ¿qué he tenido una vida feliz? ¡Pues no! No sé quien soy; si cubano o americano, si de un lado o del otro [...]. Ustedes por lo menos saben quienes son. Aunque esto esté malo, aunque tengan problemas. Ustedes se entienden. Pero yo...yo soy la nada. Mira que me hace ilusión venir aquí, a la tierra donde nací, a encontrar mis raíces, a encontrar a mi madre. ¡Coño! Y nada. ¿Qué he encontrado? ¡Nada! La nada se encuentra con la nada.”

 

La distancia se traduce en vacío, estableciéndose una clara equivalencia entre “fragmentación” y “nada”. La tristeza, el silencio y la lágrima, códigos habituales del género melodramático, toman protagonismo en todas estas obras que tratan el reencuentro con la nación. La identidad fragmentada o en tensión de los que se fueron, se convertirá en la gran “limitación” que hará del viaje de vuelta una estancia incompleta. Este panorama hace natural el pesimismo de Désirée Díaz quien, después de analizar el regreso de Carmen, la protagonista de Reina y Rey o el de la amiga de Laura en Mujer transparente, acusa a los directores cubanos de seguir representando al emigrado, exiliado o no, nacido acá o allá, siempre como el “otro”, aludiendo a la escisión insuperable, no sólo fílmica, sino todavía real, con el que se fue de Cuba: “Esa escisión, esa ruptura, costará muchos años restituirla, si acaso es posible. Mientras sigamos aferrados a seguir representando un papel, mientras no asumamos totalmente la realidad, y los encuentros no sean más que fabulaciones, como en este caso, no habrá regresos posibles”.

 

Como siempre, las grandes evidencias se desarman si apartamos la vista del gran relato de la pantalla para volver la atención hacia otros discursos periféricos o más minoritarios realizados por algunos directores que abordan esta misma problemática, la del regreso, desde la especificidad de sus condiciones de vida, su trabajo y su experiencia. Son las nuevas generaciones de cineastas, desde el formato del video, las que se han mostrado capaces de romper con ciertas “limitaciones” conceptuales en torno al exilio que hasta ahora se habían reflejado en las grandes producciones del ICAIC.

 

Un claro ejemplo de esto es el documental Habana Abierta (2003), dirigida por Arturo Sotto y Jorge Perugorría. El documental propone una visión muy diferente con respecto al reencuentro con una generación que se marchó, y rompe con la idea del exilio como pérdida y desarraigo. El distanciamiento no implica una irremediable desarticulación del yo, ni como ser individual, ni social. La partida se plantea ahora como una subversión potencial de la nacionalidad; un modo de mantener conexiones con más de un lugar al tiempo que se practican formas no absolutistas de ciudadanía que posibilitan y enriquecen el reencuentro con la patria. Los protagonistas del documental son “Habana Abierta”, un grupo de músicos que vivieron en Cuba hasta comienzos de los años 90. El origen de esta agrupación está en lo que se conoció como “13 y 8”, una esquina del barrio del Vedado en La Habana donde la mayoría de estos músicos se dieron a conocer como creadores, junto a otros intelectuales y artistas. El fin de la década del 80 y fundamentalmente los primeros años de los 90 no fueron los mejores para estos jóvenes trovadores en Cuba, ya que la música bailable invadía escenarios y disqueras: “Cuando los músicos cubanos se vieron obligados, en muchísimos casos, a acceder a nuevos espacios, fue fácil descubrir que lo que el mercado internacional de la música (y los turistas que visitaban ya el país en cifras superiores al medio millón anual) esperaba de ellos no eran baladas, sino su pertenencia a los que se ha llamado, también por razones de comercio, salsa”.

 

A pesar de esto, existían múltiples peñas por toda la Isla que proponían otras formas de hacer música. En La Habana había varias: la del Museo de Artes Decorativas, la de la Finca de los Monos, la de 13 y 8, o la de la Casa del Joven Creador. La mítica peña de 13 y 8 surgió como iniciativa de los músicos Vanito Caballero y Fernando Rodríguez, junto al artista plástico Pablo Hernández. Las reuniones, que tenían lugar en el Museo Municipal de Plaza, estaban cargadas siempre de momentos singulares donde se expresaban los primeros síntomas de rebeldía de una generación que comenzaba a desarrollar una cultura crítica y subvertidora:

 

“Cuando la palabra alternativo no estaba de moda en ninguna parte, la cultura que se gestaba en la peña era alternativa, contestataria, fresca […] Nunca hubo más de cincuenta personas en 13 y 8 por falta de difusión. Un día le dijeron a la directora del pequeño museo Municipal de Plaza que suspendiera la actividad pues se iba a dar un concierto de Silvio Rodríguez en el estadio Latinoamericano, y cuando los integrantes del grupo llegaron a organizar la misma se encontraron con el local cerrado. Increíblemente, el público que fue ese día, a pesar del “macroconcierto” que requería a toda la población presente, quiso que se diera la peña, y fue cuando se decidió hacerla en la calle.”

 

Lo cierto es que la peña de 13 y 8 se clausuró cuando las canciones que se entonaban allí comenzaron a trascender. Las reuniones pasaron a celebrarse en casa de amigos y familiares o en sitios abandonados, como el Anfiteatro del Parque Almendares, siempre sin permiso oficial. Por esa fecha Boris Larramendi cantaba temas como “Marchen bien” donde se reflejaban algunas de las incertidumbres y desilusiones de una generación a la que le había tocado vivir los años más duros del Período Especial:

 

“Marchen bien, mira marchen bien,

y cuidado no se me calienten, que si vamos a estar aquí,

no hay donde escoger, así que no inventen.

Esto flota porque ellos lo vigilan.

No preguntes más, que sabes tú.

Si te atreves, vienen y te fumigan:

Por eso di sí, sí, ¡ya! Y muérete mayor. (“Marchen bien”)”

 

Habana Abierta representaba a toda una generación de jóvenes producto desconsolado del "hombre nuevo" que el socialismo cubano quiso construir. Todos ellos eran fruto de la Revolución, pero la criticaban sin pelos en la lengua. Ya no se trataba de legitimar como sus predecesores de la Nueva Trova un pasado azaroso, sino de “sacar a relucir la cicatriz actual y creciente de una generación que creció en una supuesta libertad”, cantando con ironía lúcida lo que por lo general no pasaba del estado de susurro, pero que retrataba su realidad más inmediata. En los años más duros del Período Especial los componentes de Habana Abierta no sólo renunciaban a cerrar los ojos y seguir mirando la televisión, sino que musicalmente sustituían los “ritmos sabrosos”, estribillos banales o damas de orquestas de baile que por aquel entonces invadían los escenarios, por balseros que se despedían, madres que lloraban o suicidas que incorporaban ahora a las letras de sus canciones.

 

Durante mucho tiempo su música no sonó en las emisoras de radio. Los integrantes del grupo se fueron marchando de Cuba con la intención de buscar un apoyo y una promoción que no encontraban en la Isla. Es en el año 1995 cuando algunos de estos músicos y compositores (Boris Larramendi, José Luís Medina, Pepe del Valle, Kelvis Ochoa, Luís Alberto Barbería y Andy Villalón) se reencuentran en Madrid y crean el grupo y disco Habana oculta (1994), con la ayuda y el apoyo de los músicos cubanos Gema y Pavel. Posteriormente se constituyen como banda con el nombre de Habana Abierta y editan dos discos nuevos: Habana abierta (1997) y 24 Horas (1999). En sus producciones este grupo de músicos mezclan el son, la rumba y el songo de Juan Formell, con el rock de Charly García, los ritmos brasileños que escuchaban en Madrid y otras influencias de grupos internacionales y populares que en esos años triunfaban en Europa: “Nosotros lo teníamos claro: nada de rendir tributo al pasado. O digamos a tocar el Chan chan como lo tocaba Compay. En La Habana y luego en Madrid nos juntamos para proyectar nuestra visión de la música cubana y para dejar que esa visión se contaminara con información del mundo”.

 

La música de la banda constituye, tal como explica Enrique del Risco, “una actualización agresiva de la verdadera tradición de la música cubana: la de mirar con igual intensidad hacia adentro y hacia fuera, conscientes de que ese adentro había sido alguna vez un fuera africano o europeo”. Las letras hacen referencia a los problemas de su generación, sus vivencias en La Habana, la situación política de la Isla, o a su propia salida, que unen ahora a las nuevas experiencias que viven en Madrid. A finales de los 90 y desde España, estos músicos se convierten en ídolos indiscutibles de un sector de la juventud cubana que permanece en la Isla. A través de grabaciones caseras, sus trabajos Habana abierta y 24 horas consiguen sonar en la mayoría de los radiocasetes de los jóvenes cubanos.

 

 

En el mes de enero del año 2003 y gracias a la iniciativa de todo un grupo de trovadores, directores e intelectuales cubanos compañeros de generación de la banda,** se organiza el primer concierto de Habana Abierta en la capital habanera, tras más de siete años de ausencia en sus escenarios. Aunque durante esos días los componentes del grupo se presentan de manera individual en diferentes escenarios de La Habana, es la agrupación completa la que consigue reunir en los jardines de La Tropical a más de diez mil personas, convirtiendo el acto, según palabras del músico Boris Larramendi, “en un acontecimiento más social que musical y una gran fiesta en la que todos se sentían parte de Habana Abierta por todo lo que nuestra música ha simbolizado para muchísima gente que vive en Cuba, y aspiran, igual que todos nosotros, simplemente a una Habana que sea “a todo color”. De la visita y de este concierto final que ofrece la banda, los directores Arturo Sotto y Jorge Perugorría graban un documental con el mismo título que el nombre del grupo, “Habana Abierta”, que más allá de ser un simple video musical, se convierte en una nueva crónica del regreso.

 

El documental se abre con la imagen de la banda llegando al Cristo de La Habana. A los pies de la majestuosa estatua que mira a la bahía desde las alturas, los cinco músicos, de espaldas a la gran figura pero de cara a la ciudad, comienzan su “confesión”, que no es otra que el relato de su historia como banda, como músicos y sobre todo, como cubanos. Los miembros de Habana Abierta relatan sus vivencias en Madrid, sus influencias y sus objetivos en un intento de definirse como grupo: “Habana Abierta es un matrimonio, con sus peleas y sus reconciliaciones”, explica Kelvis. Es “un monstruo de ocho cabezas” prosigue Vanito. “Tenemos la mecánica de revolucionar todo con la música”, añade el más contestatario, Boris.

 

Pero ante todo, tratarán de enfatizar ante la ciudad, y ante el mismísimo Cristo, que Habana Abierta tiene su origen en Cuba, que parten de la esencia cubana musical, la timba, la trova o la rumba, pero que se ha enriquecido fuera y que en este crecimiento se ha producido gracias a la asimilación de nuevas influencias y vivencias que han ido integrando a su repertorio. La banda habla de la hibridez de su música, irremediablemente impura, que fusiona la Nueva Trova, con el rock, el bolero o incluso la samba, y explica cómo esta mezcla ha logrado inesperadas combinaciones de culturas, ideas y políticas.

 

El discurso y los testimonios del grupo a los pies del Cristo se convierten en el hilo conductor del documental, fragmentado por una gran cantidad de planos diferentes que van mostrando el recorrido de la banda por la ciudad y su posterior actuación. La inmovilidad de la gran figura contrasta con el movimiento de la cámara que se mueve junto a los músicos, de dentro a fuera, de arriba abajo o de derecha a izquierda, con constantes “viajes” a los más diversos rincones de la ciudad, recogiendo el ritmo imparable de una Habana que sigue vibrando dispuesta a incorporar a su propio ser lo que llega desde afuera.

 

 

Los directores se alejan del discurso del melodrama y la nostalgia sustituyendo la lágrima, el desgarramiento y el trauma por el humor y las bromas de una generación que se enfrenta al pasado con conexiones emocionales pero sin resentimiento. Arturo Sotto y Jorge Perugorría enfatizan en el documental que estos chicos no han abandonado los hábitos que los identifican con el resto de los cubanos: siguen bebiendo Ron Paticruzado, guarachean en el Parque Lennon, no se preparan para el concierto en un hotel, sino que lo organizan con espontaneidad en una casa del Vedado y, además, después de su actuación, dejan claro que no irán a ningún hotel a “parrandear”, sino que “beberán un ron en el muro del Malecón”. Ninguno de ellos se representa como “turistas en su propio país”. No hay maletas, ni regalos, ni taxis. El regreso tampoco es amargo, ni problemático, ni irreal.

 

El concierto que ofrece Habana Abierta en La Tropical ocupa una gran parte del documental y constituye la prueba definitiva de que este encuentro es algo más que una “fabulación”. Todo reconocimiento necesariamente implica la aceptación de los demás, que en este caso acudirán a expresar su “reconocimiento” al Salón “Benny Moré”. Así lo asume David Torrens, uno de los músicos que participa en el documental y explica que “lo más importante es ser reconocido en tu tierra, que te reciban, que La Habana se abra. Hay una sola Cuba, la que se lleva en el corazón y nos merecemos que la patria nos abrace”.

 

La actuación de la banda acapara el máximo protagonismo para mostrar el recibimiento del público y exponer de forma clara cómo Habana Abierta nunca ha dejado de formar parte de Cuba ante los ojos de los habaneros que permanecen en la Isla. Los que se marcharon y los que se quedaron, público y banda se abrazan en un mismo espacio, La Tropical.

 

Si los diez años de ausencia de la amiga de Laura en Mujer trasparente o los veinte de Carmen en Reina y Rey nos mostraban cómo el desgarramiento emocional y el desarraigo de las protagonistas impedían, o al menos dificultaban, el encuentro no físico, sino afectivo, con las contrapartes (Reina o Laura), Habana Abierta expone todo lo contrario: la ausencia física del país no impedirá el abrazo de la nación a los que se marcharon, sino todo lo contrario.

 

El público cubano se reconoce más que nunca en ellos, enfatizándose así el hecho de que a estos jóvenes el distanciarse físicamente del espacio geográfico de la nación los ha hecho hacerse más cubanos y conectarse más estrechamente con su público. Como evidencia, el video muestra el bullicio de un auditorio empeñado en reafirmar la cohesión del encuentro. Miles de jóvenes unen sus voces a la de Vanito cuando éste canta que “ya no es lo mismo que cuando éramos fiñes, pioneros por el comunismo, ilusión de cosmonautas” o a la de Kelvis cuando éste reclama “un cachito pa’ vivir”, terminando por “invadir” el escenario y eliminando así cualquier barrera que pudiera separarles del grupo.

 

Los espectadores no “asisten” al concierto sino que lo “viven”, rompiendo con la forma tradicional de “espectáculo”, donde el que “actúa” se sitúa “arriba” y el público abajo. Habana Abierta muestra cómo la audiencia se convierte en “actor” por unas horas. La inversión de papeles se puede dar en cualquier momento. Los de arriba, abajo y los de abajo, arriba; o incluso los de dentro, fuera, y los de fuera, dentro. El documental se convierte en el espejo de jóvenes y no tan jóvenes habaneros que convierten la música en un medio propio para abogar por la inclusión y la apertura, y que pretenden superar la frontera excluyente entre el adentro y el afuera.

 

Habana Abierta son todos y todos son Habana Abierta, porque el curso de esta fiesta sólo puede vivirse de acuerdo a las leyes del pueblo, es decir, de acuerdo a las leyes de la libertad y no a las del propio “recinto”, idea que se expone en el documental cuando una asistente pide al vigilante de la puerta que se salte las “normas” que regulan el funcionamiento de La Tropical y permita la admisión de su niño, “ya que esta vez no se trata de un concierto de los Van Van sino de Habana Abierta”.

 

La Tropical, el templo de la música nacional, conocido por ser el lugar donde, como repite uno de los componentes del grupo con admiración, “tocan los Van Van”, se redefine con la presencia del grupo. Con otro público y otra banda, (“este es un espacio al que no pertenecen”, afirma el musicólogo Bladimir Zamora) La Tropical se abre al exterior. El salón Benny Moré supera su propio “nacionalismo” para hospedar a los que, como dice una de las canciones de Vanito, “decidieron alejarse un poquito”. El recinto, como la nación, se abre para recibir no sólo al grupo, sino a miles de jóvenes que proponen una nueva definición de la cubanidad.

 

El video finaliza de nuevo en lo alto de la bahía donde un último plano de la banda, todavía a los pies del Cristo de la Habana, se mezcla con las imágenes finales de un concierto pletórico que adivinamos que terminará, pero del que no vemos el final. Un discurso incompleto, que se sigue deslizando, sin un significado final, en fuga, en crecimiento y movimiento permanente, siempre en contraste con la rigidez de la estatua de mármol blanca, que omnipotente mira hacia la Habana y que se vuelve a quedar sola cuando los miembros del grupo la abandonan entre sonrisas y abrazos, satisfechos de este testimonio visual en el que Sotto y Perugorría logran que el discurso de la diáspora se aleje del concepto de “escisión” para acercarse al de apertura y crecimiento.

 

 

El documental reproduce una Habana que como dice el nombre del grupo y del documental, se muestra “abierta”. La nada y el vacío fruto de la distancia se sustituyen por el redimensionamiento de la propia cubanidad que ahora se muestra con el regreso. La partida se convierte en una vía para indagar en nuevas zonas de conformación de la identidad individual y el que regresa deja de representarse como el “otro” para considerarse uno más del “nosotros”.

 

Habana Abierta logra transmitir que Cuba está viva, sana y salva en la diáspora, y que la diáspora está viva, sana y salva en los cubanos; que el encuentro siempre es posible, abriendo así la esperanza, como dice el músico Carlos Varela en el propio audiovisual, “de que a partir de ahora esto se repita; que podamos cantar todos juntos y grabar juntos, los que están aquí, allí, en cualquier parte del mundo, mezclarnos y crecer juntos”.

 

* REDRUELLO, LAURA(n. Madrid, España, 29 de abril de 1967). Se doctoró en la Universidad de Vanderbilt (Estados Unidos), con la tesis “Transgresiones discursivas: poder y cultura en el Periodo Especial cubano”. Ha publicado varios artículos en referencia a estos tópicos, como “Escribir en Cuba: ¿Creer, mentir o callar? Una conversación con el escritor cubano Arturo Arango”, “Diferencias genéricas en el discurso fílmico cubano: el caso de Suite Habana”, o “La mujer en el espacio fílmico de Tomás Gutiérrez Alea”. Actualmente trabaja como profesora de cultura y literatura latinoamericana en Manhattan College y forma parte del comité organizador del Havana Film Festival que se celebra anualmente en New York.

 

** Nota del Editor: Este comentario no resulta del todo preciso, pues para ser justos hay que decir que la gira de Abana Abierta por nuestro país a inicios de 2003 se produjo gracias a los buenos oficios del Instituto Cubano de la Música (en visita a Madrid por parte del presidente de dicha institución, Abel Acosta, fue que se coordinó todo) y de la representante de la SGAE en Cuba, Darsi Fernández, quien ha sido el puente de comunicación entre la isla y esa generación de músicos residentes en España.

Tomado del blog de Juan Antonio García Borrero, 17.04.2007,

cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/

 

 

 


 

CONVERSANDO CON

 

 

Javier Zalba

 

La mayor parte de mi vida la dedico a estudiar

 

Por Oni Acosta Llerena

 

El sello Colibrí, del Instituto Cubano de la Música, lanzó hace unos pocos meses el disco Bariton Cha, del maestro Javier Zalba, fonograma nominado en las categorías de Música Jazz y Música Instrumental, en este Cubadisco 2007.

 

Zalba es un clarinetista y saxofonista que tiene muchos años de experiencia junto a importantes agrupaciones y solitas cubanos. Su mayor mérito no es haberse dado a conocer, sino el de ser descubierto y reconocido hace ya mucho tiempo como uno de los mejores intérpretes de la música cubana, como un virtuoso del clarinete, la flauta y de algunos instrumentos de la familia del sax.

 

¿Por qué el nombre de Bariton cha para el CD?

 

“Este título específicamente corresponde a un tema del disco que hacía un tiempo había compuesto, y siempre tuve la idea de ponerle ese nombre a un disco si lo llegaba a grabar. Bariton cha es un tema de jazz fusión, no es latin jazz pero impera indiscutiblemente el Cha cha chá fusionado con el jazz.”

 

En el disco tocas el sax barítono, los que conocen tu carrera saben que además tocas clarinete, flauta…¿Cuántos instrumentos de viento toca en total Javier Zalba?

 

“Me gradué de clarinete en la ENA, pero profesionalmente me gustaban la flauta y el saxofón. Precisamente fue tocando el sax barítono con el que entré a tocar en la Orquesta Cubana de Música Moderna, en el año 1978. Yo en realidad me enamoré del barítono porque venía a CMBF cuando era estudiante, en una época cuando Horacio Hernández tenía su programa La historia del jazz a las 11 de la noche todos los días, y cuando fui por primera vez él hablaba precisamente de Gerry Mulligan y enseguida me encantó la sonoridad del instrumento, y eso me animó a tocarlo y así fue como entré luego a Irakere tocando el barítono, así como con José María Vitier y su grupo. Después añadí el soprano, y hace unos 10 años aproximadamente el alto. En total son 4 los instrumentos que toco en la actualidad.”

 

En el disco casi todos los temas son tuyos, ¿compuestos en años recientes o en tus inicios?

 

“Realmente son recientes, menos Bariton cha que sí tiene mucho más tiempo de haberse compuesto.”

 

Háblame de Temperamento

 

“Ya llevo tocando desde hace 10 años con el grupo Temperamento junto a Robertico Fonseca, y tenemos una comunicación y un interés común, y hay muchas cosas que a mí me motivan por la forma que tiene Robertico de escribir música, quizás por eso muchos de los temas del disco son de esta etapa. Temperamento es un espacio ideal para hacer jazz.”

 

Has tocado jazz mayormente, pero has estado en grupos donde se alterna la música fusión con la popular bailable, como Irakere, Buena Vista Social Club; con Vitier que aunque no es música bailable sí es popular. ¿Cómo logras esto?

 

“Como casi todos los músicos cubanos, soy egresado de una escuela de arte, y la formación nuestra es fundamentalmente clásica, y eso da una visión amplia del mundo sonoro, musical: aquí entra el jazz, la música cubana con su gran gama de sonidos y ritmos, y todo ello como que a uno se le va archivando en el “disco duro” como yo le digo. El acopio de toda esa gran cantidad de información hace que uno se pueda desenvolver dentro de esos géneros y eso a la vez logra que nuestro trabajo sea una verdadera fusión, porque a la hora de tocar en la música popular lo mezclamos todo, y en el jazz uno pone en función todos esos elementos.”

 

Tú has hecho clásico también, conciertos por ejemplo…

 

“Claro, de hecho cuando yo me gradué en el ’76, comencé con la brigada Hermanos Saíz haciendo música de cámara, solamente clarinete y piano. Y como me gusta tanto la música clásica también, esporádicamente hago recitales de ese tipo, como fue el caso del concierto que hicimos en el mes de febrero la Camerana Romeu y yo, que era un viejo anhelo por hacer, y a la vez difícil porque como todo, lleva mucho tiempo de ensayos y coordinaciones y en realidad la mayor parte de mi vida la dedico a estudiar, a aprender sobre la música popular, sobre las improvisaciones, sobre la música cubana, por eso hago menos conciertos de esencia clásica. Pero voy sacando tiempo de donde no tengo y de vez en cuando hago un recital de este tipo, aunque también en ocasiones me sumo a la orquesta Sinfónica Nacional no como solista, sino como un miembro más, para no perder la costumbre.”

 

Cuéntame de aquella orquesta Cubana de Música Moderna, coincidiste con Armando Romeu y con muchos otros, pero ¿qué te dejó como músico?

 

“Sí, yo tuve esa dicha como músico, porque le agradezco a esa orquesta, a los músicos con los cuales compartí atriles, a sus directores, los maestros Romeu, Tony Taño, Somavilla… Con este último no pude trabajar a menudo, fue en su última etapa que coincidí más activamente con él. Pero la OCMM fue lo principal, lo más grande en cuánto a mi formación como músico en general.”

 

¿Tienes pensado seguir trabajando con Temperamento por el momento, u otros proyectos?

 

“Uno constantemente está pensado en proyectos, en trabajos. Quiero a finales de mayo o principios de junio, después de Cubadisco, hacer nuestro concierto aniversario, pues Temperamento cumple un año más, ya son 10 y sabemos que estaremos bien apretados durante la feria del disco, por eso lo dejamos para un poco más adelante, quizás sea en la sala Roldán del Teatro Auditórium que lleva su nombre. También por esas fechas quiero hacer un concierto de música de cámara con la pianista María del Henar Navarro, al cual vamos a titular Compositores cubanos, donde interpretaremos lo mejor del género con obras de Vitier, Jorge López Marín, Andrés Alén, Jorge Triana; yo creo que es mejor llamarla música cubana de concierto para todos los instrumentos porque incluiré el clarinete, la flauta y los saxos. Será algo bien ambicioso porque como dije antes lleva tiempo, pero es necesario para mí.”

 

En este 2007 celebras tus 30 años de vida profesional…¿cambiarías algo de lo hecho hasta el momento o estás feliz con lo realizado?

 

“En estos años ha sido un orgullo haber estado en todas esas orquestas que mencioné, las mejores de nuestro país, y sobre todo haber compartido escenario con importantes músicos cubanos, y eso para todo artista es digno, es como para dar las gracias por todas esas oportunidades, que además de haberlas tenido quiero continuar contando con ellas en el futuro.”

 

Tomado de la página web de la emisora Habana Radio, 05.04.2007,

www.habanaradio.cu/modules/mysections/singlefile.php?lid=2655

 

Yotuel: "Aún queda Orishas para muchos años

 

"Quedaremos en la historia de la música cubana" afirma

 

Por José A. Neketan

 

Las Palmas de Gran Canaria.- Roldán, Ruzzo y Yotuel regresan para celebrar una década sobre los escenarios. el grupo acaba de editar 'Antidiótico', un disco en el que repasan los temas que le han llevado a estar en la cima de la música. Yotuel habla de ello.

 

-- El nuevo disco, Antidiótico, es el primer recopilatorio de Orishas. ¿Era el momento de hacer un parón y ver el trabajo desarrollado hasta ahora?

 

-- Exactamente. Queríamos repasar estos diez años. Queremos dividir nuestra carrera en tres etapas, y así cada diez años editaremos un recopilatorio de

los diez años de trabajo.

 

-- Es decir que queda Orishas para rato.

 

-- Hombre, quedan por lo menos cuatro recopilatorios como Antidiótico (se ríe).

 

-- ¿Tiene algo que decirle a la gente esta selección de éxitos?

 

-- Queríamos decirle a la gente que no se ha terminado de enganchar al sonido que estamos trayendo desde hace diez años que Antidiótico es un disco en el que resumimos diez años de trabajo del grupo, y por si no han conocido ninguno de los discos, pues le enseñamos, desde mi punto de vista, lo mejor que ha hecho Orishas en todo este tiempo. Y lo segundo es que queremos cambiar de faceta porque ahora vamos a empezar a producir nuestras propias canciones y buscaremos e investigaremos en nuestro potencial, porque el próximo trabajo será más amplio y más detallado.

 

-- ¿Aún hay público que se engancha al sonido del grupo?

 

-- Sí, además yo creo que Orishas es como el vino, mientras más pase el tiempo mejor está (se ríe). Sí, los fans han ido aumentando. Hemos tocado en países como Alemania, donde hemos vendido 15.000 discos y vienen a vernos en una gira de conciertos por ese país muchas más personas que discos vendemos. Creo que hay Orishas para rato y eso es bonito, más sabiendo cómo está hoy por hoy el panorama musical.

 

-- También mucha gente dirigió la mirada hacia Cuba con curiosidad cuando salió Orishas para saber qué más había en ese momento en su isla.

 

-- Exactamente. Yo creo que el principal legado que está dejando Orishas, sobre todo en su tierra natal, es el paso importante que apuntó en la historia de la música cubana este grupo. Orishas va a quedar en la historia de la música cubana. Es un grupo de rap que ha conseguido, no sólo que la gente se interesara y conociera la música tradicional de Cuba, sino que además había rap cubano de buena calidad que ha estado nominado a los Grammy, que en Estados Unidos todo el mundo nos respeta. A la crítica le encanta nuestra música y nosotros somos trabajadores incansables que busca su sonido y sobre todo que el público al que le gusta nuestra música nunca se decepcione.

 

-- ¿Cuáles han sido las armas de la banda para mantenerse activa estos diez años?

 

-- La esperanza. La esperanza de tirar con lo tuyo. La de saber que vienes desde abajo, de la mierda; y que hoy por hoy estás sentado en el lugar que tú mismo te has labrado poco a poco. Yo creo le hemos dado esperanzas, sobre todo a los emigrantes, a los canarios... Cuando vamos a ciudades como Madrid o Barcelona, nosotros que venimos de Cuba, sentimos que la esperanza es la que ha hecho que Orishas llegue a donde ha llegado y esté donde está. Creo que hoy por hoy, que hay tanto problema con la emigración y con las leyes que estamos viviendo y que condicionan el panorama de la emigración mundial, cuando alguien llega a un país como emigrante y ve que hay otros como ellos que han triunfado en ese nuevo país, y creo que ese es el legado más grande que puede dejar Orishas.

 

-- Canarias ha estado presente en todos los momentos de la carrera de Orishas.

 

-- Canarias para nosotros es como Cuba, un pedacito de Cuba que tenemos aquí, y venimos y nos refugiamos en ella como si estuviéramos en casa. Para nosotros es un placer. Además el público canario siempre se ha portado con nosotros de una forma increíble. Creo que es uno de los mejores públicos que tenemos, que también nos enlazan con muchos canarios que hay en Cuba y sus descendientes. Aquí los canarios nos ven como cubanos pero también como canarios.

 

Tomado de Canarias 7 (versión digital), 12.04.2007,

www.canarias7.es/articulo.cfm?Id=52158

 

 

Roberto Fonseca: «Mi política es la música»

 

El pianista de Ibrahim Ferrer visita Madrid para presentar su nuevo álbum, «Zamazu»

 

Por Pedro Calvo

 

Roberto Fonseca ha producido el disco póstumo de Ibrahim Ferrer

 

Roberto Fonseca (La Habana, 1975), adquirió el conocimiento de la música tradicional cubana formando parte del proyecto Buena Vista Social Club, con cretamente acompañado con su piano al llorado cantante Ibrahim Ferrer. De Ibrahim ha producido el disco póstumo de boleros «Mi sueño».

 

Criado en una familia de músicos, Fonseca empezó tocando canciones de los Betles con la batería. Escuchó en la escuela a Herbie Hancock, Keth Jarrett, funky, soul... Eligió definitivamente el piano por considerarlo un instrumento más completo. Las composiciones de su disco «Zamazu», que acaba de presentar en Madrid, caminan en muchas direcciones. Hombre que vive para la música, última revelación internacional de la joven escena cubana, explorador de los silencios aprendidos de un maestro absoluto como el desaparecido Rubén González, Roberto Fonseca afirma: «Mi política es la música».

 

-Usted atesora juventud y experiencia.

 

-He tenido la suerte de tocar en grupos con diferentes estilos de música, y eso me ha dado la oportunidad de incorporarlos. El vivir otras culturas ha hecho que se enriquezca la música que hago yo. Cuba es un país extraordinariamente musical, donde quiera hay música e instrumentistas buenos. Lo que hace falta es más consideración por el mundo exterior. No es lo mismo escuchar algo en un cassette, un disco o estudiar libros, que contactar con la persona que está haciendo esa música. La práctica da mucho más que la teoría.